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La verdad y su público

Por Marco Iván Vargas Cuéllar

Octubre 07, 2021 03:00 a.m.

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Hace unas horas escuché con atención las intervenciones de Laura Martínez (UPN-CDMX), Cérida Webster (ITESM-CDMX), Pablo Martínez (CIESAS-CDMX) y Adán Nieto Flores (CEEPAC) en el marco del Segundo Foro sobre el Bicentenario de la Consumación de la Independencia, organizado por el Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de San Luis Potosí -que se encuentra disponible para su consulta en las redes sociales de este organismo-. Este evento resultó una magnífica oportunidad para reflexionar de manera autocrítica lo que sabemos -o lo que se nos ha hecho saber- sobre esta etapa de la historia de nuestro país.

En una de las intervenciones se habló de un problema fundamental -y que a su vez representa uno de los desafíos clásicos- de la ciencia: su divulgación. Quienes en esa mesa participaron, se preguntaban por qué siempre pasa tanto tiempo entre el momento en que alguien desarrolla un hallazgo científico y el momento en que se hace del conocimiento público, amplio y generalizado. Este problema, que no es asunto menor, en realidad constituye una manifestación de un problema bastante más amplio cuyas manifestaciones identificamos en todas partes: la verdad no siempre llega a su público.

Sobre esto escribió hace más de una década Noam Chomsky a través de las “10 estrategias de manipulación mediática” -disponible en cualquier parte de internet-. La idea de Chomsky era demostrar que existen grupos de interés que se benefician de la propagación de la ignorancia y que, por tanto, implementan agendas “ocultas” para producir una realidad que les beneficie. Más que un siniestro programa de dominación del pensamiento, las estrategias descritas por Chomsky sirven como referentes de observación de lo que nos rodea: (1) la estrategia de la distracción, (2) crear problemas y después ofrecer soluciones, (3) la estrategia de la gradualidad para que se acepten medidas inaceptables, (4) la estrategia de diferir decisiones impopulares, (5) dirigirse al público como criaturas de poca edad, (6) utilizar el aspecto emocional por encima de la reflexión, (7) mantener al público en la ignorancia y la mediocridad, (8) estimular al público a ser complaciente con esa mediocridad, (9) reforzar la autoculpabilidad de la desgracia y (10) conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.

[Intermezzo cultural: Si Usted vio la película “La Dictadura Pefecta” (Luis Estrada, 2014) podrá dar cuenta de varias de estas estrategias. Lo mismo ocurre con la película infantil “Los Increíbles” (Brad Bird, 2004) en donde el villano crea un monstruo que solo él puede derrotar para así convertirse en el héroe de la ciudad. Ejemplos en el cine, sobran; en la realidad también.]

El problema que quiero poner a su consideración tiene que ver con la distancia que existe entre un hecho, y la forma y momento en que la población lo entiende. Es un problema porque tiene manifestaciones indeseables por todas partes. Es público porque sus manifestaciones afectan a distintos segmentos de la población y es grave porque la prevalencia del mismo genera efectos perniciosos en distintos niveles de profundidad.

La corrupción, la mediocridad gubernamental y el prevaricato florecen en las fértiles y anchurosas llanuras de la ignorancia y la indiferencia. Si Usted sigue esta columna con cierta regularidad, recordará que ya le he hablado de Jürgen Habermas y la importancia de razonar en público: la democracia requiere de debates públicos, abiertos y bien informados. Las decisiones que así se producen gozan de legitimidad democrática, no por la lógica de las manos levantadas, sino por la apropiación pública de lo que se decide.

Otro ejemplo de lo anterior lo vimos hace unas horas, cuando el Comisionado Presidente de la Comisión Estatal de Garantía de Acceso a la Información Pública del Estado de San Luis Potosí daba cuenta de este mismo problema: los gobiernos municipales son los sujetos obligados que más incurren en errores y omisiones en el cumplimiento de las obligaciones de transparencia; son opacos. ¿Qué es lo que causa este comportamiento? ¿la falta profesionalización en la materia? ¿la notoria falta de compromiso político por hacer del conocimiento público lo que es de todos?. 

Regreso a la idea de origen: la distancia que existe entre los hechos y la manera en que el público lo entiende, representa un problema que suele ser aprovechado por quienes se benefician de la ignorancia y la mediocridad.

Por eso les incomoda la transparencia. Por eso dificultan la prensa de investigación. Por eso cultivan una narrativa simplona de lo que significa gobernar. Porque es más sencillo que las personas no sepan, que no exijan, que no sancionen.

El conocimiento también es un problema de nuestras democracias.

Twitter. @marcoivanvargas