El Fiscal de Hierro
“El éxito más grande del ministerio
público es lograr que su investigaciónculmine en el auto
de formal prisión”
Coello
Fiscal de Hierro será el mote con el que lo bautizara el otrora presidente de la República Miguel de la Madrid, pero, también el título de la obra que recoge sus memorias, redactado, sin duda, con la autenticidad de su personalidad.
Javier Coello Trejo es, ante todo, un abogado forjado en la institucionalidad de la extinta Procuraduría General de la República, bajo su mística; con un enfoque generacional, de juristas de la nación sobre el derecho penal, y, sobre todo, de la manera de desarrollar el deber de lo hoy llamamos “la debida diligencia”. Y, es en esta mirada que debemos contemplar el memorial del ex fiscal, es decir, en un momento y espacio propios, ósea, el de finales del siglo veinte.
Contemporáneo a los expresidentes Luis Echevarría, López Portillo, Miguel de la Madrid, y, el no tan célebre Carlos Salinas de Gortari (hoy ciudadano español también), nos relata episodios con personajes como Nazar Haro, director de la extinta Policía Federal de Seguridad -dependiente de la Secretaría de Gobernación, ósea, una policía de matices políticos-, y, que fuera acusado y encarcelado por el gobierno de Vicente Fox (página 116). O, por citar tan sólo algunos de aquella clase política, como el ex jefe policiaco capitalino Durazo (a quien incluso visitó en su reclusión).
También, el ex fiscal se sincera con el lector, y da cuenta de antagonismos como con el ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Sergio García Ramírez, cuando éste coincidió con el autor en la época en que fue Procurador de la República; o, con el ex presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Jorge Carpizo, de quien refiere, como un verdadero adversario político, pero, al momento ayuda a desmitificar a los ombudsman (ombudsperson), mostrándolos como personajes de carne y hueso, al final personas.
Al mismo tiempo, da al lector una mirada del entendimiento del procedimiento penal en siglo veinte, el testimonio de la “confesión” como la “prueba reina” en las pesquisas criminales. También, de los estándares de eficacia en el actuar del ministerio público, como, en la consecución del auto de formal prisión, y, en su caso, la sentencia condenatoria, pero, incluso, de la concepción de la pena privativa de la libertad en su frase “sin reo no hay justicia”.
El día de hoy estará precisamente presentando su obra en San Luis Potosí, en donde estaré como comentarista de la misma, desde luego, entiendo que el memorial es previo a la reforma de los derechos humanos de 2011, o, de la implementación del proceso penal acusatorio oral en 2008; entonces, mi mirada se situará, precisamente, en la época en que se desarrolla el relato, es decir, en el México de finales del siglo veinte.
De momento se terminan las líneas de este mi espacio editorial. Las y los espero con el gusto de siempre el próximo viernes.
carloshernandezyabogados@hotmail.com
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