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Escribiendo el 2024

Por Martha Ocaña

Enero 17, 2024 03:00 a.m.

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Hace tres años, atravesábamos algo antes visto en la historia de nuestras vidas y el temor al contagio mediante el contacto con otros, nos llevó a un aislamiento de más de 24 meses. En retrospectiva, México atravesó momentos desafiantes durante la pandemia de COVID-19. En un día particular como el de hoy según el diario El Financiero, se confirmaron “20,523 nuevos casos positivos, evidenciando la magnitud de la propagación del virus en ese momento. Además, se registraron 1,219 defunciones confirmadas, subrayando la trágica realidad que la nación enfrentaba a diario. Estos eventos sumaron 1,630,258 casos positivos confirmados y 140,241 defunciones confirmadas en el tiempo. La comunidad tuvo que enfrentar no solo la carga de la enfermedad sino también la presión sobre el sistema de salud. En este contexto, se destacó la importancia crucial de las medidas preventivas y la urgencia de implementar estrategias eficaces, como la vacunación masiva, para controlar la propagación del virus y proteger la salud pública.” Aún ahora se cuestiona, la postura de México ante este desafío de alcance planetario que nos llevó a rediseñar nuestras vidas y nuestras formas de convivencia.  

Los niños y niñas que llegaron a la vida durante ese atípico lapso temporal han iniciado su interacción con el mundo de una manera muy diferente debido al distanciamiento social y el uso de mascarilla. Y todos los que estuvimos alrededor de ellos, tete a tete o remotamente, apreciamos desde otro sitio, el profundo significado de su llegada a la vida. Los recién estrenados padres, que en otro momento estarían desbordados de ayuda y visitas, pasaron la mayor parte del primer año de sus bebés con un contacto social casi nulo, lejos de las reuniones familiares y de las actividades sociales. Pero ellos serían los protagonistas de una historia fuera de lo común; estaban reescribiendo un episodio maravilloso en un escenario lleno de desafíos que solucionaron envueltos en su gran asombro, su gran emoción e iluminados con la maravilla de tener bajo su responsabilidad la vida de ese pequeño ser humano que acunaron en sus brazos. 

Aunque sabemos que la vida es un misterio y a la vez un milagro, los niños y los papás de este momento universalmente histórico, son los grandes héroes. Sin duda, fortalecieron su paternidad y lejos ha dejado ese enero de 2020 cuando empezaron a brotar en redes y medios de comunicación, las noticias de una extraña enfermedad. Afortunadamente desde octubre de 2022 se abrieron las puertas, se reiniciaron las actividades laborales y escolares y nos reincorporamos en sociedad después de haber visto modificadas nuestras vidas y en muchos casos con pérdidas de seres queridos. 

Hoy, hace tres años, me convertí en abuela y empecé a entender, descifrando las historias de amigas, hermanas y conocidas a quienes siempre escuché ponderar este estadio de la vida en la que, pese a cualquier circunstancia, ser abuelo o abuela, reescribe, completa y añade nuevas historias en la vida de quienes queremos evitar el paso tiempo, sobre todo por los efectos en nuestro cuerpo, nuestra lucidez, nuestra capacidad de desplazarnos o de asombrarnos.  

Este enero estamos ante nuevos desafíos en la escala social y política y seguramente será un año atípico en donde más que testigos, debemos ser protagonistas y participar en el diseño de la “cosa pública”. Somos supervivientes de un momento por demás complicado y la fuerza con la que salimos de la experiencia Covid 19, nos puede dar la perspectiva de lo valioso que es la vida la libertad, el acceso a la salud, la libertad de expresión y otros logros sociales de los que gozamos gracias al empeño de otros lucharon que por ellos. Yo como quiero seguir disfrutando de ser una abuela, quiero que mis nietas encuentren un país en donde puedan vivir sin miedo. Solamente por eso, escribo lo que escribo.