El monstruo ambiental
El trasfondo es el dinero, luchas de intereses que nunca terminan; es el control económico, político y social de una sociedad aletargada e indiferente. Erigirse como entes todopoderosos sobre aquellos que están acostumbrados a mirar hacia arriba por considerarse dentro de una sociedad vertical y estamentaria. Colonialismo moderno, resabios de complejos generacionales.
Siempre distorsionado el asunto de la Sierra por personeros y medios de comunicación al servicio de esos intereses y del mejor postor, no es cosa nueva. Bien lo definió, casi como en un scherzo, el combativo maestro José Miramontes Zapata: “Fueron años de engaño, fueron años de seducción, años de hacerles sentir [a comuneros y ejidatarios]: vas a llegar a ser rico la próxima mañana, vas a estar como el rey Midas, y todo lo que toques va a ser oro; en cambio, si les haces caso a los defensores de la sierra, te chingaste; y ésa, en la convivencia de más de un gobierno municipal que se comportó, y de un gobernador que se comportó con una máscara mil usos, tan drásticamente camaleónico, como nuestro camaleoncito de la sierra de San Miguelito, único en su variedad…”
Los potosinos, habitantes del valle de San Luis, también fuimos engañados, también se nos dijo –y hay quienes continúan afirmándolo– retomando el discurso de los “barones del concreto” que (de nuevo cito a Miramontes): “esas tierras valen nada, ¿tú para qué quieres esa tierra?, ¿para qué diablos quieres esa tierra si no vale un cinco?, ¿qué es eso? piedras, hay unos cuantos pastitos y dos tres lagartijas.”
Parte medular en este engaño de larga data han sido algunos medios de comunicación (sumisos con sus amos) que siguen en la difusión de mentiras, incluso algunos afines a la gallardía atacaron el decreto presidencial, mientras otros juegan al ridículo análisis de señalar que todo está en pleito. La desinformación como estrategia de caos.
No es para menos, la consolidación de la declaratoria de la sierra de San Miguelito como Área Natural Protegida (ANP), sobre 37 núcleos de población insertos en los municipios de Mexquitic, San Luis Potosí, Villa de Arriaga y Villa de Reyes, afecta diversos intereses y vulnera muchas cuestiones no sólo inmobiliarias sino agrícolas, energéticas, ganaderas, industriales, y urbanas (por citar algunas), que incluso traspasan la barrera de los límites estatales.
Los alcances de la declaratoria en esas comunidades y por ende en los municipios, incide en favor de los procesos de organización del modelo lópezobradorista que, por contravenir el orden establecido, no ha encontrado aceptación y respaldo entre los actores económicos y políticos, incluidos los afines a la denominada Cuarta transformación.
Si bien, el más interesado debería ser el propio gobernador, ya que su permanencia (y la de su grupo) sólo será permitida si apoya las políticas del gobierno federal, pareciera que temeroso frente a los especuladores no ha articulado ningún activismo en favor de la sierra.
De tener una visión con mayor alcance, no sólo centrada en el culto a su persona, Ricardo Gallardo hábilmente podría desarrollar y fortalecer diversas estrategias sociales y ambientales que establecieran un nuevo orden en el ejercicio del poder político y sus programas asistenciales, así como un control directo sobre los modelos de crecimiento productivos y económicos.
Si se diera, que esperemos ocurra, una estrategia ambiental real sobre el ANP, ésta sería en favor de las comunidades en ella insertas y permitiría su injerencia en el juego sociopolítico. Así, el monstruo ambiental modificaría los paradigmas sociales, económicos y políticos que, al servicio de los grupos hegemónicos del poder fáctico, han prevalecido hasta este momento.
Nadie puede asumirse como único artífice de la declaratoria, ha sido la suma de muchos esfuerzos, incluidos la ambición de los acaparadores inmobiliarios y el convenenciero desinterés de varios gobernadores. Todo y todos, afortunadamente, permitieron que se sumaran diversos factores en beneficio de la Sierra.
La declaratoria no despojó a nadie de algo, quienes así lo manifiestan es porque “han sido engañadas, han sido manipuladas, han sido trastocadas en su conciencia más profunda, explotándoles sobre todo el sentido de la codicia […] acerca del valor plusválico y el hecho de que sientan que ahora no cuentan tanto sus tierras y ya volvieron a lo mismo; a lo mismo que era el discurso justamente de los constructores…”, sus tierras no valen.
De existir una preocupación y un interés reales sobre la ciudad de San Luis Potosí (que finalmente sabemos que no los hay) por parte de urbanizadores, abogados y medios de comunicación a su servicio, empresarios, y funcionarios de los tres niveles, éstos aceptarían que gracias a la declaratoria de Área Natural Protegida (y vuelvo a recurrir a Miramontes) “la sierra de San Miguelito ha ganado en defensa de sus ejidatarios, en defensa de sus comuneros…” en defensa de los habitantes del Valle de San Luis.
Gracias por la lectura. Extreme precauciones frente al coronavirus, es preferible ser un muerto social a uno de cuerpo.



