Familia y escuela Capítulo 190: La caja de herramientas
La educación es un proceso más complejo que lo que simplemente se aprecia o se entiende de manera casi generalizada; no consiste en solamente cumplir con los objetivos y contenidos de un programa de estudios escolares o, con difundir y hacer cumplir de manera irrestricta las normas y costumbres sociales y culturales preestablecidas mediante las dinámicas de formación en familias, empresas, medios de comunicación y distintas redes y plataformas digitales existentes.
Debemos de comprender que el proceso de educar, es decir, el enseñar y el aprender, el formar y conducir personas, así como el influir en ellas, tiene que ver con ingredientes que van mucho más allá que los procedimientos puramente técnicos y las formas en que de manera rutinaria y mecánica establecemos para que, a quienes nos dirigimos, repitan fielmente y dominen, cual pieza robótica o software especializado, los conocimientos, fórmulas y pasos a seguir que, académica y socialmente, alguien ha establecido como los necesarios para la vida de las personas.
¡Que frustración y choque tan duro se experimenta! al confrontar de manera individual en el contexto y situación específica en el que cada uno se desenvuelve, que la realidad nos rebasa y que las fórmulas infalibles que nos prometieron que iban a darnos la seguridad de triunfar en la vida, aún memorizándolas y aplicándolas paso a paso, no sirvieron.
Menciona un ingeniero civil: “… ¿sabes qué ha sido lo más complicado de mi carrera? estos últimos tres años de taxista”
Como dijimos al principio, la educación es un procesos más complejo del que en apariencia se aprecia, se debe entender que el simple hecho de estar con ellos, con quienes aprenden de nosotros, reciben lecciones de vida, aún sin proponérnoslo.
Educar en este sentido, resulta en pensar, actuar y fomentar integralmente todo el proceso; desde luego que se añaden inevitablemente elementos que quedan aparte de todo programa y contenidos formales establecidos en un plan de estudios escolarizado, así como de obtener una calificación numérica y aprobación mecánica y fría; de igual forma, están paralelos a los convencionalismos sociales, culturales y laborales predeterminados por el conglomerado.
La concepción de educar que planteo consiste en brindar “herramientas para la vida”, no solo las predispuestas en contenidos teóricos, sino aquellas que, de manera, tanto o más importantes que las tradicionales, vayan integrándose para emplear en situaciones específicas en el devenir y contexto cotidiano de cada persona.
Desde luego que esta postura no es nueva y existen ya propuestas educativas “para la vida”; en este caso, equiparo a la educación con ir aportando a la “caja de herramientas” que todos poseemos, diferentes utensilios y formas de ver la vida, de resolver problemas, actitudes, valores. virtudes y todo un herramental que en determinado momento pudiera ser usado en necesidades precisas.
Por supuesto que en esta caja, los conocimientos adquiridos educativa y formalmente en las escuelas, familias y medios de comunicación, dejarían de ser fórmulas mágicas y únicas, para pasar a formar parte como una herramienta más.
Echemos un vistazo a esta caja de herramientas: en una esquina, encontramos casi abandonada a la resiliencia; qué importante sería que desde familias, redes sociales y desde luego en escuelas, desde preescolar y en todos los grados educativos, tuviéramos la enseñanza y el fomento práctico de esta cualidad, incluso, no me extrañaría en lo más mínimo que existiera una materia con este nombre.
En otro rincón está la autoestima, con todos sus componentes: autoimagen, autodefinición, autoconcepto, autopercepción, autorrealización, autoaprendizaje y más. todos ellos fundamentales para el desarrollo integral y equilibrado del ser humano. ¡Cómo se le pudo olvidar a los procesos educativos formales incluir el fomento y uso de esta herramienta!
A un lado, encontramos ya con polvo encima, a la creatividad e innovación; ¿cómo no iban a estar empolvados? si desde que se implantó la seguridad de que, repitiendo paso a paso y sin criticar todos los contenidos, fórmulas, preceptos y elementos teóricos y socioculturales, seríamos aceptados y etiquetados como los mejores y tendríamos éxito en la vida, entonces ¿para qué innovar?
Las herramientas que se encuentran incluidas en la caja y la lista de todas las que faltan por incluir no termina, ese recipiente es de espacios inagotables, por demás útil e insospechado cuándo podríamos echar mano de ellas, lo que es seguro es que, de fomentarlas, estaríamos preparados para usarlas.
Todos los que nos dedicamos a formar seres humanos en los diferentes niveles educativos; todos los padres de familia, dueños de talleres, empresas, comunicadores y en suma, todos aquellos de quienes podemos aprender algo, debemos estar conscientes de que educar consiste en incluir diferentes herramientas y desempolvar otras que ya se encuentren dentro, para lograr aquipar a la persona con todo lo necesario para su desarrollo vital
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