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Familia y escuela Capítulo 140: ¿Línea recta u ondulada?

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Diciembre 14, 2022 03:00 a.m.

A

Por un lado, la acción y por otro la indiferencia; en polos opuestos se encuentran la innovación y el conformismo, la comodidad y el trabajo arduo, de la misma manera que encontramos la seguridad de no arriesgar y llegar siempre al mismo lugar, en lugar de la inseguridad de seguir el propio camino con la posibilidad de perderlo todo.

Y es que educar, como ese proceso que es llevado a cabo de manera general por diferentes instituciones sociales como la familia y la escuela, acompañado por todos los medios de comunicación y espacios de interacción social, ha vuelto el camino para la formación de las personas como una receta infalible, la cual al seguir fielmente sus pasos, se asegura tener siempre el mismo éxito con los mismos resultados.

Esa rectitud que se pregona, está resguardada y limitada por diferentes parámetros y directrices, los cuales pretenden asegurar el rumbo “correcto” a seguir por los integrantes de una sociedad, so pena de ser considerados como un fracaso, una carga, incluso, como “NiNi” o patología social.

Para lo anterior existen rangos bien definidos que aseguran una linealidad en la educación, comenzando con aquellos enmarcados en los números, letras o niveles, como resultado de evaluaciones, que, aplicados en los alumnos de los diferentes niveles educativos, en la productividad de empresas y obreros, en la capacidad de obtención de recursos para la manutención personal o familiar, indican quiénes están dentro o fuera de los parámetros “normales” del proyecto social.

En este sentido, la educación es una línea siempre recta y sin equivocaciones, la cual contempla de manera predeterminada la vida entera de la gente “…como si la vida y la existencia de las personas siempre estuviera sobre terrenos planos y previsibles: naces, creces, estudias, trabajas, te enamoras, te casas, tienes hijos, carro, pantalla de 80 pulgadas y ya, ya viviste plenemente”.

Desde luego que desde esta óptica, la educación es excluyente.

¿Qué ocurre con todos aquellos que no lograron insertarse en alguna escuela de educación formal? aquellos que por necesidad de trabajar desde muy jóvenes, o por no tener en su territorio un plantel de educación superior o, incluso, quienes ingresaron pero por no aprobar únicamente alguna de sus materias tuvieron que abandonar, truncando sus sueños de ser profesionistas.

¿Qué decirles a los que siguieron todos  los pasos de la receta y al final de cuentas no consiguen emplearse laboralmente en la profesión para la que fueron capacitados? “… lo más difícil de ser ingeniero civil han sido los últimos 3 años de taxista”.

O bien, ¿cómo argumentarle a las familias de aquellos que por estar con una necesidad especial, física o mental, estuvieron impedidos de seguir? o ¿cómo explicar linealmente la decisión de jóvenes quienes fueron atraidos y coludidos a células delictivas?.

No se está renegando de la educación formal y de sus innumerables beneficios, más bien, se está poniendo sobre la mesa el carácter limitado, excluyente, frío, metálico y, sobre todo, “de línea recta” que asume este proceso, como si con un poder mágico ya conociéramos el final de “cuento de Disney”.

De manera contundente, esa línea recta, choca de frente contra la esperanza y la cruda realidad cotidiana a la que se enfrentan miles de personas, en donde la educación no se ha encontrado a la altura de las circunstancias, empecinada en concebir el proceso de una forma irreal.

Si en el partido de beisbol, todos los bateadores supieran que el pitcher siempre va a lanzar puras bolas rectas, ya todos ellos estuvieran preparados y golpearían sin fallar; sin embargo, la vida de las personas no se juega de esa manera, porque reciben diferentes lanzamientos, siempre inesperados.

La educación instrumentada por familias, escuelas y medios de comunicación, debe abandonar la seguridad de un porvenir lineal y recto; en su lugar, se debe impulsar la adquisición de conocimientos, herramientas, habilidades y actitudes acordes con una línea ondulada, que le permita seguir con un avance, pero con la seguridad de no saber con exactitud lo que va a ocurrir mañana, si se estará “arriba o abajo”, pero que ante cualquier circunstancia y posición, estar alerta y se pueda echar mano de lo adquirido.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx