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En Memoria

Por Marta Ocaña

Marzo 23, 2022 03:00 a.m.

Desafortunadamente han sido días de desencanto, días de profunda tristeza, de vergüenza y también de una profunda decepción, tanto por el contexto social de nuestro país como por el clima y entorno de inseguridad que muchos compartimos

La masacre del estadio, la guerra en Europa oriental, la farsa en la propaganda, la ausencia de un estado de derecho asociado a la muerte de Lidy Villalba y la sutil tiranía que se siente en algunos ámbitos, son asuntos para ponerse serios.

A pocos días del suceso en el estadio de la ciudad de Querétaro, nos hemos distraído con el caso de la Fiscalía y el ex asesor de palacio, con el posible preámbulo de una tercera gran guerra y el despertar con la noticia que concluye que debido a una confusión, muere una persona inocente, hieren a un par más y dejan marcados de por vida a todos tripulantes de ese vehículo.

Deberíamos desbocarnos en las calles, protestando por esos estremecedores acontecimientos que con diferencia de días se dan de manera simultánea en paralelos tan diversos.

No a la Guerra de cualquier tipo o por cualquier motivo. No a la Muerte. No a la Farsa de vivir sin temor alguno de que te confundan cuando alguien se encuentra a menos de sesenta minutos de  casa, sin mayor preocupación que la velocidad de que quien conduce, no ponga en riesgo a nadie ni dentro de ese vehículo ni en otro.

Soy parte de esa tristeza común -y particular- de quienes conocieron a Lidy. Y también soy parte de ese sentirse desgarrado ante las imágenes de civiles matando civiles en un estadio de futbol. Lugar que debió ser un espacio de encuentro a pesar de la rivalidad entre contrincantes. O bien con las noticias sobre ataques a ciudadanos indefensos, ajenos a la tiranía de quienes ejercen la fuerza bruta sobre ciudades enteras; frágiles objetivos que suman cifras para vanagloriar al vencedor.

Qué pena ser parte de una sociedad tibia que no sabe organizarse y reclamar lo que los ciudadanos por derecho deben recibir: seguridad y bienestar. Dos conceptos que se han vuelto valiosos por estar tan fuera del alcance de una mayoría, que terminará por reventar por donde menos imaginemos y de manera impredecible.

El día de hoy inclino mi cabeza ante las víctimas de todos estos horrores. Me uno a su oración y su reclamo. Me manifiesto como su aliada, aunque eso sirve de poco ante los restos de las personas que caen en manos de ejércitos soviéticos o de cualquier nacionalidad. Y sin ser una practicante religiosa, celebro la fe de quienes, al confiar reposan su dolor ante santos y deidades.

Ojalá esa fe permita encontrar caminos de conciliación y que aquello que en algún momento nos enseñaron como “examen de conciencia” pueda llevar a una reflexión a nivel global para enderezar el futuro de los diferentes pueblos que ocupamos este mundo.

Mis oraciones para la familia de Lidy, para sus acompañantes y todos los que hoy lamentan su partida: Te recordaremos con mucho cariño. Descansa en Paz.