Escalafones
En estos días se publican las listas que ordenan según distintos criterios ¨lo mejor del año”. Se premia a los más vendidos, a los más votados, a los más ponderados, el vino de año, la estrella del 2023. Muchas listas tienen un evidente sentido comercial o cuantitativo, hay las que pretenden ser más democráticas, hay unas más serias que otras, con metodologías confiables o desconocidas, siempre con el problema que representa otorgar un número, una calificación, un juicio crítico a una actuación artística, a una emoción estética.
Recientemente participé en un ejercicio que me pareció bastante correcto, bien ejecutado, que arrojó unos resultados pertinentes y confiables para el consumidor de vino mexicano: el Top 99 organizado por la revista Cava. En una reunión de unos 80 profesionales, todos destacados sommeliers, desde el decano, don Pedro Poncelis, hasta jóvenes que han cumplido con su formación y cuentan ya con cierta experiencia, se cataron cientos de vinos a ciegas. Cada mesa de 6 jueces evaluó más de 40 muestras, entre blancos, espumosos, rosados y tintos, sin conocer la identidad de ellas. Los 99 vinos con mejores notas aparecerán en esta lista que funciona como una buena guía de compra para el consumidor, quien cada temporada debe enfrentarse en los anaqueles de las tiendas especializadas a un número enorme de etiquetas de vino mexicano, categoría que suma cada año más y más etiquetas nuevas.
Participar en un muestreo de este tipo otorga al prescriptor un amplio panorama en cuanto a lo que México está produciendo actualmente. Según lo catado, la calidad media en el vino mexicano es bastante aceptable. También, como es natural, se tuvieron un par de experiencias desafortunadas, pero la verdad es que no fueron más que eso: la mayor parte de las copas se mostraron interesantes, bien logradas, con una decena de vinos destacados y un par excepcionales. Puedo decir que la producción de vino en México goza de buena salud cualitativa.
Una de las mejores noticias que arrojó este ejercicio fue la de Pozo de Luna Merlot Single Vineyard, de San Luis Potosí, que obtuvo una calificación muy alta y entró dentro del grupo de los mejores vinos de México. Este merlot es una expresión muy particular de un terruño y un estilo, quizás poco común para la base de consumidores más amplia, pero que cuando encuentra a un catador avezado y sensible, es valorado por sus atributos poco convencionales. Aunque este vino escapa a descriptores generales, una forma de delinearlo sería recordando su perfil bordelés, como si se tratara de un homenaje desde nuestro terruño a esos antiguos vinos de St. Emilion, a la manera en que la vieja escuela entendía al merlot en su propia cuna, hace 40 o 50 años. De tremenda complejidad y personalidad, es un gusto ver que, así como los productores están haciendo su trabajo, también los sommeliers mexicanos están a la altura cuando hace falta reconocer a un vino de estilo atemporal, alejado de las modas, ajeno a las tendencias pasajeras, un vino que carga, templa y manda con la izquierda, un vino clásico como éste.
@tusimposiarca
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