Familia y escuela Capítulo 131: Inclusión: La autodiscriminación
Las acciones discriminatorias entre seres humanos, a pesar de ser tan antiguas como la misma historia de los grupos sociales, se han acentuado y se han determinado como grandes focos rojos de atención, diría que casi a la par de ser considerados como un fenómeno de salud pública mundial y nacional.
Distinciones marginales entre países, razas, culturas, tonos de piel, invasión de territorios, migraciones, nuevas enfermedades y pandemias; en tanto que, hacia el interior, encontramos las tajantes separaciones entre clases sociales, religiones, zonas habitacionales y acceso a la educación, salud y otros servicios públicos; al consumo de bienes de primera necesidad, exclusión de zonas rurales e indígenas y ciudades perdidas en la periferia de las grandes urbes.
La lista de diferencias es interminable y se acrecenta a partir de la aparición de sociedades e inteligencias artificiales que despersonalizan las interacciones, combinado con oportunidades laborales insuficientes para vivir dignamente y la irrupción de nuevas formas de actividades ilícitas, violentas y de corrupción casi consideradas y difundidas todos los días como actividades “normales” a ocurrir en la sociedad.
Pero además del panorama descrito, todavía y como producto de esas características, emerge casi sin darnos cuenta una condición que desde pequeños se nos ha ido implantando casi inconscientemente; ocurre con la normalización de conductas marginales en el contexto y región en donde vivimos, en la familia, en las escuelas, con los grupos de amigos y en todos los medios de comunicación y redes sociales, me refiero a la autodiscriminación.
Sin darnos cuenta, en nuestro entorno ocurren acciones sociales que, como lecciones fundamentales y contundentes, nos llegan a convencer de que tenemos límites e insuficiencias que provocan que antes de que se nos diga, aclare o definitivamente se nos excluya de algo, optamos por autoexcluirnos.
Estas lecciones de exclusión han sido tan eficientes que se ha logrado construir, a manera de paradigma, estereotipos y formas de ser y actuar que marcan “verdades”, “tipos ideales” y formas y estilos de vida a los cuales todo integrante debe aspirar: figuras y cuerpos ideales, tonos de piel claros, abundancia de cabello, posesión de pantallas de gran tamaño, ropa de marca y moda actual; aparatos con inteligencia artificial y perfiles e interrelaciones en redes sociales y muchos mandamientos más.
No es forzosamente algo negativo o patológico el que una gran cantidad de personas “ciegamente” luchen por lograr esos objetivos, invirtiendo una gran cantidad de recursos implantando cabello, perfilando su nariz, aumentando el tamaño de su busto, labios o reducción de arrugas; aprovechando los adelantos científico estéticos y las “grandes facilidades” de crédito y “pagos chiquitos” para la obtención de todo lo socialmente obligado.
Lo que hay detrás de todo ello y que considero de alta prioridad de tratar en la educación y formación de hijos y alumnos, es la manera en que se va conformando en cada persona su autoestima, autoconcepto, autoaceptación y autoimagen, dado que, ante la presión de ser aceptados socialmente y formar parte de los estereotipos y estilos de vida preestablecidos, hay quienes en su intento nunca lo logran y otros quienes definitivamente se auto excluyen.
Hemos seguido la senda de sumar nuestros defectos y restar o ni siquiera tomar en cuenta nuestras virtudes y fortalezas.
Por ello, resulta fundamental enseñar y fomentar realmente la condición humana, esa que ya ha sido propagada por diversas voces en el desierto, por algunas familias y escuelas; intentos que han sido aplastados por la vorágine de no ser excluído por quienes nos rodean.
Educar humanísticamente consiste en impulsar la conformación de la persona, no solo con una buena calificación en la escuela o con un buen comportamiento familiar, sino con el convencimiento de ser en sí mismo importante y con una autoestima estable: “todos, absolutamente todos tenemos algo que ofrecer, mejorar y aportar; no obstante que sea diferente a lo que se establece”.
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