El truco del plan B
He leído a colegas que al reflexionar sobre el Plan B de reforma electoral reaccionan sugiriendo que la Presidenta y Morena bien podrían ocupar su tiempo en gobernar mejor, según los criterios de buen gobierno de quienes lo dicen. Pareciera que actúan sin sentido. Pero si la cúpula del gobierno tuviera algo mejor que hacer, entonces ¿por qué se empecinan en el Plan B después de que fracasó el A? Si fuera un capricho bien podría sustituirse por otro más redituable. Lo cierto es que no es ningún capricho, sino la voluntad persistente de acumular poder. Veamos por qué.
En primer lugar, la premisa: "reducir privilegios". Al igual que el neoliberalismo que tenía por lema achicar el Estado, la bandera que agita el morenismo es "reducir privilegios." Y de la misma manera que el neoliberalismo, el morenismo tiene por objeto construir bloques de funcionarios propios en perfecta alineación en todos los niveles de gobierno y poderes del Estado. Como el morenismo coincide con el neoliberalismo en mantener equilibrio fiscal (ya saboteado por la deuda), no aumentar impuestos ni mejorar la hacienda pública, la prioridad está puesta en concentrar los recursos públicos en las manos del poder central.
A esta concentración le acompaña otra, la de poder piramidal al que apuntan todas las reformas del obradorismo. El Plan B continúa por ese camino. Al entrometerse en la ya de por sí mermada soberanía de los estados de la Federación y el municipio "libre", fijará a la baja el presupuesto de los congresos locales y de los cabildos, así como el número de síndicos que pueden tener. Se trata de un paso más para someter a Congresos locales y municipios al poder central del partido hegemónico. En las leyes electoral y de partidos se extiende la misma idea: topar los salarios en el INE, OPLES, tribunales estatales y funcionarios de partidos. A la vez, se ordena transparentar, fiscalizar y regular ingresos de los partidos políticos y el origen de estos.
El Plan B también propone anticipar la revocación de mandato del cuarto al tercer año, por lo que la Presidenta podrá hacer campaña por sí misma. Por la experiencia de 2022, sabemos bien que el revocatorio es un mecanismo diseñado, validado e implementado desde el poder y para el poder, no desde la gente, como se supone que debiera ser.
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La Presidenta se jacta de que todo esto "se lo pide el pueblo", como antes le pedía el Plan A vetado por sus aliados. No se sabe cuándo ni por qué "el pueblo" cambió de opinión súbitamente y de pedir cambiar la estructura de la representación ahora pide sólo jibarizar congresos, cabildos e instituciones electorales. A lo mejor algún buen oidor de sus propios ecos que dice escuchar a los 100 millones de ciudadanos se lo transmitió a la Presidenta.
En todo caso la línea troncal del morenismo sigue su curso: debilitar y colonizar toda la estructura de la gobernanza (poderes del Estado y niveles de gobierno) para hacerse de un poder incontestable que le permita a un solo partido apoderado del Estado controlar la totalidad de la vida política del país.
Al igual que los planes A, B y C de AMLO, los planes A y B de la presidenta Sheinbaum tienen un propósito idéntico. Hacer como que "el pueblo" pide lo que se le da, así sea veneno puro, con tal de reducir al mínimo la libertad política para ejercer el derecho al autogobierno de una sociedad democrática.
@pacovaldesu
(Investigador del IIS-UNAM)



