logo pulso
PSL Logo

Familia y escuela Capítulo 196: ¿Qué hacemos con los reprobados?

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Enero 10, 2024 03:00 a.m.

A

De acuerdo con los principios filosóficos que guían a la educación en general, tenemos que ésta, es la que “ilumina el camino correcto para quienes son educados…” “libera de la ignorancia” “es base del desarrollo humano” y muchos preceptos más que, sin duda son muy loables; sin embargo, en este momento, la educación se ha llenado de ideales y principios pragmáticos y de características que han logrado crear una clase que se ha visto excluida socialmente: los reprobados.

Existen muchas razones que argumentan y explican el por qué alguien resulta reprobado o como se dice de manera menos agresiva: “no aprobado” en alguna materia, área o asignatura cursada; la mayoría de ellas, atribuidas a los alumnos.

En efecto, encontramos infinidad de alumnos que, por el simple hecho de asistir a una escuela, del nivel educativo que se trate, tienen ya predispuesta la etiqueta de: “aburrimiento” el estar sentado una cantidad de tiempo escuchando o viendo proyecciones de PowerPoint otorgadas por sus maestros; incluso, ya para algunos, la obtención de calificaciones aprobatorias no son suficiente presión para que pongan de su parte en desempeñar el rol de alumno.

Para estos estudiantes, la parte que se desprende de asistir a un plantel escolar, que recompensa las sesiones de aburrimiento, sin duda lo representa la convivencia social con sus pares; es decir el coincidir con amigos o personas del sexo opuesto.

El otro lado de la moneda, el representado por el estudiantado que tiene al ámbito escolar como su segundo hogar, sí se encuentra bajo la presión de obtener una calificación aprobatoria que muestre “que han aprendido” los contenidos abordados en un curso.

Otros factores externos que, sin duda, influyen para que se pueda producir el fenómeno de la reprobación, se encuentran personificados en docentes con escaso compromiso con la formación integral de sus alumnos, los cuales bajo el pretexto de que “ya di mi clase y el alumno es el que no estudia” o incluso, reducir todo lo revisado en un curso a una sola aplicación de un examen teórico, en el cual literalmente el estudiante se “juega su vida académica”, provocando un estrés y presión suficiente para que haya una buena cantidad de reprobados.

Por otro lado, otro factor que a últimas fechas ha incidido en la visión de la reprobación escolar, es la aparición de todos los medios y modos de comunicación en la sociedad del conocimiento, el cual se precipitó por la aparición de la modalidad educativa a distancia, propiciada por el periodo pandémico del virus SARS-CoV-2. Lo anterior vino a modificar drásticamente todos los procedimientos escolarizados y en algunos casos, sobre todo en los niveles educativos superiores, el no regreso a las aulas, al tener todo el conocimiento y hasta opciones laborales de fácil acceso en la virtualidad.

Es evidente que, ante la forma de comprobar que un estudiante adquiere el conocimiento, generalmente representado por un número, conocido como “calificación”, ésta ha ocupado el centro del aprendizaje, a grado tal que, si un alumno reprueba una sola asignatura o materia y, no obstante, haya aprobado el resto, debe abandonar todo su trayecto educativo pasando a formar parte de la población reprobada, en rezago o abandono escolar.

Entonces, ¿Qué se hace con los reprobados?

Por principio de cuentas, son marginados y en cierta forma excluidos de una normalidad social, además, se les tacha de: flojos, fracasados, inútiles, “burros”, “lacras” y una variedad de adjetivos, todos ellos denigrantes.

Pero, ¿en verdad son personas con escasas habilidades y aptitudes para el aprendizaje? ¿son material y capital humano desechable y poco útil? de hecho, así están siendo etiquetados; ¿existen circunstancias sociales, culturales, económicas o de otra índole que explique este fenómeno?

De acuerdo con las últimas notas de la prueba PISA para México, publicados a finales del año 2023, resultamos reprobados en matemáticas, lectura y ciencias. ¿En verdad somos tan ”burros” o ineptos? Y si así fuera, ¿seguimos excluyendo a los reprobados?

La prueba internacional referida arroja, entre otros, un par de datos más que resultan rescatables para la atención a reprobados: “…el 25% de los estudiantes en México informaron sentirse solos en la escuela y un 26% se sintieron marginados o excluidos”.

La Educación escolarizada, no consiste solamente en poner al centro y buscar la obtención de una calificación como muestra de haber aprendido; además, una enorme asignatura pendiente y gran área de oportunidad, está precisamente en los estudiantes clasificados como “reprobados”, a los cuales se les debería asignar un formato, proceso y atención especial y no solamente marginarlos y correrlos de los planteles escolares de cualquier nivel educativo.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx