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El quinto jinete

Por Óscar G. Chávez

Octubre 28, 2023 03:00 a.m.

A

En ocasiones se vuelven preocupantes o alarmantes, incluso, las caprichosas frivolidades de nuestros gobernantes. Éstas, sin distingo de colores, lo mismo atacan a alcalde que a gobernador y mientras uno organiza manganas y piales en un lienzo charro chafa y mal adaptado, el otro utiliza las hoyosas calles de San Luis como pista de ciclismo, para agasajar a un bicicletero que más allá del alcalde (y acaso su familia) nadie conoce. 

Los dispendios no importan, el erario es generoso con ambos, finalmente visten más sombreros, vacas, espuelas y caballos, que saldar deudas con burócratas jubilados, mientras que reparar las banquetas que en una cuadra sí y en otra también son verdaderos pasos de la muerte para cualquier peatón, nunca será tan lucidor como ver a un ciclista colombiano pedaleando bicicletas ajenas. Así están las cosas y así seguirán.  

Pero nadie de la desprestigiada clase política, con todo y que sus gustos por las vacas no vayan más allá de las que se comen y que las únicas bicicletas que conocen son aquellas que combaten rabiosamente cuando manejan, dice algo, antes bien, con su silencio parecen si no ser cómplices, al menos aprobar las infantiles y acomplejadas proyecciones de alcalde y gobernador.

Este mismo silencio se observó durante la comparecencia del general del gobierno con motivo de la glosa del informe donde ningún legislador se atrevió a cuestionarlo; por el contrario, poco faltó para que lo nombraran el funcionario público del año, de toda la administración estatal. Obvio, todo el control sobre el Legislativo, las operaciones, acuerdos y recompensas con éste es Lupe el hermoso quien las orquesta; no les conviene lesionar la relación. 

A quien sí, al menos en lo actuado, se le fueron por los cuatro flancos (como que se ponen con quien pueden), fue a la indefendible secretaria de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, quien acabó aceptando que había mentido en lo referente a los datos reservados sobre la mayoría de las obras realizadas por esta administración. En inicio, recordemos, afirmó que los datos sobre las obras se encontraban reservados a petición de los constructores, dada la inseguridad a la que se enfrentan, pero ya durante la comparecencia reconoció que el hermetismo en datos en realidad fue derivado de las auditorías a las que se encuentra sometida la obra pública. 

La realidad es que les vio la cara a los pobres diputados, y éstos que ni siquiera hacen la lucha por investigar, ya que hasta el momento no se ha realizado auditoría alguna sobre la obra pública realizada durante la presente administración. Mismo caso de la Feria Nacional Potosina, donde (ya lo he comentado en diversas ocasiones) el propio contralor del estado dio la orden para no auditar, con el pretexto inicial de encomendar la tarea a despachos privados. 

Tal fue la arrinconada que pusieron a la pobre e improvisada secretaria que el propio gobernador acabó aceptando que no iba “bien documentada y bien tarjeteada”, “no se preparó para la comparecencia”,  motivo por el cual le tendría que jalar las orejas ya que no dejó con el ojo cuadrado a los diputados. El pobre todavía cree sus propios supuestos, imaginando que que sus colaboradores pueden sorprender a alguien por los destellos de su capacidad intelectual. ¿Por qué nadie se lo dice? 

En esta misma dinámica de imaginarios supuestos, artificiosos enredos y telarañas en  discernimiento, ha caído el propio general Guzmar, quien de plano se está creyendo que la seguridad del estado es la ideal. Ahora resulta que  todo son percepciones fabricadas por aquellos que le tienen mala voluntad a este gobierno, el cual tiene a San Luis mejor que nunca. Patético, un militar de alta graduación como comparsa del más grande mitómano del estado; ¿será que los recientes hechos de violencia, entre los que cuentan dos homicidios de policías estatales y la destitución del trastornado del comandante Urban, son también percepciones fabricadas? 

A propósito de policías, imaginemos un escenario frente a los visitantes charros que nos distinguirán con su charra presencia: el viejo estadio de béisbol habilitado charramente como lienzo charro, custodiado por un impresionante destacamento de la fuerza pública, mientras es sitiado por maestros y burócratas que reclaman por no ver solución al problema de la Dirección de Pensiones. ¡Qué pena con las visitas!, se enterarán que el gobernador charro prefirió gastarse millones para armarles un evento charro, en un espacio que les prometió y no acabó y que después tuvo que improvisar a la charra, antes que pagarle sus pensiones a los jubilados. Jineteo total.