Una de las formas más usadas para clasificar a algunas familias por parte de la sociedad y diversos grupos, incluidos las escuelas con sus maestros, autoridades y padres de familia, entre otros; lo es sin duda el etiquetarlas como: “disfuncionales”; logrando crear, desde mi punto de vista, un prejuicio que no ayuda para comprender su dinámica, sus acciones y sobre todo para el trabajo con ellas.
Este prejuicio surge desde formas de apreciar y juzgar a otros, sin tener la certeza y los elementos que nos den pistas de cómo son en realidad, cómo se comportan y si cumplen o no, con sus funciones; es decir, clasifico a alguien sin conocerlo a fondo y solo por la apariencia o por algún rasgo o comportamiento que detecto.
Pongamos un ejemplo paralelo: tenemos ante nosotros un par de automóviles, uno de ellos de lujo, de modelo reciente y muy agradable a la vista; por otro lado, un carro muy destruido, modelo no reciente y de aspecto desagradable. A primera vista, muchos opinarían que éste último sería un auto disfuncional, sin tener otros elementos de juicio que el solo verlos.
Queda claro que para catalogar a alguno de estos autos y afirmar que no funciona adecuadamente, se tendría que analizar los objetivos primarios para los que fueron creados, tal como el transportar pasajeros; si intentáramos encender el auto de lujo y por defecto de la batería ni siquiera lo lográramos, y al poner en marcha el auto “desagradable” lo hiciéramos sin problemas, el que no nos gustaba nos transportaría y cumpliría con sus funciones.
Ahora, no solo por el hecho de que no se pudo encender el primer carro, lo vamos a catalogar de disfuncional; lo que ocurrió, es que presentó algún rasgo de disfunción, pero que, al arreglarlo, tarde o temprano volverá a funcionar normalmente; por su parte, el auto que nos transportó, no podemos etiquetarlo para siempre como funcional, porque posteriormente puede presentar alguna falla, la cual tendrá que atenderse.
En ambos casos, los autos nunca estarán en las mismas condiciones, presentarán algunos cambios, desperfectos o desgastes; enfrentarán con mayor o menor éxito algunas complicaciones, normales en todos los vehículos.
Guardando toda proporción, pasa algo muy similar con las familias.
La familia, como grupo social, tiene asignados una serie de roles y funciones a desempeñar con sus miembros, acorde con el contexto cultural en donde vive; algunos van desde cuestiones económicas (alimentación, vivienda, vestuario, etc.), hasta cuestiones socioafectivas (cariño, comprensión, apoyo moral, etc.), entre muchas otras.
Cuando la familia enfrenta dificultades para cumplir de manera regular con alguna de sus encomiendas, solamente y después de haberlos observado de manera continua y corroborado de manera efectiva esa situación o comportamiento, se puede afirmar que, presentan un rasgo de disfunción, el cual dependerá de cada familia si se acostumbra a él, si le afecta y tiene las herramientas para modificarlo o, si al intentar atenderlo, no puede resolverlo; es hasta este momento en donde se requiere ayuda para ellos, pero de ninguna manera, lo anterior nos da derecho a etiquetarlos como disfuncionales totales y para siempre.
Además, existen estereotipos de familia, “aceptados” por la comunidad, como son las familias nucleares (padres e hijos), familias extensas (abuelos, padres, hijos, nietos, etc.) y otras derivadas de éstas; pero cuando existen formas familiares diferentes, en cultura, en religión, en su composición, etc. Se enfrentan a estos prejuicios y etiquetas, llegando, en algunos casos, a ser clasificadas como disfuncionales.
“…ese día, estando efectuando la entrevista inicial en preescolar, llegaron los papás de mi alumno; la verdad, me encontraba algo nerviosa puesto que, por varias de mis compañeras tenía antecedentes de esa familia, a la cual se tachaba de disfuncional por el hecho de ser homoparental, es decir, estar integrada en este caso, por dos varones como figuras paternas.
Tenía dudas de cómo actuar ante ellos, de la forma en cómo realizarles las preguntas de rutina que se hacen a todos los padres; creo que lo pude resolver adecuadamente. Durante el curso, tenía mucho cuidado de tocar los temas de papás y mamás de manera natural y sin hacer énfasis o distinciones de valor hacia una mejor o peor familia.
Fue una gran experiencia y un gran reto para mí como maestra; los papás muy cooperativos y el niño desempeñándose adecuadamente. Al finalizar el año, recibí su agradecimiento…”
“...murió el papá de mi alumna, era el sostén económico de esa familia: esposa y tres hijos; pensamos que dejaría de asistir a la secundaria, por apoyar económicamente a su mamá y hermanos menores y que inevitablemente esa situación terminaría por romper la estabilidad de todos ellos; sin embargo, tuvieron el ingenio para salir adelante, la mamá vendiendo comida y ella vendiendo golosinas y diversos objetos, incluso al interior de la escuela y salón de clases…”
A pesar de los ejemplos anteriores, debemos reconocer que no todas las historias son de éxito, porque existen familias que, ante la falta de habilidades para detectar, primero y luego actuar y resolver uno o varios rasgos de disfunción, se pueden provocar problemas mayores en ellos: abandono escolar, desestabilización económica, falta o ausencia de apoyo moral y afectivo, violencia al interior de los hogares o incluso, la ruptura total.
Es entonces que el apoyo por parte de las instituciones sociales, entre ellas incluida la escuela, resulta fundamental; pero no hace falta que se clasifique de manera simple y categórica como “disfuncionales” a los alumnos y padres de familia que suponemos que lo son; más bien, estar atentos para detectar rasgos de disfunción, que no pudieron ser atendidos por ellos y, de ser necesario, conducirlos hacia el apoyo con el personal especializado y pertinente que requieran.
No existen familias totalmente funcionales, ni totalmente disfuncionales; existen prejuicios que así las etiquetan. Ante ello, No somos jueces de nadie, somos profesores, padres de familia, integrantes de una plantilla laboral, miembros de una sociedad; que, desde luego, podemos o no estar de acuerdo con otros tipos de familia y su forma de actuar y proceder, pero mientras logren sus objetivos y realicen sus funciones en beneficio de sus integrantes, solo nos queda estar atentos para brindarnos la oportunidad de ayudarlos.
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