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La confrontación

Por Marco Iván Vargas Cuéllar

Noviembre 19, 2020 03:00 a.m.

A

¿Qué le ocurrió al sistema de partidos en México?. Reconozco que durante los últimos días, o meses, o años, se ha hecho recurrente el señalamiento sobre la crisis de legitimidad de los partidos políticos. Es casi un lugar común. Sorprende un poco -solo un poco- que las y los protagonistas de la vida política partan también de ese reconocimiento [inserte discurso genérico en la tribuna, en la TV o en un video por internet: “La gente está cansada de los partidos políticos”]. Luego la disputa electoral: candidatos que se presentan como ciudadanos -desde luego que lo son- antes que como militantes de un partido. Partidos que intentan no serlo. Parecería como si en la percepción pública existe una pirámide de superioridad moral donde hay mayor valor mientras exista menor relación con los partidos políticos.

A pesar de que puede parecer un recurso facilón para la crítica política, la crisis de los partidos políticos no deja margen para la exageración. Años de datos consistentes en encuestas de cultura política demuestran la pérdida de la confianza. De eso se ha escrito mucho ya. Si ponemos atención a lo que dice la gente, identificamos rutas simples del descontento. Llegaron, vivieron de recursos públicos, fallaron en la representación. Algunos gobernaron, otros lo intentaron. Algunos se opusieron, otros nunca entendieron que la oposición también es responsabilidad. 

¿Qué le ocurrió al sistema de partidos en México?. Las definiciones clásicas no quedaron rebasadas, sino desdibujadas. Años de escandalosas evidencias sobre el desempeño de algunos personajes demostraron un extravío que no ha sido espontáneo: la consolidación de las instituciones relegada ante los ímpetus de los individuos. Jesús Silva-Herzog Márquez advirtió hace poco el surgimiento del personalismo como criterio de identidad política. Ocurrió en México, pero también en otras democracias. Los partidos se debilitaron a sí mismos y sucumbieron ante personajes cuya mayor -o quizás única- virtud consistió en no ser, en proferir discursos llanos, en cultivar estridencias huecas. 

El sistema de partidos es una categoría útil de observación porque permite entender a las unidades en su conjunto. Y ya que hablamos de sistema, le ofrezco algunos datos relevantes. La primera noticia es que tiempo en tiempo surgen nuevos partidos políticos. No entraré en la discusión de si son los mismos de antes o si han cambiado de piel. La noticia aquí es que nuestro sistema de partidos admite nuevos integrantes; la otra noticia es que conforman a un sistema electoral competitivo. Solo para referirnos a la elección de la presidencia de la república. En casi treinta años se han celebrado cinco elecciones, han habido tres alternancias, en ese tiempo ha gobernado el PRI, el PAN, el PAN otra vez, el PRI y luego MORENA -que no existía hace apenas unos años-.

Hay otra noticia que llama la atención. Tenemos muchos partidos políticos que se concentran ahora en pocas coaliciones. El fenómeno es interesantísimo, la afinidad ideológica entre partidos coaligados no es un requisito indispensable. Hay quienes se escandalizan -con cierta razón- en ello. ¿Cómo será posible formar un gobierno de coalición entre programas disímbolos? ¿Será que las coaliciones se forman solo como estrategias de competitividad electoral? ¿Cuál es entonces la agenda que promueven?. Nosotros no somos los de enfrente. Esa es nuestra mayor virtud.   

En todo esto hay un enorme valor político del que poco se habla. Cornelius Castoriadis escribió sobre una democracia que no se agotaba en el seco ritual de las elecciones, sino que constituye la viva civilización de las interrogantes. La competencia no es una simple confrontación binaria: es la posibilidad de visualizar y reconocer la verdad contraria. El valor de la competencia democrática no es el concurso de los ganadores y perdedores, sino la conciliación de los contrarios. Es el tesoro encontrado desde los contrastes: es Octavio Paz, “nos buscábamos a nosotros mismos y encontramos a los otros”. La otredad nos constituye. 

[Rincón literario. Octavio Paz en su poema “A la mitad de esta frase” escribió: elegir es equivocarse. Frente a la naturaleza de los dilemas, lo que importa no son las alternativas por sí mismas sino la profundidad de su contenido. ¿Qué es lo que estamos decidiendo?.]

Twitter. @marcoivanvargas