Familia y escuela Capítulo 167: La educación y el ajedrez
El enseñar y aprender no tiene por qué ser un proceso tormentoso y angustiante; menos el tener la reacción de muchos estudiantes y hasta maestros que acuden a un plantel escolar como una experiencia poco atractiva y aburrida.
Aprender jugando, es una forma que la educación tiene para su beneficio; vivir una experiencia agradable y, casi sin darse cuenta, aprender acumulando conocimientos, razonando, resolviendo situaciones y tomando decisiones; asumiendo retos, equivocarse y aprender de ello, motivados a retomar el juego sin parar con constancia y emoción, como ocurre con los que estando frente a una pantalla, encaran un juego de vídeo o, quienes en los juegos de mesa, luchan divertida y con adrenalina para mejorar en cada intento.
Técnicamente hablando se le conoce como gamificar, que significa “llevar el juego a ámbitos donde no es común, como la formación, los recursos humanos o el propio desempeño del trabajo”; también conocido como: ludificación “…el uso de mecanismos, dinámicas y marcos de juegos para promover conductas deseadas”.
Uno de los juegos que promueve habilidades, actitudes y valores, además de aplicar conocimientos básicos de manera natural, es el ajedrez.
Se tiene claro el objetivo del juego y para ello, se sabe y se tiene un recuento de las herramientas y el equipo con el que se cuenta para lograrlo; se conoce de antemano, las características de cada miembro que conforma el equipo del que se dispone, por lo que de cada elemento se ubican sus características, fortalezas y límites.
Desde el rey, pasando por todas las piezas, hasta el último de los peones, se promueve con todos ellos el trabajo en equipo, asignando una labor a desempeñar, como sucede en la realidad cotidiana de las personas, al trazar una ruta en los proyectos que emprenden, desde los más simples como el barrer o cocinar, hasta labores más complejas como las de un empleo o profesión, donde la labor de equipo es coordinada.
Se enseña, a manera de reto, a planear, ordenar y jerarquizar tus ideas y acciones, al diseñar una estrategia tomando decisiones, de inicio, con el uso de los propios recursos asignando objetivos, tiempos, momentos adecuados para ejecutar actividades; se toman en consideración los diferentes obstáculos que se pueden presentar y se tiene ya preparado el plan “b”, “c” y hasta el rediseño total para volver a comenzar; tal como se pudiera actuar en la vida diaria.
Se planean los recursos con los que se cuenta para lograr una meta, se suman las características y los puntos a favor y se multiplica por el número de intentos posibles para hacer pruebas y movimientos; se restan paulatinamente los obstáculos, todo lo anterior para dividir los esfuerzos entre todos los miembros del equipo y llegar al objetivo propuesto.
Se promueve el no aceptar planes como recetas mágicas, fomentando la creatividad y la adaptación de acciones de manera contextualizada, según las condiciones y diferentes realidades que se presenten en cada caso y situación específica que cada individuo experimente.
Con este juego, se abre el mundo de la resiliencia, mostrando que para un logro existen mil caminos y que, ante las aparentes fallas y fracasos, se tiene una oportunidad más para lograrlo, conformando la motivación de seguir buscando y luchando por lo que se anhela.
Es una herramienta didáctica prospectiva, proponiendo que cualquier paso hacia delante, atrás o de costado, es para avanzar con mayor seguridad; lo que refleja a manera de planeación, los proyectos que todos crearemos para configurar nuestra personalidad, lo que no es poca cosa.
Con el desarrollo y participación en esta actividad recreativa, se proyecta la práctica de valores como el respeto, la civilidad al esperar turnos, la empatía de entender que frente a ti existe el derecho de alguien más y que no se puede trasgredir de manera impositiva o prepotente.
Considero importante fomentar y enseñar este juego desde edades tempranas en familias, escuelas o entre pares; dado que, de manera natural, motivante y lúdica, se introducirían en la mente de las personas, elementos educativos para la vida.
El jugador de ajedrez se atreve a pensar hacia el futuro, dibujando en su mente toda serie de movimientos y opciones que se pueden efectuar para lograr los objetivos que en cada persona se van configurando.
Aprender habilidades para la vida, ha sido un objetivo que desde hace mucho tiempo se ha mencionado en diversos planes de estudio, escuelas y familias ¿por qué no hacerlo de manera lúdica?
Comentarios: gibarra@uaslp.mx
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