La facultad de comunicar
Este año la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) cumple 40 años de haberse creado. En su proyecto, y en sus primeras generaciones, estuvo impulsada por y hacia el periodismo, de lo que dan cuenta muchas personas dedicadas a reportear que, ya con poca o mucha trayectoria, se metieron a estudiar ahí para tener su título.
Hace 20 años propuse un proyecto editorial para festejarlo, que supongo fue archivado porque nunca recibí respuesta; ahora acabo de presentar otro, espero no corra la misma suerte. En el tiempo en que estudié ahí —en la generación 1989-1993, que se extendió a 1984, gracias a la “amable invitación” de un profesor para recursar su materia—, no había muchas opciones de adentrarse en las artes y técnicas de la escritura, pues no había carrera de Letras, y muchos que queríamos saber de literatura y de periodismo narrativo y de investigación estuvimos ahí y tuvimos suerte al contar con algunas estupendas influencias.
Las instalaciones de Ciencias de la Comunicación, entonces con el rango de Coordinación, estuvieron primero en la Caja Real, y de ahí se cambiaron al Centro de Idiomas, en Universidad y Zaragoza, en la parte alta. De ahí —yo estaba en primer año— se cambiaron a un terreno propio, el entonces lejano “Campus Escalerillas”, en la carretera a Guadalajara, al lado del también naciente Instituto de Investigación en Comunicación Óptica (IICO).
Todo era monte, literalmente. Solo la combi de “el Pionero” nos acompañaba. Poco a poco se fue poblando y llenándose de comercios. La coordinación se hizo escuela (1996) y luego facultad (2015), gracias a la maestría en innovación comunicativa.
Al ser tan pocos, todos nos conocíamos. Las generaciones interactuábamos en aulas y en pachangas. No había internet, las computadoras funcionaban con discos de 5 1/4, y la edición se hacía de carrete a carrete. Eran tardes en la biblioteca y noches de leer fotocopias. Aún no se sabía si iba a perdurar la videocasetera Beta o la VHS. De los medios de aquella época solo siguen El Heraldo y El Sol.
Los primeros años muchos profesores y profesoras no eran comunicólogos, y eso permitió que conociéramos las enseñanzas y métodos de periodistas, abogados e historiadores, entre otros. De ellos y de los ya comunicólogos en acción me quedan muchas lecturas y charlas, consejos de colegas y motivos para escribir.
Hoy el primer coordinador, Raúl Camacho Muñoz, es profesor emérito, y Adriana del Socorro Ochoa, egresada de la segunda generación, es directora de la FCC. Sus líneas principales han variado de la mercadotecnia a la comunicación política y de los medios audiovisuales a las nuevas tecnologías. Las oficinas de comunicación social en dependencias y empresas han cambiado. Los boletines suelen ser transcritos sin cambiarles ni una coma y ya no se sabe si es por línea editorial, mala remuneración al reportero o negocio más arriba.
En un país donde solo 22 % de la población tiene estudios superiores, la comunicación no es cosa menor. Si bien la demanda de ingreso ya no está en el top ten de las carreras con más demanda de la UASLP, la FCC puede ser punta de lanza para la investigación de inteligencia artificial, derechos de autor, plagio, memes, fake news y otros fenómenos desinformativos de la actualidad más allá de producir orquestadores de campañas y CMs (productores de contenido, no confundir con centímetros). La difusión y la divulgación tienen que ir de la mano con lo noticioso, lo científico y, por supuesto, lo artístico.
Hay mucho qué contar de esta escuela, sí, como de todas. Hay plumas que deberían destacarse, como en cada campo de estas ciencias. Estamos preparando el proyecto editorial que les comentaba párrafos arriba, por favor, egresadas y egresados de Comunicación, hagan lo suyo y comuníquense. Vamos a hacer memoria y a echar a volar la imaginación desatada desde esos juveniles ayeres.
http://alexandroroque.blogspot.com
Correo: debajodelagua@gmail.com
Twitter: @corazontodito
Posdata 1: ya están a la venta la sopa de letras Efemérides mexicanas de Ma. Luisa Díaz González, la autobiografía Mi canto hecho tinta de Patricia Mena Di Stefano y El niño zombie y otros cuentos de miedo de Fabiola Amaro. Informes con las autoras y con este columnista en funciones de editor.
Posdata 2: agradezco a los profesores Campa y Polanco por el apoyo para dar un taller en Matehuala y al maestro Sánchez por la invitación a ser parte del jurado del concurso del Joven Lector en Villa de Arista. Hay mucho talento en los municipios y ojalá podamos darle continuidad a estos encuentros para afianzar conocimientos y concretar proyectos editoriales y de difusión.