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La paliza (electoral) que viene

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Mayo 03, 2022 03:00 a.m.

El presidente AMLO juega, y bien, con las palabras y lanza una metáfora con impacto político, advirtiendo que la 4T seguirá ganando (elecciones) por “paliza” a sus adversarios. La respuesta es contundente para quienes lanzan las campanas al vuelo, luego de que no fuera aprobada la iniciativa de reforma eléctrica del jefe del ejecutivo federal. La euforia de la suma de partidos de oposición no tiene medida: consideran que la Cuarta Transformación será descarrilada y la regresión a los vicios del viejo régimen garantizada. Pero la confusión de peras con manzanas es evidente. Una transformación institucional como la que implica la 4T es, por definición, de largo aliento y no se agota por simple voluntarismo de un grupo de élites partidistas. 

Ya se ha comentado en este espacio que no es lo mismo transformar que reformar y, en el caso de la iniciativa de reforma eléctrica, no se trataba de “reformar la reforma de Peña Nieto de 2013”, sino de avanzar en la transformación institucional del país, acotando todo ese proceso de despojo y abuso que, representantes de una clase política corrupta promovieron en favor de intereses privados con los que, ni siquiera, se cuidaron de exhibir conflictos de interés prohijados. Y, como se trata de procesos de largo plazo, el presidente AMLO ha sido enfático en adelantar que, quien lo suceda en el cargo, debe tener ese compromiso de seguir impulsando un fortalecimiento del Estado mexicano en el sector, para que no se vuelva a la práctica abusiva de hacerse la voluntad económica de los privados en los bueyes del compadrazgo estatal.

Hemos comentado también que, estamos tan acostumbrados a dar por sentados ciertos supuestos del pensamiento neoliberal capitalista y conservador que, de manera acrítica se aceptan, como verdades absolutas, cuestiones luego desmentidas por no reparar en las implicancias de sus determinaciones históricas. Así, se ha planteado, maliciosamente, por ejemplo, que el actual gobierno no está en favor de energías limpias y otros avances tecnológicos, cuando no es ese el punto en cuestión, sino el desdén a un papel activo del Estado como garante de la soberanía nacional, que por cierto, reside en el pueblo (como potencia) y es reivindicada como potestad por la 4T para resguardo de los bienes comunes patrimonio de la nación. De allí que, en defensa del patrimonio mexicano y para el reordenamiento de la economía nacional, se exige no la mano invisible del mercado, sino la mano firme de la política que impida que la riqueza mineral, como la del denominado “oro blanco”, el litio, despierte la voracidad de intereses económicos de fuera y dentro del país que, consideran, pueden seguir ofreciendo espejitos muy ufanos.

Así las cosas, mientras las élites partidistas de oposición consideran que pueden frenar la Cuarta Transformación, obstaculizando los cambios de fondo reclamados por la pluriversidad de intereses que tenemos, una gran parte del pueblo mexicano se sigue manifestando, cada ocasión que es convocado, para defender lo que se ha conquistado, no desde 2018 en que se consumó una larga travesía por el cambio, sino mucho antes, cuando hizo crisis la legitimidad de un régimen político que, ahora, apuesta a la desmemoria de la población, pero tal parece que, más que por ignorancia de los procesos históricos, por la peregrina idea de recuperar, de lo perdido, lo que aparezca para el disfrute malsano de las mieles de un poder distorsionado. Así las cosas, no sería sorpresa que, en efecto, empezando por las elecciones próximas de alguna gubernaturas, la oposición reciba una paliza electoral porque, no es lo mismo un juego de suma cero en la cámara de diputados federal, que un juego continuado de suma positiva con las personas, cercano a sus necesidades y esperanzas más sentidas.