La granja

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Para Juan Claudio Lechín, el fascismo es “…un modelo pragmático para la toma absoluta del poder por parte de un caudillo mesiánico, por medio de la seducción o del crimen, las urnas o los fusiles, el discurso o el golpe, la nacionalización o la privatización y cualquier otro instrumento eficaz para el objetivo absolutista”. ¿Le suena? Si no, solo eche un ojo al actual gobierno.

Las conferencias de prensa mañaneras, las aprobaciones legislativas en Cámara de Senadores y Cámara de Diputados, los discursos en actos públicos, expresiones en medios de comunicación y en redes sociales, no son sino botones de muestra del espíritu que posee a los transformistas de cuarta, tratando de cooptar conciencias, estableciendo mecanismos de adoctrinamiento y de convencimiento a una población que, más pasional que racional, se ciega y ensordece al espíritu crítico.

En un texto de Federico Finchelstein, escrito en The New York Times (https://www.nytimes.com/es/2019/05/21/populismo-america-latina-bolsonaro/) y que es referido a Jair Bolsonaro, actual Presidente de Brasil partidario de la ultraderecha, refiere varias ideas, de las cuales me permito compartir las siguientes:

“Si bien el fascismo y el populismo proponen cosas muy distintas —la dictadura el primero; una democracia autoritaria el segundo—, fascistas y populistas comparten algunas características vitales: la demonización del adversario, apelan a un pueblo homogéneo y presentan a un líder mesiánico que todo lo sabe y que habla por la mayoría a la que llaman “pueblo”, pero que en realidad solo está constituida por sus seguidores”. […] “El retorno del fascismo se ha dado en un contexto específico: en democracias que se encuentran en crisis, debilitadas por fenómenos como los referéndums y la corrupción o el hecho de que las elecciones se han vuelto plebiscitos sobre personalidades mesiánicas en las que cada vez hay menos debate de ideas o propuestas. Gracias a esta combinación de factores, el populismo ha encontrado una rendija para vincularse al fascismo e introducirse al sistema democrático para minarlo desde adentro”. […] “Los fascistas sustituyeron la historia y las verdades sustentadas en la demostración empírica por el mito político de su líder. A quienes lucían o pensaban distinto los veían como enemigos de la nación y el pueblo”. […] “El populismo, que surgió como una reformulación y también como un rechazo del fascismo, en la actualidad es la principal fuente de legitimación del fascismo”.

Dirán los amigos de López que el artículo de Finchelstein se refiere a un derechista; no olvide el lector que el populismo, al igual que el fascismo, no distinguen en la geometría política: izquierda y derecha son tierras fértiles para el autoritarismo.

Daniel Muchnik escribe en El Cronista (https://www.cronista.com/columnistas/El-populismo-hijo-del-fascismo-20180404-0026.html): “El líder tiene que ser autoritario e inflexible. Sin ese tipo de líder el populismo es una forma histórica incompleta. Por eso mismo el líder hace lo que le plazca, derrumba todos los cimientos del pensamiento liberal, y las instituciones creadas a lo largo de los siglos son nulas, no sirven para nada”. […] “Todo populismo se arroga la representación absoluta de un pueblo entero. A menudo, como lo dijimos, lo traduce delegando todo el poder en el líder- El líder dice saber lo que el pueblo quiere, todo lo mejor que el pueblo mismo desea”. […] “Y de la misma manera que el fascismo, el populismo no le reconoce un lugar político legítimo a una oposición a la que acusa de actuar contra los deseos del pueblo. Si el populismo pasa de esa enemistad retórica a poner en práctica la identificación y persecución de enemigos, sin vueltas se ha transforma en fascismo duro o en algún otro tipo de represión dictatorial”.

Vale mucho la pena la lectura de “Rebelión en la Granja”, de George Orwell, que narra una revolución que hacen los animales en contra de los humanos en la granja Manor; cuenta las peripecias de esta revuelta y la toma del poder por parte de los cerdos que, poco a poco, se convierten justo en lo que aborrecían, como lo dice la frase final del libro: “Los animales, atravesados por el asombro, pasearon su mirada del cerdo al hombre y, nuevamente del hombre al cerdo, una y otra vez, pero les fue imposible hallar diferencia alguna entre uno y otro”.

¿Cuánto más?

@jchessal