Los cínicos
Ernesto Zedillo y Felipe Calderón se dan vuelo denunciando… en el extranjero, al actual gobierno mexicano. En un evento convocado por una Fundación de corte ultraderechista, este par de sujetos acudieron a Madrid, España, hace algunos días, para participar en una mesa en la que compartieron opiniones con otros no menos presentables como el ex-juez brasileño Sergio Moro, famoso por actuar bajo consigna de poderes fácticos en el enjuiciamiento contra el ex-presidente Luis Inácio Lula da Silva. Como moderador del evento, estuvo el cada vez más inmoderado, políticamente hablando, Mario Vargas Llosa, el escritor peruano que alguna vez se preguntó, a través de uno de los personajes de su célebre novela “Conversación en la Catedral”, acerca del momento en que se había jodido su país y que, luego de fracasar como candidato presidencial en 1990 contra Alberto Fujimori, resolvió abandonar su patria y reposar cómodamente en el país ibérico. Para completar e cuadro, el ex-presidente español, emanado del Partido Popular, José María Aznar.
Resalta el caso de Zedillo porque se había mantenido con un perfil relativamente discreto. Pero tampoco sorprende que salte a la palestra, toda vez que obedece a los intereses económicos de grandes corporaciones trasnacionales que han sido frenadas en su voraz saqueo de los bienes patrimonio de los mexicanos y que, por eso, no pueden quedarse sin intentar golpear al actual gobierno mexicano, sobre todo si avizoran que seguirá adelante la Cuarta Transformación por el más que inminente triunfo electoral presidencial en 2024. Zedillo, el culpable de la grave crisis financiera de diciembre de 1994, y luego promotor del rescate bancario más oneroso que aún seguimos y seguiremos pagando varias generaciones de mexicanos, el famoso “Fobaproa”, no tiene empacho en hablar de legalidad, estado de derecho, democracia y otras más abstracciones que ni por asomo tuvieron cabida plena en su mandato. Siempre con el sello de traidor (desde un Carlos Salinas, al que, incluso, provocó que se pusiera en huelga de hambre; hasta el Subcomandante Marcos, a quien había ofrecido tregua para, luego, tratar de capturarlo).
Zedillo, el culpable por grave omisión de la matanza de Acteal, en 1997, tuvo todo el cinismo de integrarse como miembro del Consejo de Administración de una de las empresas ferroviarias a las que benefició con la privatización de Ferrocarriles Nacionales de México, revelando el descarado conflicto de interés bajo el que operó el saqueo de bienes y empresas nacionales, dizque para modernizarnos. En fin, un sujeto que se benefició de la muerte violenta de Luis Donaldo Colosio y que juró actuar siguiendo su ideario político, pero que, más temprano que tarde, se le olvidó por completo, al igual que el esclarecimiento de ese magnicidio. En suma, muchos años después, el tal Zedillo pretende ostentarse como guía moral para dizque rescatar gobiernos latinoamericanos, hablando de populismo sin percatarse de que lo suyo, en su mandato, fue una suerte de populismo de derecha, que ofreció bienestar para las familias… pero de unos cuantos, privatizando las ganancias y socializando las pérdidas, afectando a miles y miles de productores de diversos sectores económicos que, como se decía entonces, con las medidas de ajuste promovidas por este sujeto: “al que no volvió pobre lo volvió loco”, por la desesperación de perder, de la noche a la mañana, sus haberes de tantos años de trabajo. En suma, siguiendo a un clásico, “temporada de zopilotes”.
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