Históricas verdades
El concepto “verdad histórica”, expresión que en su momento usó el entonces procurador General de la República Jesús Murillo Karam, es ahora empleado para designar una mentira con apariencia de verdad..
Definir la verdad es complejo y ha sido uno de los problemas que ha preocupado desde siempre los filósofos. El sentido mayormente aceptado de esta palabra es la conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente, acorde el Diccionario de la Lengua Española. Así, una verdad histórica es aquella en la que la narrativa de los hechos corresponde de manera fiel a lo ocurrido en el momento preciso a que aquellos se dieron.
El extraordinario abogado, ausente de entre nosotros hace menos de un año, Don Mariano Albor, escribió una vez: “El derecho penal es un lenguaje y un método reconstructivo de la realidad para reconocerla y verificarla jurídicamente”. De esta forma, el derecho penal, entonces busca la verdad histórica y su comprobación.
El mal sentido que se ha dado a la expresión de Murillo Karam ha llevado a suponer, actualmente, que una verdad histórica es distinta a una “verdad real”, lo cual, en esencia, es una tontería. La verdad es la verdad y no hay la posibilidad de que algo sea cierto y no al mismo tiempo.
En el Informe de la Presidencia de la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia en el Caso Ayotzinapa¸ podemos leer esa tergiversación conceptual, cuando se dice: “La verdad histórica privilegió la lógica jurídica con un enfoque penal por encima de la salvaguarda de los derechos humanos y derechos de acceso a la verdad. Así se construyó una narrativa que forzó y manipuló el sistema de procuración de justicia a fin de evitar una investigación profunda que permitiera conocer la verdad de los hechos, orientando la investigación al tema de secuestro y crimen organizado de autoridades y grupos delictivos locales”.
De esta forma, podemos ver claramente que el problema no es el concepto “verdad histórica” sino el procedimiento, la metodología para arribar al resultado que finalmente se dio a conocer en su momento.
Las conclusiones del Informe dan cuenta que las autoridades federales y estatales del más alto nivel fueron omisas y negligentes, existiendo elementos de presunción respecto de alterar hechos y circunstancias para establecer una conclusión ajena a la verdad de los hechos, es decir, a la verdad histórica. También señalan que las autoridades federales, estatales y municipales incurrieron en acciones y omisiones que permitieron la desaparición y ejecución de los estudiantes, así como el homicidio de otras seis personas.
Entonces, el problema no es la verdad histórica, como concepto, sino que la versión narrada en el caso de los desaparecidos era, en realidad, una mentira.
En materia penal se cuenta con un resultado, con algo que se presenta ante los ojos del espectador como el resultado de una conducta; corresponde a la investigación que haga la fiscalía, el ministerio público, tratar de aproximar la reconstrucción de los hechos a la versión más apegada posible a lo que ocurrió en realidad. La falla institucional de diversos planos de autoridad en México, según el Informe, es que a partir del resultado dado, realizaron una reconstrucción equívoca del pasado, por error, por omisión, por dolo o por todo junto.
Ya se detuvo a Jesús Murillo Karam como resultado del documento al que hemos hecho referencia y se dice que hay treinta y tres más involucrados.
Si, en efecto, el ánimo del gobierno es hacer justicia en el caso Ayotzinapa, pronto deberíamos ver la destitución y procesamiento de un almirante secretario de marina, de un Secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, a un general rescatado de las cortes judiciales estadounidenses y quien sabe a quién más, pues todos ellos, actualmente protegidos por el manto expiatorio de López, fueron parte, por acción u omisión (ellos sabrán) de esta nueva histórica verdad que destierra a la verdad histórica.
@jchessal



