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Familia y escuela Capítulo 158: Realidades paralelas

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Abril 19, 2023 03:00 a.m.

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Siempre ha quedado claro que “la realidad”, como ese elemento de vivencias cotidianas que experimentan los integrantes de una sociedad, no es un aspecto único y singular; es, más bien, diferente en cada caso para cada persona, tiempo, contexto y circunstancia.

Para México, lo mismo que para muchos países, se tendría que enunciar su nombre en plural: “Méxicos”, debido a las tantas realidades representadas en sus múltiples regiones socio demográficas con sus características culturales, étnicas, urbanas, agrarias, marginales; habitantes de valles, montañas, desiertos, riberas de ríos, lagos, mares y muchas diferencias más que hacen de cada caso una realidad diferente a las otras.

Incluso, dentro de cada grupo social perfectamente definido, existen diferentes micro realidades en cada persona y cada familia, que rompen de manera definitiva con el hecho de que la realidad es una y única para todo mundo.

Lo anterior presenta un panorama con cierto grado de complejidad para analizar y dotar de servicios a los habitantes de cada región de un país, por ejemplo, el brindarles educación con calidad y suficiencia.

Hablar entonces de realidades paralelas, resulta hacerlo de algo que es perfectamente entendible y hasta natural; sin embargo, cuando esas realidades se trasladan al terreno de la virtualidad, encontramos de frente opciones que denominadas como: “mundos posibles”, “realidades alternas”, “universos paralelos” y otros más, abren ventanas hacia lugares insospechados e infinitos.

Furtiva e inadvertidamente durante las últimas décadas, estas realidades paralelas se han ido introduciendo en la vida cotidiana de las sociedades y sus habitantes, de forma tal que todos los procesos cibernético - virtuales han rebasado a la realidad física de manera contundente, cual piloto de fórmula 1 a un peaton, en muchas ocasiones sin que este último siquiera se haya dado cuenta.

Un ejemplo lo representa el uso del aparato de comunicación de telefonía celular, el cual en muy poco tiempo pasó de ser “mágico” al comunicar inalámbricamente la voz de personas de un lado al otro del mundo, luego el enviar imágenes y videos; a ser actualmente “vital”, dado que en esa pequeña pantalla cabe en alta definición el mundo entero; resulta impensable el concebir a una persona sin un aparato de estos. 

Ha sido tan avasallador la irrupción de esta telefonía que, sin darnos cuenta, ha brindado una puerta para que todos los habitantes de una realidad física ingresen a universos paralelos, primeramente, cada individuo caracterizado como quisiera ser visto, proyectando su álter ego, para después enfilar hacia rutas en el ciber espacio en redes sociales, plataformas de streaming, lugares de esparcimiento, juegos y retos que te hacen perder la vida, no solo virtual sino física; reintroduciendo nuevos códigos y lenguajes, así como costumbres de acciones sociales.

Un par de instituciones, entre otras, que han visto pasar de largo estas realidades virtuales y sin darse cuenta a tiempo de que estaban siendo rebasadas, sin duda es la familia y la escuela; para la primera de ellas, bastaría observar la hora de reunión familiar para consumir alimentos, durante la cual todos sus integrantes al sentarse a la mesa, en lugar de dialogar como era lo esperado, abren la puerta digital e ingresan a su universo, estando viviendo al unísono en dos realidades: al tomar un bocado y en automático deglutirlo en su realidad física, al tiempo que en su paralelismo virtual transitan por la red en el espacio de su predilección.

Para la educación escolar, resulta particularmente extraño la tardanza, soberbia u omisión voluntaria que se manifestó para reconocer las bondades que se pudieron haber aprovechado a tiempo con estas realidades paralelas; tuvo que venir la pandemia del COVID 19, para emitir un golpe de autoridad y obligar a voltear hacia lo que el mundo entero ya vivía.

Es curioso observar cómo la telefonía celular, ante el desconocimiento de sus posibilidades didácticas, tanto de profesores como de los alumnos, era prácticamente prohibida en la mayoría de los planteles escolares, era motivo de reporte, suspensión y hasta de expropiación o retención de estos aparatos, para venir, al paso del tiempo, a casi depender de ellos y posterior a la pandemia, entender que, presencial o a distancia son, entre otros,  elementos insoslayables para la educación actual.

Desde luego que la telefonía celular es solo una de las puertas de entrada hacia estas realidades paralelas, las cuales seguramente iran evolucionando y presentando cada vez formas más innovadoras para la vida cotidiana y para el proceso educativo. 

Es ya una realidad los nuevos espacios virtuales, sus contenidos y las formas de acceder a ellos. Reuniones familiares en donde no importa el lugar del mundo en donde se encuentren sus integrantes, van a poder observarse frente a frente, rodearse y admirarse en tres dimensiones cual si fuera en vivo, con su imagen real o la imagen que cada quien decida; por otro lado, cualquier persona podrá dialogar de manera espontánea sobre cualquier tema con el “otro virtual”.

De la misma forma para la educación, se tienen ya aulas virtuales en las cuales los alumnos ingresarán y observaran, cual, si fuera en vivo la clase, a su maestro y sus compañeros; podrán dialogar y hasta pedir que el “otro virtual” elabore sus tareas, ensayos o bien, resolver dudas sobre sus problemas académicos y hasta personales, cual si fuera otra persona.

En efecto, estamos ya ante la entrada del Metaverso y la Inteligencia Artificial, que son las realidades paralelas que en el panorama presente están a la vista. 

Maestro, maestra, papá y mamá: ¿estamos listos para vivir, pero más importante, para usar a nuestro favor esas realidades paralelas? O ¿vamos a ser rebasados nuevamente y quedar a la saga como simples espectadores?

Comentarios: gibarra@uaslp.mx