La marcha de la renuncia
Sin motive ni causa visible más que el culto a su propia personalidad, López convocó a marchar masivamente a sus feligreses, quienes se dieron cita bajo el báculo del pastoreo pagado para acarrearlos a sus puntos de reunión, tal y como lo hacían aquellos a quienes cuestionaban por lo mismo. Marcharon gritando consignas en favor de su gurú, clamando con ese apoyo por la desaparición de la democracia.
Esta marcha es la respuesta presidencial a la que se convocó para defender al Instituto Nacional Electoral, convocada por ciudadanos que, como muchos, no queremos que regresen los tiempos del control absoluto de la voluntad popular desde el Poder con dádivas, amenazas y presiones, tal como ahora sucede con esta marcha de renuncia encabezada por López.
¿Por qué de renuncia? Porque los marchantes salen a defender una propuesta de reforma político-electoral que les roba lo más preciado que tiene un ciudadano: el valor de su voto.
Durante muchos años se ha hablado de la necesidad de eliminar a los legisladores plurinominales y de adelgazar a las cámaras en el Congreso de la Unión; se ha mencionado igualmente por muchos y por mucho de la necesidad de que los partidos políticos abandonen el control de la conformación legislativa como parámetro principal y se privilegie la participación de no alineados en las candidaturas independientes.
Bajo la promesa de cumplir con esa reducción y eliminación legislativa, López mandó una iniciativa en la que propone un diseño nuevo de elección de diputaciones y senadurías, así como su reducción, a través de su elección mediante una sola lista por entidad federativa para que la Cámara de Diputados quedara conformada por 300 curules y el Senado de la República por 96 escaños.
Bajo el espejismo de eliminar a los plurinominales, lo que hace la propuesta de López es eliminar a los legisladores de mayoría, es decir, los ciudadanos pierden la capacidad de elegir en su distrito electoral a quien lo represente y todo pasa a listas que hacen los partidos políticos y se vota en cada entidad federativa por esas listas, de manera que las cámaras dejan de integrarse por representación directa de la población y todo se convierte en representación proporcional; esto es, promete eliminar lo que propone como solución.
Cada Estado, entonces, tendría un valor específico porcentual en las cámaras, de manera que habría Estados que valdrían más que otros, cuando hoy cada distrito vale lo mismo, en cuanto a representación ciudadana.
Dudo que los procesionantes domingueros que clamaron ayer por López, siquiera sepan que vitorearon a quien pretende arrebatarles el voto directo en las urnas.
Es cierto, debo señalarlo claramente, que según se ha dicho por la oposición e incluso por aquellos partidos que apoyan a López pero que serían los grandes perdedores de la reforma, la constitución no se tocará y, por tanto, estas ideas autoritarias quedarían en nada. Veremos si esto es cierto, porque hemos visto a personajes como Alito Moreno que con dos periodicazos tienen para transigir.
Sin embargo, creo que la oposición falla en no denunciar las pretensiones presidenciales de acabar con la democracia mexicana. No ha entendido que esto es un juego de comunicación y que minimizar y desdeñar la propuesta, solo porque no pasará en la votación legislativa, no basta. Debe darse a conocer a la población que la intentona existe (aun) y debe abrir los ojos que cierran los dogmas y las limosnas que llevan al acarreo.
Es grave el ataque al Instituto Nacional Electoral y al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; sin embargo, hay en ese intento de reforma constitucional (esperemos que fallida) mucho subyacente que debería desenmascararse ante el pueblo de México, en buena medida obcecado por un discurso carismático hueco y perverso.
Hay un juego en curso y las reglas son claras. ¿Por qué la oposición aún no las entiende y, si lo hace, por qué callar?
@jchessal



