logo pulso
PSL Logo

Fotografías

Por Marco Iván Vargas Cuéllar

Marzo 18, 2021 03:00 a.m.

Vemos lo que queremos creer. –Robert McNamara

De entre los temas que suelen despertar el más amplio interés –y curiosidad- por parte de todos quienes participan en los procesos electorales se encuentra el de las encuestas de preferencias por muestreo, los sondeos de opinión, las encuestas de salida y los conteos rápidos no institucionales. Todo este conjunto de herramientas se relaciona con la necesidad de saber. Candidatas, candidatos, partidos, prensa, electorado. Todos queremos saber. La pregunta es ¿qué?.

Quienes se dedican de manera seria y profesional al asunto de las encuestas de preferencias electorales entienden que la rigurosidad de la metodología es determinante para la solidez de sus resultados. No hay que olvidar que las encuestas por muestreo arrojan una fotografía de un momento concreto sobre lo que piensa un conjunto de personas que han sido seleccionadas como informantes. Lo que sigue es la inferencia estadística, es decir, extraer juicios o conclusiones a partir de los hallazgos cuantitativos de un estudio determinado.

Vamos por partes en este asunto. Una cosa son los resultados de una encuesta de preferencias por muestreo y otra lo que los resultados significan; y otra distinta lo que determinados personajes quieren que la gente piense o crea a partir de estos resultados. Cuando se trata de medir la intención del voto, las encuestadoras serias le prestan la mayor atención posible a la rigurosidad de un método que permita recoger información sobre una decisión personal donde el informante puede o no estar dispuesto a contestar con la verdad. El prestigio de quienes hacen bien este trabajo se basa en la capacidad de demostrar que ese estudio que se hizo a una pequeña parte de la población, arroja datos que son congruentes con la manera en que piensa y actúa la población en general. 

Luego viene lo que significan estos resultados. No son pronósticos, no son predicciones ni proyecciones a futuro. Son fotografías de un momento concreto sobre lo que piensa una fracción determinada de la población. Las conclusiones que cada quien pretende sacar de estos resultados forma parte de un fenómeno de importancia crucial. Queramos o no, los resultados de las encuestas –serias, bien hechas o no- construyen la narrativa de lo que ocurre en una elección y puede afectar –insisto, puede- a la manera en que las personas conciben su propia participación en la elección. Le cuento con un caso concreto.

Hace unos meses se publicó un artículo en el portal fivethirtyeight.com -sitio especializado y todo un referente en estudios demoscópicos en Estados Unidos- en el que se abordaba la cuestión sobre las motivaciones de las personas para salir o no a ejercer el voto en las elecciones presidenciales de aquel país. Me resultó de sumo interés el testimonio de una persona que en la elección de 2012 –en la que resultó reelecto Barack Obama- decidió no salir a votar porque consideraba que su candidato favorito no necesitaba de su voto para ganar. Para la elección del 2020 decidió salir a votar porque consideraba que su voto era indispensable para poder sacar al Presidente -y candidato- Donald Trump de la Casa Blanca. Los resultados de las encuestas pueden impactar en el ánimo de las personas frente al día de los comicios.

Los contendientes saben de esto y a menudo emplean los resultados de las encuestas como una estrategia para propiciar un estado de ánimo o una percepción que sea favorable para sus intereses. Por eso no sorprende que durante las campañas proselitistas y en días previos a la jornada, se intensifique la divulgación de este tipo de datos.

El hecho de que por años se hayan observado estos comportamientos no significa que deban normalizarse algunas imposturas propagandísticas. Pero esto no se combate con procedimientos administrativos como pretenden quienes piden que las autoridades electorales sean responsables de certificar la validez de las encuestas. En lugar de ello, es una mejor idea cultivar una noción de la verdad a partir de conceptos claros. Respetar a la ciudadanía implica hablar con la verdad. Sin charlatanería, timos o tomaduras de pelo. De eso estamos hablando.

Twitter. @marcoivanvargas