Familia y escuela Capítulo 299: La educación anclada al pasado, respondiendo a situaciones del presente sin tomar en cuenta al futuro
Hablar del pasado, presente y futuro ciertamente no resulta nada fácil, sobre todo cuando se aprecian a la luz de los procesos sociales y todas las situaciones que de estos se derivan: Educación, cultura, economía, ciencia, progreso, política y una larga lista de factores que se engloban.
Se tiene, además, una percepción generalizada de que estos tres tiempos se encuentra separados de manera amplia el uno del otro, concibiendo al pasado como algo muy antiguo comparativamente con el presente y, a su vez, éste muy lejano del futuro; sin embargo, forman parte de tan solo un instante: "...al dar un paso, el pie que se adelanta está tocando parte del futuro, en tanto que el que queda detrás está tocando un instante del pasado, quedando en medio el tiempo presente..."
Los grandes eventos y procesos sociales como es la educación y formación de personas, han estado repitiendo de manera incesante las formas que en el pasado han demostrado tener una buena dosis de éxito y resultados positivos; bien sea en los sistemas escolares formales o al interior de las familias y sus hogares, así como en otros procesos formativos desarrollados en diferentes espacios.
De manera escolarizada se tiene ya predeterminados, desde un tiempo pasado, los contenidos que se deben desarrollar, enseñar y aprender en los diferentes grados escolares, junto con los formatos, técnicas, maneras de evaluar y resultados esperados; de la misma manera ocurre en las familias con sus diferentes costumbres, actividades, recreación, ideología política, religiosa y en general todos los preceptos que han sido transmitidos y preservados de generación en generación.
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Resulta lógico el entender la influencia que tienen las formas experimentadas positivamente desde tiempos anteriores, sobre todo porque ofrecen la seguridad de lo ya comprobado lo que otorga confianza de realizar acciones con cierto grado de éxito, comparado con la inseguridad que sin duda ofrece el tiempo futuro, entendido como las situaciones que están "por venir" pero que, efectivamente no sabemos ni podemos predecir.
Durante el proceso educativo, incluido todos sus actores: autoridades, maestros, alumnos y padres de familia, la situación de quedarse "encadenado al pasado" se confronta con todo lo que día con día se va presentando y no queda más remedio que adecuarse al presente, realizando acciones remediales improvisadas y nuevamente quedar dentro de esa burbuja sin pensar en el futuro.
Diferentes ejemplos dan cuenta de ello: Desde mucho tiempo atrás se venían sucediendo en los diferentes planteles escolares, situaciones de marginación, exclusión, violencia psicosocial y otros fenómenos que ocurrían durante la interacción personal con el grupo y no fue hasta que se nombró, desde el presente, a estas conductas como: "acoso escolar" o "bullying" que se reacciona y se introducen campañas, estudios y repercusiones en el ámbito escolar y familiar.
Lo mismo ocurre con la alimentación, dada desde tiempo atrás la cultura alimenticia prevaleciente en el país, que se fueron mostrando los alarmantes niveles de obesidad y las enfermedades relacionadas con este fenómeno que se reacciona educativamente ante este hecho de salud pública.
Algo similar ocurrió con la digitalización de la educación, al estar ingresando desde finales del siglo pasado diversos formatos, tecnologías, aparatos, plataformas, aplicaciones y toda una avalancha de elementos cibernéticos en la vida cotidiana que de manera inmediata impactaron en la educación brindada en familias, escuelas y en los propios espacios virtuales que desde su presente fueron apareciendo.
Ante lo anterior, en las escuelas, tal pareciera que la educación al verse sorprendida ante esta irrupción, su primera reacción fue el desconocimiento profesional y laboral de las nuevas metodologías por parte de las propias autoridades y, desde luego, de los encargados de impartir los conocimientos, ahora con estos artilugios.
Se apreció de manera inmediata un rechazo y hasta llegar a considerar como algo "malévolo" en los planteles y se prohibió el portar y usar aparatos telefónicos celulares dentro de las aulas, así como el no difundir la cobertura, si existiera, del internet en la escuela; se incluía también la requisa de estos aparatos.
Pronto el mismo presente se encargaría de provocar una nueva reacción en los procesos educativos digitales, sobre todo ante la presencia, cada vez mayor de la educación virtual y a distancia que ya en otras partes del mundo se estaba empleando.
Lo anterior resultó en todo un "shock" que vino a provocar una sacudida tremenda en todos los procesos educativos, me refiero a la aparición de la pandemia del Covid 19; ésta implantó de manera oficial la educación a distancia, quedando reconocida legalmente en la Ley General de Educación en México en 2019, trayendo de vuelta el uso de aparatos y tecnología cibernética la que anteriormente era considerada casi "demoniaca".
La educación superior confronta su presente enseñando y capacitando a los futuros profesionistas con lo "más actual" en técnicas, conocimientos y procedimientos, mismos que cuando los estudiantes egresen serán saberes caducos ante una nueva realidad.
En efecto, la educación ha quedado atrapada en lineamientos y situaciones del pasado y responde a los que ocurren en el presente; pero, entonces, ¿Cómo sería una educación para el futuro?
Es cierto, la educación no puede predecir lo que acontecerá con total exactitud, ni puede profetizar el "por venir" y, aunque existen diversos ejercicios de prospección que se acercan a un planteamiento futuro, no se pueden generalizar ni mucho menos declarar como certeros en todo lugar y tiempo.
Lo que sí se puede efectuar educativamente, es el no declarar todos los conocimientos y sus procesos de enseñanza como certeros, totales y completos para siempre, dejando abierta la posibilidad de formar individuos para estar siempre alerta ante los cambios que el correspondiente presente les mostrará y dejar implantado los procesos de actualización y autoestudio en ellos.
"Todo conocimiento conlleva el riesgo del error y de la ilusión. La educación del futuro debe contar siempre con esa posibilidad... Nos hemos educado aceptablemente bien en un sistema de certezas, pero nuestra educación para la incertidumbre es deficiente... existen algunos núcleos de certeza, pero son muy reducidos. Navegamos en un océano de incertidumbres en el que hay algunos archipiélagos de certezas, no viceversa."
Edgar Morin
Comentarios: gibarra@uaslp.mx



