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Familia y escuela Capítulo 177: Padres de familia y la sociedad en general, inmersos en la educación y revisión de los libros de texto gratuito

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Agosto 30, 2023 03:00 a.m.

A

El fenómeno educativo como tal, es un proceso que se da y ocurre en todo tiempo, espacio y circunstancia; por ello, las enseñanzas y los aprendizajes, no solo de conocimientos científicos, suceden en todas partes.

De manera casi cotidiana y generalizada, este proceso educativo había sido conferido casi exclusivamente a la escuela, autoridades, personal administrativo, de apoyo y desde luego, a los maestros y maestras quienes, en esta óptica, son los encargados de “educar a los alumnos”.

Lo anterior fue denominado como: Educación Formal, en la cual se transmiten los conocimientos básicos y especializados, los cuales de manera técnica y científica, pedagógica y didácticamente son vertidos en cada persona y verificados con controles numéricos, conocidos como: calificaciones, las que dan cuenta del “aprendizaje” obtenido por cada alumno y con ello demostrar que ha superado cuantitativamente la etapa escolar en la que se encuentre.

Resulta claro que durante esta etapa, con la interacción social que ocurre entre sus integrantes, pasan mil cosas más que solamente conocimientos teóricos; se presentan y se desarrollan elementos tales como las habilidades socioemocionales, la reproducción de costumbres y conductas de diferentes tipos, actos de resiliencia y distintas maneras de afrontar y resolver diversas situaciones, entre un mar de cosas más y que, durante mucho tiempo no tuvieron cabida en los programas escolares, pese a que tienen relación directa como parte importante en la formación de todos los alumnos de los distintos niveles educativos.

Todos estos elementos sociales y culturales, lo mismo que los conocimientos teóricos, en su conjunto representan la llamada Formación Integral y ocurre, lo mismo que en los grupos escolares, en todos los lugares en donde los miembros de la sociedad tienen interacción; es entonces que, la educación se aprecia como un proceso en el cual están inmersos todos los actores.

Se aprende en la familia, con el grupo de amigos, vecinos, en ámbitos religiosos, deportivos, laborales y, por supuesto, en todos los accesos a los diferentes medios de comunicación y redes sociales; de forma tal que, cuando algún alumno llega a la escuela, lleva ya una gran carga cultural, valores, actitudes y conocimientos,  los cuales están renovándose y confirmándose día con día.

Es de esta forma que se entiende la necesidad ineludible de estar inmerso en el proceso educacional y no dejar esta tarea solamente a las escuelas, sino estar realizando cotidianamente estas acciones de manera consciente.

Por lo anterior, considero que los padres de familia, medios de comunicación y la sociedad en general tienen todo el derecho y hasta cierta obligación, politizada o no, de revisar el contenido de los libros que de manera gratuita son distribuidos para cumplir como apoyo a la educación formal de hijos y alumnos.

De la misma forma, pediría asumir el mismo derecho y cierta obligación de no solo revisar los textos, sino todos los aspectos directa o indirectamente relacionados con la educación formal e integral que afecta a los escolares.

Con la misma vehemencia y determinación asumir desde familias, ONG s, sectores políticos, religiosos, comunicativos y redes sociales a analizar y luchar por aspectos que impactan la educación y sus educandos en todos los niveles: la gratuidad real de la educación básica, las condiciones estructurales y de servicios en los planteles escolares, la inversión correspondiente al 8 % del PIB en el sector educativo y la redistribución de su gasto corriente; la cobertura total a sectores marginales y necesidades generales arrastradas por décadas.

En el ámbito familiar la revisión de las conductas y acciones salutogénicas físicas, mentales y sociales mediante las cuales se reproducen de manera altamente efectiva los valores, actitudes y costumbres de cada integrante.

En los medios de comunicación, incluidas todas sus formas de difusión, la calidad de contenidos que muestran y reproducen de manera mas efectiva que las clases escolares a la corrupción, violencia, acciones moral y psicológicamente no saludables y toda la apología que se hace de los delitos, desde los más burdos, hasta los de cuello blanco, en ambos casos con total impunidad.

En los sectores políticos, desde los grupos y partidos hasta las máximas tribunas de diputados y senadores, analizar la ínfima calidad de los discursos y su argumentación, educando a la población del tipo de expresiones, herramientas culturales y actitudinales que se debe tener para ocupar ese puesto de representación de la población mexicana.

Con los maestros, quienes a final de cuentas son los que tienen que “dar la cara” ante todas las formas y reformas de educación escolarizada que se implementen, no obstante lo asuman con capacitaciones de manera improvisada; analizar y actuar con la determinación de brindarles un mejor nivel de vida con salarios dignos que representen verdaderamente la importancia que tiene la labor de educar integralmente a nuestros hijos y evitar que busquen doble o triple empleo para subsistir; con una capacitación planeada gradualmente y otorgada por expertos, como se hace en las empresas privadas, entre muchas otras mejoras necesarias.

Cierto, se está en todo el derecho y hasta cierta obligación de estar inmersos en el proceso educativo de hijos y alumnos, de revisar los errores y contenido ideologizante que, sin duda presentan todos los libros de texto gratuito que reciben; pero a su vez y con la misma energía y empuje mediático, asumir todos los pendientes que la educación tiene, no solo en tiempos y coyunturas políticas.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx