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Honorable familia

Por Óscar G. Chávez

Diciembre 19, 2020 03:00 a.m.

A

Por mucho tiempo pensé, iluso de mí, que el Partido Acción Nacional se asemejaba a una familia modelo: clase media, universitaria, respetable y respetuosa, cuyos integrantes posiblemente podrían tener discrepancias como en cualquier familia, pero que todas eran resueltas “en dulce charla de sobremesa, mientras devoran fresa tras fresa”. 

Perdón por evocar a Gutiérrez Nájera, pero así de absurdo era mi romanticismo idealista. Desafortunadamente en algún momento descubrí la verdad, y me di cuenta que no es así; sí, pueden seguirse asemejando a una familia clase media, pero aspiracional, siempre inconforme con su entorno, con aquello que les recuerde su origen, y aunque aparenta ser respetable, imperan en su interior la hipocresía y la desintegración. 

Más aún, creo que pueden emular a un coro de canónigos de alguna catedral en el siglo XVII, en inmaculado traje de coro, con los libros de coro bajo el brazo, aparentando guardar la atención y devoción debidas a los oficios divinos, pero siempre aguardando en las afueras del templo, ocultos en los quicios del atrio o entre los contrafuertes, con la faca o el estilete que ocultaban bajo los ropajes, para con éstos asestar la mortal herida contra el compañero de coro que le disputaba los intereses a que se sentían merecedores. 

Es una realidad comprobada, éstos están dispuestos a matarse entre ellos en búsqueda, no sólo de una candidatura, sino también de conservar a sus grupos respectivos en el poder, y por ende conservar privilegios, y continuarse enriqueciendo a costa de los centavitos públicos. Aclaro, esto es propio de todos los partidos, no sólo de los azulitos. 

Quizá piensen ustedes que exagero, pero observen y analicen el entorno, los respetables candidatos se están ocupando de fragmentar la poca cohesión que queda entre ellos, decididos a evidenciar, primero al interior de su partido, y luego frente a la ciudadanía, al que consideran que puede ser un obstáculo en su desesperada carrera por el poder.

Personas, a las que yo supuse ayer honorables, hoy se empeñan en acabar con su único patrimonio moral que era la dignidad. Así, me viene a la mente –por ejemplo– la anterior directora del Instituto de Estudios Legislativos del Congreso, echada de allí de la más indigna de las formas por sus propios correligionarios panistas (y a quién en este mismo espacio pretendí reivindicar), hoy convertida en una Mata Hari –al servicio de quien la rescató del muladar al que fue arrojada, y arropó con el cargo de Coordinadora de Normatividad del Ayuntamiento– difundiendo grabaciones y transmitiendo mensajes de terror, que benefician a unos, y perjudican a otros. Bueno, hasta yo lo haría por los 306 mil pesos que ha devengado hasta el día de hoy, desde julio de este año, cuando se le otorgó su nombramiento.

Así mismo percibo, aunque ella sin cargo en el Ayuntamiento, a la diputada Sonia Mendoza, quien busca mantenerse presente trienio tras trienio, viviendo también del presupuesto (no sé qué tenga que lo prueban y les fascina). Esta mañana al parecer, en un rumboso desayuno declinará a favor de Xavier Nava, y se sumará a su proyecto.

Flaco favor le hará, ella misma sabe lo disminuido que está su capital político, al grado de buscar la posibilidad de ser promovida por algún otro partido a una candidatura. Me explico: un matrimonio amigo me comenta que, mientras buscaban un lugar dónde merendar en la Ciudad de México, el pasado martes, vieron a la diputada entrar a la sede de Morena, en la capital; curioso, el mismo día que todos los precandidatos del PAN a la gubernatura, se reunieron en su Comité Ejecutivo Nacional, para mostrar unidad en torno a algún candidato.

Nada se logró, mientras la aludida reclamaba desigualdad en el proceso, Nava señalaba –acomodándose el cuello– que todas las encuestas lo favorecían, Octavio sentía que la virgen le prodigaba bendiciones al oído, y Gama fingía demencia. Fracaso total, cada candidato piensa que es el mejor. Pobre de Elías Pecina, haberlo hecho ir hasta allá, sólo para eso. 

Falta lo mejor: los dichos de Octavio, quien sin mayor problema dice a los medios de comunicación, que “entre el PRI y el PAN hay grandes coincidencias”, no sólo en lo político –corona– sino en los principios de doctrina. No sé cómo interpretar eso; habrá quienes digan que la gran coincidencia y lo que los unifica políticamente es el rechazo a Morena y a la muy mentada cuatroté, pero mencionar “principios de doctrina” es otra cosa. 

Qué espanto que las ambiciones electorales Me gustaría que algún panista potosino de prosapia, y no me refiero a él, aunque dice que lo es, señalara cuáles son ésos principios doctrinarios que mi limitado entendimiento desconoce. Siempre pensé que su doctrina era totalmente opuesta a la priísta, calificada por Luis Calderón Vega, como propia de “viejos caciques y falsos señores feudales […] lo peor del país.”

Lo que yo digo son malquerencias a los azulitos, no me hagan caso; todos se conducen honorablemente y practican “la verdad salvadora” que González Luna invocaba en 1950: “una recta conducta política es no sólo lícita, sino necesaria y estrictamente obligatoria”   

A propósito de rectitud en la conducta. No es el alcalde interino el que lleva las decisiones del Ayuntamiento de una forma acelerada tratando de sacar adelante proyectos absurdos o trazados malévolamente, son los compromisos contraídos por Nava durante la pasada campaña a la presidencia municipal. Tampoco son los regidores quienes se preocupan por sacar adelante un  plan de ordenamiento de la capital potosina, son los intereses de los desarrolladores inmobiliarios.   

Concluyo, las declaraciones del presidente del Comité Directivo Municipal del PAN, también tienen mucho de verdad, pero en el fondo van contra la administración navista, y las formula luego de que se incorporó al proyecto octaviano. 

Por cierto, mientras hoy unos almorzarán en Cielo Tinto con 15 invitados, por la tarde otros disfrutarán zacahuil entre 400 comensales; ése es poder de convocatoria. Ya nos enteraremos mañana, o el lunes.   

Gracias por la lectura; felices fiestas navideñas.