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Marcha y transformación

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Noviembre 29, 2022 03:00 a.m.

A

La marcha convocada por el Presidente de México logró su propósito: movilizar una base social amplia que, sin duda, adelanta vísperas de lo que se avecina en torno a la sucesión presidencial de 2024; esto es, que el fondo de la forma electoral estará determinado por la confronta de dos proyectos de país: el de quienes pretenden la regresión al viejo régimen de privilegios para unos cuantos y el de la consolidación de una transformación institucional que reivindica más y mejores condiciones de vida para la mayoría de la población, sobre todo para los sectores más vulnerables y olvidados por tantos años de prevalencia de una visión meramente clientelar.

     La marcha es, por supuesto, una muestra de fortaleza política al proyecto de la Cuarta Transformación. Aquí se ha planteado que la transformación institucional, que lleva adelante el actual gobierno federal, gana cada vez mayor legitimación por el impacto social de las medidas de cambio instauradas y que, no son cosa menor, bastando con citar como botón de una amplia muestra, la elevación a rango constitucional del derecho a una pensión para todos los adultos mayores de 65 años, considerando que la vida, en condiciones de subsistencia material digna es un principio ético fundamental del ejercicio del poder. Más ética que moral (sobre todo si se trata de la moral que da moras).

     Se ha planteado también en este espacio que para comprender el sentido de la transformación llevada por la actual administración, habría que, incluso, considerarla como una suerte de nuevo paradigma de comprensión de la realidad nuestra, toda vez que, como lo planteara un clásico en esa materia: “hay un paralelismo entre revoluciones políticas y científicas, en el sentido de que se trata de procesos que inician con un sentimiento de que las instituciones existentes han dejado de satisfacer los problemas planteados por el ambiente que, en parte, han contribuido a crear” (Thomas Khun, dixit), de tal manera que, inevitablemente, deviene la sustitución de un modelo o paradigma por otro y que, para el caso político, es una serie de principios y postulados que orientan la acción institucional de manera distinta a la precedente. 

     Con lo antes señalado, en modo alguno se puede afirmar que se viven tiempos ya superados, como el señalamiento absurdo de que se trata de marchas que evocan al viejo régimen político, confundiendo las ramas con el bosque porque, en esencia, ahora se combate la corrupción desde la propia Constitución y no como antes que se institucionalizaban las más disímbolas prácticas corruptas en el ejercicio del poder público. La Cuarta Transformación es un cambio de paradigma, pues, que tiene que ser analizada en esa justa dimensión. Pero, además, salir a las calles tiene su razón de ser en un gobierno que se apoya en el pueblo organizado en un movimiento político como el de Regeneración Nacional (MORENA), que no se activa a la manera de un partido burocrático tradicional. De allí que si se leyera con atención la iniciativa de reforma electoral presidencial, se apreciaría que no favorece en modo alguno a MORENA, sino que va más allá de intereses sectarios partidistas en beneficio de la ciudadanía en general. 

     Y, nada más para dejarlo apuntado para una posterior colaboración, el discurso presidencial del domingo da una cachetada con guante blanco a la oposición de derecha que no atina a organizar sus esfuerzos y parece doblarse, sin más, a los intereses de los personeros de la ultraderecha internacional que, recientemente, en contravención a la propia Constitución, se reunieron a conspirar en nuestro país, pero el presidente AMLO decidió ignorar a esos conspicuos personajes extranjeros porque México es un país de libertades.