logo pulso
PSL Logo

Esperando a los difuntos

Por Marta Ocaña

Noviembre 02, 2022 03:00 a.m.

A

Entre pan de muerto, calaveras de azúcar, frutas de colores en charolitas de papel y un marco de flores naranjas y moradas, transitamos en esta vida queriendo acercarnos a lo difunto; a esas personas que se han vuelto foto y recuerdo, memoria, pero también olvido y fragmento.

Entre el jolgorio del Halloween y los niños graciosos vestidos de los personajes comerciales más llamativos, vemos a nuestras comunidades que se mimetizan en el folklor mexicano y la “tradición norteamericana” de los monstruos y el suspenso. 

Debajo del disfraz las flores, la sal de los altares, las velas y el agua, ansiamos el regreso de sus almas, el sonido de sus voces, la mirada tierna, los gestos de autoridad o de ternura en sus labios o en sus dedos que nos señalaban el mejor camino para crecer en la vida.

La muerte sabemos, es lo menos incierto que tenemos como parte de nuestro destino. Es el final de los finales: un concepto que seguramente la mayoría de nosotros aún no podemos desdoblar, y otros preferimos no mirar ni considerar. Pero estará ahí ya sea al final o anticipándose a él. 

Nos arrebatará el aliento absoluta e indiscutiblemente, pero a los que nos quedamos en este plano, podremos empezar a mirar de otra manera, quizá menos indiferente, menos cómica y quizá más aceptada.

Ojala la única muerte que no nos quite la paz  esté en los hechos que se registran y levantan las cifras y las estadísticas de muertes violentas. En cualquier versión de ésta pareciera que el vocabulario jurídico y el desdén moreno y presidencial, justifican cada mañana desde una tribuna cada vez más absurda y obsoleta, en un mundo y una sociedad que rebasa los 20 siglos de edad. Un mundo que ha vivido, batallas, revoluciones, guerras y confrontaciones y que sigue reinventándose a pesar de verse pisoteado por un puñado de líderes poderosos que se creen lugartenientes de este magnífico paraíso llamado Tierra.

Hoy rezo por mis difuntos: mis padres, hermanos, tíos, abuelos, amigos y personalidades públicas que me han formado y me han dejado un legado positivo y, que de manera inconsciente, trato de emular a pesar de los pesares y de las distracciones que el mundo digital y de carne y hueso nos proyecta cada día.

Hoy rezo sin plegaria y sin un dios tradicional. Rezo sin rezar en una especie de reconocimiento y admiración por lo que fueron sus vidas en las mías. Con la ligera esperanza de que, al pasar a mejor vida, dejé yo un cachito de lo que ellos dejaron en mí. Quizá para ser recordada, quizá para poder sentir la caricia amorosa de los seres queridos que en vida intentan regresar a este mundo a los que se han ido y que en especial, recordamos en estos días.