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El sentir del pueblo

Por Óscar G. Chávez

Mayo 27, 2023 03:00 a.m.

A

Ahora resulta que no fue “eso que llaman gallardía” sino, dicen los morenistas, el sentir del pueblo el que se volcó espontáneamente a las calles para, en pintas sobre muros y lonas plastificadas colgadas en los puentes, expresar su apoyo a Claudia Sheibaum en lo que hubiera sido su pasada visita. Vaya frustración, el Pollo propone y el Popo dispone. 

La pretendida visita sólo quedó en pintas verdes y guindas. El tan cacareado convenio de colaboración entre gobiernos no se rubricó y una patética transmisión por video acabó supliendo la magistral conferencia para la que se utilizó como relleno a estudiantes de Colegio de Bachilleres. Ninguna diferencia con el más puro estilo priísta, aunque creo que ni Joel Ramírez se atrevió a tanto.

Fue la inconformidad de padres de familia y alumnos de ese subsistema la que evidenció no sólo el acarreo sino también de nueva cuenta la falta de coordinación entre dependencias del Ejecutivo, su incapacidad organizativa y hasta lo pésimos que son para falsear la verdad. Nada nuevo, sólo detalles que confirman lo que tantas veces se ha manifestado. 

No es la primera ocasión que ocurre, recordemos que en noviembre de 2021, cuando a nuestro ignaro gobernador, respaldado por su incompetente elenco cultural, se le ocurrió xantolizar el estado y convertir el festival en la más grande y mayor atracción cultural del estado a nivel mundial, se echó mano entre otros grupos estudiantiles, de los alumnos de la Normal del estado, obviamente con el servil beneplácito de sus directivos. 

Sin embargo, lo ocurrido el pasado sábado se les salió de control por dos simples razones: obligan a un grupo de adolescentes a escuchar los aburridos decires de una insípida conferencista y, lo más importante, al parecer no consideraron que son menores de edad, y para cualquier actividad extraescolar  que éstos realicen, hay que pedir la autorización de sus padres o al menos tomarles parecer. Imaginemos la que se hubiera armado de ocurrir (Dios y Gallardo no lo permitieron) un accidente o un episodio, cada vez más de moda, de violencia estudiantil. Los tiempos ya no están como para andar manipulando a cualquiera (y menos cuando no hay algún incentivo de por medio) pero, sobre todo, como para andar exponiendo a grupos de preparatorianos, con todo y las absurdas justificaciones del titular de Educación en el estado que seguro piensa que los estudiantes son propiedad del gobernador.  

Los argumentos justificativos pueden ser tan variados como extensos, siempre con el fin de exculpar no a la dirección general de los Cobach, ni a los propios directores, menos –en caso que los hubiera– a los profesores a cargo, sino al ejecutivo estatal, porque con todo y que es cierta la responsabilidad directa de las instituciones, todos sabemos que en la estructura del poder ejecutivo, presidida por Ricardo Gallardo Cardona, nada se dice, hace, o mueve, sino es atendiendo sus instrucciones, sobre todo en un evento en el que su participación iba a ser directa y seguramente pensaba brillar como pirita en placer minero.

Algo queda claro, no es lo mismo apropiarse de estructuras políticas y torcerlas a capricho o  comprar votos mediante programas sociales, que pretender coordinar eventos con cierto tipo de organización y calidad; en eso todavía les falta bastante por aprender a la gallardía y sus operadores, no es tan fácil como repartir celulares entre adolescentes mientras se les invita a ver pornografía.

Por cierto, ¿el gobernador podría explicar de una manera sencilla y sin mentiras en qué consiste el convenio ambiental que venía a firmar la jefa de gobierno capitalina?, porque si la cosa es enseñarnos a barrer las banquetas, usar menos el automóvil, y a no cortar arbolitos en el parque Tangamanga, daba lo mismo que le enviaran la información por correo electrónico que en valija certificada a través del Servicio Postal Mexicano.      

Gracias por la lectura. Miren que se necesita ser imbécil y tener un director de Parques y jardines o de Ecología, todavía más imbécil, como para haber podado como lo hicieron con las magnolias de la plaza de Armas. ¡Criminales!