+Réquiem por Fátima.
Tendría diez años más o menos cuando escuche por primera vez la expresión, ¡pobre muchacho, es que está malito de la azotea! Refiriéndose un par de señoras a un joven adolecente que toreaba los autos con su camisa toda roída en una calle de doble circulación. No sé qué fin tuvo el muchacho, yo seguí en mi bicicleta con mi rumbo. Con los años y después de conocer a tanta gente, me di cuenta que en verdad hay hombres y mujeres por igual, siendo muy probable que al lado suyo justo en este preciso momento estimado lector, esté con un “malito de la azotea”.
He procurado a lo largo de mi vida detectar y alejarme de los psicópatas a través de perfiles criminológicos “fast”, son difíciles de descubrir, pero sí se puede.
México con sus psicópatas y psicopatías, vienen en el paquete, los que son capaces de crear grandes obras y acciones en beneficio de todos (psicópatas adaptados en pro de la cultura y la misma humanidad), y aquellos que son capaces de devastar la vida de niños y niñas. La maldad existe, de origen neurológico y no, punto. Imagínense por un momento que existiera una parte en el cerebro de los niños capaz de elaborar perfiles criminológicos y poder descubrir a destructivos y depredadores, para alejarse de ellos, los niños desafortunadamente son las principales víctimas de los psicópatas.
Para la OMS Organización Mundial de la salud, el 17% de las personas en México presenta al menos un trastorno mental y 1 de cada 4 lo padecerá como mínimo una vez en su vida. Actualmente, de las personas afectadas, sólo 1 de cada 5 recibe tratamiento. Los trastornos mentales afectan el sistema nervioso y se manifiestan en el comportamiento, las emociones y en procesos cognitivos como la memoria y la percepción. Además, afectan la salud física y pueden limitar considerablemente la calidad de vida de quienes los padecen y de sus familias.
Existen grupos vulnerables con un mayor riesgo de presentar trastornos mentales, entre ellos las familias en situación de violencia, adultos en plenitud o migrantes. En países que han pasado por desastres naturales y fenómenos de violencia generalizada, como es el caso de México con la guerra contra el narcotráfico, hay miles de personas, víctimas directas e indirectas, cuya salud mental requiere atención oportuna y efectiva. El estigma y la discriminación que sufren los enfermos mentales y sus familias pueden impedir que recurran a los servicios de salud apropiados. El costo de los problemas de salud mental se estima entre el 2.5 y el 4.5% del PIB anual para diferentes países. Del presupuesto en salud en México, sólo se destina alrededor del 2% a la salud mental, cuando la OMS recomienda que se invierta entre el 5 y el 10%. Además, el 80% del gasto en salud mental se emplea para la operación de los hospitales psiquiátricos, mientras que se destina muy poco a detección, prevención y rehabilitación.
Hay demasiada criminología “rosa mexicano”, como yo le llamo, respecto a los psicópatas mexicanos, en algunos caso los han hasta romantizado, sin estudios serios del “modus operandi”, zona geográfica de acción (estático o inestable), lugares de aproximación a la víctima, control de rutinas, su estructura de planificación, su escondrijo.
Padres y madres de niños –Observen Conductas-, en su colonia, en el parque, en la escuela (no son tan seguras como Usted cree), en el Club deportivo, los hogares de sus amiguitos, en la tienda de la esquina, observen rostros, el (la) agradable con cara de santo (a) canonizado. Son sus hijos carajo, ellos no se pueden valer, háganlo Ustedes, al menos que sean un papá o mamá psicópata y aún no lo saben.
TAPANCO: Explica Vicente Garrido, el mayor experto en psicopatía, en su libro “Cara a Cara con el Psicópata”, que “el psicópata es, entonces, alguien que desafía a todos, que quiere hacer o que desea a toda costa, sin que importen la vida o la felicidad de quienes se ven afectados por sus actos. A la idea de que se trata de “estúpidos morales”, personas que, aun siendo capaces de razonar, se conducían de modo cruel y desafiante, oponiéndose a las normas morales básicas de la sociedad (honestidad, reciprocidad, compromiso), se añadía ahora de modo explícito la imposibilidad de sentir afecto autentico por cualquiera, como si les fuera difícil o imposible considerarse un ser humano cabal.
Francisco.soni@uaslp.mx twitter: @franciscosoni

