HAGO QUE NOIGO
En recuerdo de Carlos Rojas Gutiérrez, gran jefe y mejor amigo.
Incómoda, muy incómoda la posición en la que ha quedado Ricardo Gallardo Cardona luego de las embestidas en su contra por parte del empresario huasteco Gerardo Sánchez Zumaya. Será interesantísimo ver cómo sale de ella el Gobernador o, caso contrario, cómo se agrava el desgaste que le está significando local y nacionalmente.
Permítanme una primera consideración: Si Gallardo Cardona y Sánchez Zumaya fueran dos vecinos encorajinados porque uno deja su basura en la puerta del otro y éste saca su perro al jardín de aquel, como dirían en el barrio, “A’i se arreglan batos”.
Pero no es así. Uno de ellos es el gobernador del estado y de alguna manera ostenta su representación para efectos oficiales. En ese carácter puede influir para bien o para mal en la vida de tres millones de potosinos y potosinas; tiene un amplio margen para incidir sobre la aplicación de buena parte de los 66 mil millones de pesos del presupuesto estatal, y es jefe de varios miles de policías y, en los hechos, también del Ministerio Público donde se arman y desarman carpetas de investigación a contentillo.
Visto así, las duras y muy difundidas diatribas y epítetos de Sánchez Zumaya en contra de Gallardo Cardona, vertidas unilateralmente hasta ahora, son por definición un tema público. Sobre todo, me parece, porque en la andanada del huasteco hay imputaciones que implican acusaciones muy serias. Le ha dicho, y reiterado con elevación del tono, “El delincuente más grande del Estado” y “Narco gobernador”; lo ha acusado de utilizar la Fiscalía General del Estado y la policía estatal para acosar e intimidar a quienes no acatan sus designios políticos y, ojo, amenazó con revelar “todo el tema de obras que traes en el estado con Navarro (Juan Manuel, diputado federal, ex de obras públicas en Soledad y principal operador del gallardismo en materia de moches)”. Lo demás, las ofensivas adjetivaciones entre las cuales “gobernadorcito” es la más suave, no tienen mayor importancia.
¿Por qué digo que es incómoda la posición? No sé si en situaciones difíciles como ésta Gallardo Cardona suela escuchar opiniones de colaboradores, asesores o amigos. No lo sé. Pero puedo fácilmente, beneficiándome de una larga experiencia, recrear los principales consejos que pueda haber recibido. Unos serían tipo “no te enganches gobernador; no te subas a ese ring. Si lo haces vas a alargar el tema y vas a bajar de nivel para ponerte al suyo. Aguanta vara un poco y el asunto va a ir desvaneciéndose, sobre todo ahora que se vienen las candidaturas que distraen a la gente”. Y más argumentos similares, como el cuidado de la investidura o ese tan socorrido de “no engrandezcas a
ese cuate”.
Por el otro lado, estoy seguro de que no faltaron los de “no te quedes callado, recuerda que el que calla otorga; si no lo aplacas de rato cualquier changuito te va a brincar. Es cosa de buscarle y a chaleco que le encontramos con qué meterle un buen calambre” o “sin hacer ruido promuévele una investigación penal y que le caigan encima cuando menos lo espere”. Y más de
ese corte.
En medio, algún consejero de corte más tradicional quizá le sugiera aguantar un poco a ver si el asunto se desinfla solo y en simultáneo ir buscando un posible mediador de peso y con autoridad, para por conducto suyo tender una ramita de olivo y ver qué le interesa a Sánchez Zumaya que esté en sus ma-
nos concederle.
Al día de ayer, la primera posibilidad (ignorar el conflicto y apostar a su gradual desvanecimiento) no se ha hecho presente, ni siquiera se ha insinuado. Al contrario. Luego de su video inicial de 3 minutos difundido al mediodía del jueves pasado, al atardecer de ese mismo día Sánchez Zumaya concedió una entrevista de 23 minutos al periodista Omar Niño, en la que ratificó todos sus dichos, los amplio y los endureció.
Ante el silencio gallardista, parecía que efectivamente el diferendo podía ir desdibujándose, pero este martes el empresario huasteco volvió a la carga con epítetos más pesados y descalificaciones más severas, envuelto todo en un matiz claramente político.
Independientemente de cómo evolucione y termine este caso, por lo pronto me parece que hay varias circunstancias o posibles consecuencias que no podemos ignorar.
A saber: a) el mito de la intocabilidad de Gallardo Cardona se desmorona. Igual sucede con el del miedo reverencial, por no decir pavor, que se supone infunden él y su clan al común de los mortales; b) se abre la posibilidad de que, efectivamente, alguien más se sienta motivado y se lance al ruedo para denunciar, acusar, descalificar o agraviar, por sus propias razones, y c) una combinación perniciosa -para Gallardo- que dependerá de cómo evolucionen las cosas, sería que Sánchez Zumaya sea visto como el refugio, patrono, patrocinador, valedor o charro negro de los agraviados de RGC y acudan a él en peregrinación buscando comprensión, amparo, compasión o de perdido una palmadita en la espalda, y que él asuma ese papel.
También conviene registrar:
a) el compromiso claro de GSZ de dar a conocer “todo el tema que traes de obras en el estado”. Si no lo cumple, irá construyendo su perfil de mentiroso. En la Huasteca se reconocen, respetan y admiran la valentía y la franqueza. Los habladores o echadores son repudiados, tengan el dinero que tengan;
b) Llama mucho la atención que nadie ha salido en defensa de Gallardo Cardona. Ni colaboradores, asociados políticos, beneficiarios de sus obras y programas, partidos afines, gremios, contratistas o proveedores ni -muy notoriamente- empresarios cuates. Un clima extremadamente gélido envuelve al mandatario potosino. Y
c) Con las incidencias de esta confrontación se confirma un hecho grave, aunque poco ponderado: el uso político-faccioso que Gallardo viene haciendo del Ministerio Público y de la Policía de Investigación -vale decir de la Fiscalía General del Estado-. En Rioverde es verdad sabida que el cambio de chaqueta partidista del alcalde Urbiola lo arregló in extremis el fiscal estatal y no un dirigente partidista. Las huellas de este modo abusivo de manejar las instituciones también están en Matehuala y otros municipios. Esto no sólo es ilegal, es asquerosamente inmoral, abusivo.
Por otra parte, es evidente que la catarata de acusaciones, denostaciones y diatribas que lleva una semana apechugando Gallardo Cardona, resulta también muy inoportuna. Entre otras cosas, porque está en difíciles negociaciones con Morena para que lo dejen ser el dueño de la pelota electoral en San Luis Potosí.
Me viene a la memoria una frase de Winston Churchill. La pronunció a raíz del triunfo de las tropas británicas sobre el Afrika Korps del mariscal Rommel en el norte de África. Era ésta la primera victoria militar importante para el Reino Unido luego de años de duras derrotas. Dijo “Este no es el fin. Ni siquiera es el principio del fin. Pero tal vez sea el fin del principio”.
COMPRIMIDOS
En el Partido Acción Nacional hay un grupo no muy grande de lo que pudiéramos llamar puristas, que por lo visto preferirían ganar el todo de nada que una parte de algo. Son los que están dispuestos a ir solos con tal de que el candidato a la alcaldía sea un panista. También hay, y veo que son más, los albiazules razonables que tienen claro que si en la búsqueda de la alcaldía de la Capital no van en alianza PAN, PRI y PRD, pierden porque pierden.
El pasado fin de semana, con la intervención de Marko Cortés, las instancias locales del panismo convinieron en que la candidatura en el municipio se definiera por encuestas, para que se postulara al más competitivo, fuera azul, tricolor o amarillo. Algo pasó, porque ayer a mediodía se supo que ya se había consensuado que el candidato del Frente fuera del PRI, o sea Enrique Galindo. Dudo que hubiera mejor opción.
En el asunto del presupuesto del Ceepac acortado a machetazos por el Ejecutivo en complicidad con el Legislativo, todo indica que la sangre no llegará al rio. El jueves pasado se reunieron Lupe Uñas Largas y el diputado Chiquis Fernández con la presidenta y otros funcionarios del Ceepac. No se proporcionó información detallada, pero sabemos de buena fuente que se convino en volverse a reunir para ajustar las cifras con racionalidad y asegurar el desarrollo del proceso electoral en forma correcta. La estrategia sería incrementar el presupuesto mediante ajustes parciales en las semanas venideras, dejándose ya de reclamos públicos, declaraciones fuera de tono y demandas en los tribunales electorales.
En lo que parece ser un paso en la nueva dirección, el consejo del Ceepac sesionó el viernes e hizo los ajustes necesarios para que su presupuesto quedara en los términos decretados por el Congreso: Financiamiento a los partidos, 206 millones; Proceso Electoral, 100 millones, y Gasto Ordinario, 76 millones. (382 millones en total). Se suprimieron 61 millones para un eventual referéndum y elecciones en las Juntas de Participación Ciudadana; se le redujeron 17 millones al gasto normal, y se asumió el recorte de 207 millones al proceso electoral. Esto último es inviable, pero se aprobó así para fines cosméticos y para recuperar la diferencia en partidas menores que no hagan evidente que el Ejecutivo y el Legislativo dieron su brazo a torcer.
Extrañamente, sin duda resultado de las escasas coordinación y destreza administrativa de este gobierno, un día después el robusto secretario de Finanzas salió a echar cacayacas a los consejeros electorales, aunque reconoció en su boletín que el presupuesto del órgano electoral será sujeto de “represupuestaciones”, más adelante. Sobre su desconcertante salida al llano hay varias teorías: estaba enojado porque no lo invitaron a la reunión del jueves, no tiene comunicación con Uñas Largas ni con El Chiquis, o es tonto.
Es un gobierno que obliga a numerosos ciudadanos, muchos de ellos viejitos, a pasar horas de la madrugada esperando que abran las oficinas del Registro Civil, que es el último en enterarse de que ya se comenzó a aplicar el aumento a las tarifas de los camiones urbanos, y cuyo secretario de Educación confiesa que no hay dinero para reparar escuelas a la misma hora que su jefe anuncia que se propone gastar millones de dólares en traer a Metallica, debería por lo menos sonrojarse; ponérsele colorada la cara de vergüenza. No les da mucho por ese lado.
Hasta el próximo jueves.




