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La pelota no se mancha

Por Jorge Andrés López Espinosa

Diciembre 05, 2022 03:00 a.m.

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Se juega ya el campeonato del mundo, por primera vez en el mes de noviembre y también por vez primera en el oriente medio, en el Estado de Qatar. 

Grandes y graves polémicas rodean este torneo, iniciándo por el régimen político que gobierna Qatar, una monarquía absoluta a la usanza del medievo europeo, una sóla familia en el poder (Al Thani) que controlan además la tercera mayor reserva de gas natural del planeta. 

En materia de derechos humanos, Qatar ha sido señalado por el Comité de Naciones Unidas contra la Tortura por pemitir en su legislación penal, castigos corporales como los azotes y desde luego tener vigente la pena de muerte, además de que la homosexualidad es considerada un delito y por ende cualquier manifestación a favor de la comunidad LGBTQ+ implica sanciones, sin dejar de mencionar por supuesto que no hay leyes que protejan a las mujeres en caso de violencia doméstica.  

En ese contexto y contrario a los valores que se supone impulsa la Federación Internacional del Futbol Asociacion (FIFA), Qatar fue designada sede del torneo más importante del mundo, una designación con la sospecha de sobornos para obtener la sede, de la que incluso el FBI inició una investigación sin que tales acciones hayan modificado en nada la realización del evento. 

De modo que, el tan publicitado “fair play” o juego limpio, es claro que no aplica para quienes dirigen los destinos del futbol mundial, un deporte bello en si mismo, fue alcanzado por la sombra de la corrupción, montada en poderosos intereses económicos.  

Sin embargo, rescato lo dicho por Diego Armando Maradona en 2001 aquella linda tarde bonairense en una pletórica y repleta Bombonera en su despedida: “El fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo. De eso que no le quepa la menor duda a nadie. Porque se equivoque uno, no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”.  

Y así, debería entenderse el futbol, porque el futbol no es ni puede ser la FIFA -que mucho se ha equivocado-, ni las federaciones, ni los directivos, ni las grandes marcas; el futbol es mucho más que eso, el futbol es el amor sincero y profundo por un balón que además tiene la forma del planeta tierra y porque no hay ejercicio más democrático que una cascarita, que cuando finaliza podemos darnos la mano y fundirnos en un fraterno abrazo con el rival.  

Por eso, estoy cierto que el futbol como deporte se impondrá a Qatar, pero no pasará desapercibido para el mundo lo que significó esta copa en términos de todo lo negativo que implicó conceder la sede a un país poco respetuoso de los derechos humanos. 

Apuntar también que continuarán los actos de protesta simbólicos pero muy potentes como los ya ocurridos con la selección de Irán cuyos jugadores en su primer partido no cantaron su himno nacional, ante la violencia que sufren la mujeres en su país, o la colocación de las manos sobre la boca por parte de la selección de Alemania ante la prohibición de portar el gaffete de capitan, con la bandera arcoiris. 

Finalmente concluyo esta columna recordando a otro de los grandes que le ha dado el futbol al mundo, Edson Arantes do Nacimento, “Pelé” quien dijo: “Si muero un día, estoy feliz porque traté de dar lo mejor de mí. Mi deporte me permitió hacer mucho, porque es el deporte más grande del mundo”. 

Ese es el verdadero futbol, lo demás son sólo negocios y de los grandes. 

Excelente inicio de semana. 

Los sigo leyendo en este correo: 

jorgeandres7826@hotmail.com