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Ex-presidentes

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Julio 12, 2022 03:00 a.m.

A

Luis Echeverría Álvarez y Enrique Peña Nieto, ex-presidentes de México, son tendencia mediática reciente, el primero por su fallecimiento a los 100 años de edad, el segundo por la querella interpuesta en su contra por la Unidad de Inteligencia Financiera por presuntos hechos de corrupción ligados con transferencias millonarias detectadas en su favor en bancos de España, país en donde radica muy quitado de la pena.

De Echeverría se ha escrito mucho, sobre todo por su paso en la Secretaría de Gobernación cuando el primer mandatario era Gustavo Díaz Ordaz, operando la represión a movimientos sociales, incluso cuando antes se le ubicaba como agente encubierto de la CIA, con el alias de “Litempo”. Oscuro personaje que simulaba lealtad a Díaz Ordaz y, éste, luego se arrepentiría de ungirlo como sucesor de su mandato, cuando mostró el verdadero rostro de una ambición política desmedida que lo llevaría a tratar de asumir liderazgos trasnochados como el de los países no alineados. Ya es célebre la queja que, se dice, Díaz Ordaz se hacía a sí mismo, todos los días al mirarse en el espejo y “mal-modearse” por haber confiado en LEA.

Un estilo personal de gobernar impuso Echeverría que, incluso Daniel Cosío Villegas le dedicó una trilogía clásica de textos para referirse a una peculiar locuacidad que lo mismo lo llevaría a recibir pedradas en la UNAM que desdenes de los nietos a los que, según sus palabras no era capaz de controlar, dando a entender que, desde siempre, había sido una blanca paloma de la paz, pero con la sombra de “halconsote” que se le advertía detrás, como bien lo caricaturizaran tantos moneros.

Promotor de ideas comunistas de manual, aspiraba a crear la Universidad del Tercer Mundo o probar una famosa ley de condominios que rápidamente asustó a una clase media que ya se veía obligada a admitir a precaristas en sus casas, o bien, a seguir manoteando en sucesiones presidenciales aterciopeladas o conflictuadas, como cuando a la muerte de Colosio se le quiso subir a las barbas a Salinas sugiriendo sustituto, pero ahí ya estaba medio pelón el asunto porque para un canijo, reza el dicho popular, siempre hay otro más ídem. En fin, murió sin ser alcanzado por el largo brazo de la ley para ser juzgarlo por delitos del pasado, pero ni duda cabe que el basurero de la historia será inevitable lugar en que será colocado por el recuerdo de muchos mexicanos.

De Peña Nieto baste tener presente que fue favorecido por arreglos político-económicos, sobre todo con personeros de intereses mediáticos que, hasta le armaron la historia tele-novelesca para enternecer a un público ávido de historias frívolas. Corrompió a los partidos de oposición con su famoso “Pacto por México” y éstos ahora en el pecado llevan la penitencia, deshilachados a más no poder y con mínimas posibilidades de recuperar de lo perdido lo que aparezca. Entregado a los intereses más depredadores del neoliberalismo económico parasitario, llevó adelante sus reformas estructurales parar tratar de cerrar el círculo de saqueo inaugurado por otros expresidentes “prianistas” de muy triste memoria. En fin, veremos qué sucede con éste último personaje que, gracias a su imagen de frivolidad exacerbada, de alguna manera sirvió de contraste para que el pueblo mexicano decidiera volcarse por una opción seria y que no representara no más de los mismo, evitando perderse en vericuetos como aquel ya célebre esbozado por LEA de “ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario”.