Macbeth en Palacio Nacional
William Shakespeare nos da cuenta en su obra “La Tragedia de Macbeth” de este personaje que, en compañía de Banquo, su compañero de armas y amigo, caminan por un paraje, en el que encuentran a tres brujas que saludan al protagonista, Macbeth, como Señor de Glamis, Señor de Cawdor y Rey de Escocia. Para ese momento, recién el rey Duncan le había dado el título de Glamis, pero aun no se sabía la designación de Cawdor, lo que ocurre cuando ambos personajes ven desaparecer a las brujas y llega un mensajero real que le anuncia la decisión de Duncan de reconocerle tal honor. A Banquo las hechiceras le profetizan que, si bien el no será rey, sus hijos sí tendrán la corona.
La obra continúa hasta el momento en que el rey llega a hospedarse en el castillo de Macbeth y, en medio de la noche, tratando de apurar al destino y favorecer el presagio de las hechiceras, Macbeth y su esposa matan a Duncan. Lady Macbeth dio un somnífero a los guardias para inculparlos, manchándolos con la sangre real.
Mediante intrigas, Macbeth logra arrojar las sospechas de la autoría intelectual del asesinato a Donalbain y Malcom, hijos de Duncan. Con esto, logra ser proclamado rey de Escocia.
“¡De nada sirve estar así si no hay seguridad! Nuestro miedo hacia Banquo ha penetrado en lo más hondo, y hay en su realeza natural algo que debería ser temido. Su atrevimiento es mucho y al carácter indómito de su alma añade un saber que guía su valor haciéndole que actúe con seguridad. […]. Como una profecía, entonces, le saludaron como padre de una estirpe de reyes. Una infecunda corona ciñeron sobre mi cabeza, me hicieron empuñar un cetro estéril que deberá arrancarme un día mano extraña sin tener hijo alguno para que me suceda: si es así mi alma he mancillado por la estirpe de Banquo; por ellos he matado al noble Duncan, llenado de rencor mi copa de reposo sólo por ellos, dando la joya eterna de mi vida al enemigo común de los mortales, para hacer de ellos reyes”.
Al final de la obra, luego de otro encuentro con las tres brujas, que le vaticinan a Macbeth que morirá a manos de un hombre no nacido de mujer el día que el bosque de Birnam camine hacia el castillo de Dunsinania, los nobles escoceses se rebelan contra el tiránico rey, quien resiste desde su fortaleza, donde fue informado de que el bosque de Birnam se dirigía al castillo, situación debida a que los soldados enemigos, para disfrazar su avance, se cubrieron de ramas y hojas, lo que daba la apariencia de que eran los árboles los que avanzaban contra Dunsinania.
En el campo de batalla, Macbeth se enfrenta con Macduff, noble que apoya a los hijos del fallecido Duncan. En medio de la lucha, le menciona aquella profecía de las brujas, en el sentido de que solo moriría a manos de un hombre no nacido de mujer; Macduff le contesta: “No fíes del hechizo, y deja que el demonio a quien aún sirves te diga que del vientre de su madre fue arrancado Macduff antes de tiempo”. El resto, ya puede el lector suponerlo.
El señor López llegó a la presidencia gracias al sueño de un cambio que acabara con la corrupción y el abuso de los gobiernos anteriores. Ha ejercido el poder como ha querido, pasando por encima de todos y de todos, dejando en el camino heridos y lastimados. ¿Podrá dormir, luego de matar los sueños de quienes vieron en él la esperanza? ¿Confía en el destino tanto que, cuando vea al bosque de Birnam marchar contra el palacio donde vive, pensará que nada ni nadie podrá con él? ¿Habrá un Banquo que deba temer por su persona? ¿Y un Macduff?
“Creí escuchar una voz que gritaba ¡No volváis a dormir, que Macbeth mata el sueño!, el inocente sueño, el sueño que teje sin cesar la maraña de las preocupaciones, la muerte del ir viviendo cotidiano, baño de la fatiga, bálsamo de las heridas de la mente, plato fuerte en la mesa de la Naturaleza, principal alimento del festín de la vida”.
@jchessal
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