#MexicoMereceMas
Esta columna ve la luz el segundo día del año dos mil veinticuatro, el más crucial de los últimos tiempos en nuestro país. Es el punto de inflexión en el que México termina e hundirse gracias a López y sus ocurrencias o bien se recupera la cordura y termine esta debacle.
Es, sobre todo, un año importante para la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Poder Judicial de la Federación en general, luego de que han sido la única valla de contención al arrasamiento institucional que los lacayos de la transformación de cuarta y su mañanero gurú iluminado han querido llevar a cabo.
Hace un año nos encontrábamos con el escándalo de la ministra Yasmin Esquivel, fiel y leal servidora de palacio nacional, acusada de plagio de sus tesis de licenciatura y su reincidencia en la tesis doctoral. Gracias a que se descubrió a tiempo esta cuestión, se logró cerrar su paso a la presidencia de la Suprema Corte y dar opción a que Norma Lucía Piña llegara a ese cargo y salvaguardara la dignidad de nuestro Alto Tribunal.
Esquivel, Loretta Ortiz y el epitome de la indignidad de apellido Zaldívar conformaron el bloque que, al interior de la Corte, pretendía allanar el camino a las intenciones de la dictadura. Gracias al resto de los ministros, se ha logrado preservar en buena medida el orden constitucional que estos tres personajes han querido socavar como instrumentos de López.
Llegó a tal grado la intentona que, gracias a los lacayos legislativos, se pretendió expoliar más de quince mil millones de pesos que son propiedad del Poder Judicial de la Federación y sus trabajadores, quienes tomaron las calles para dar una lección de entereza y convicción, con el apoyo de muchas voces más que se levantaron para defender la labor que desempeñan.
Un acto más en esta tragedia lo protagonizó Arturo Zaldívar, quien renunció anticipadamente a su cargo como ministro sin causa, solo para permitir que López hiciera una designación para sustituirlo, dejando enterrado cada vez más profundo el recuerdo de cuando era gente decente.
Así, llega en estos días a iniciar sus actividades como ministra Lenia Batres, un peculiar personaje que se ha distinguido tanto por ser buena matraquera de la cuarta transformación como por su escaso conocimiento del derecho.
En su cuenta de X (antes Twitter) la señora Batres dio a conocer una demanda que presentó ante un Juez de Distrito por daño moral, misma que fue desechada por una cuestión elemental: no es competente un juez federal para esos asuntos. Así, es claro que no le caería mal a la nueva ministra unas clases de derecho, sencillitas y elementales.
En la misma red social, ha despotricado en contra de decisiones de jueces, acumulando así impedimentos para cuando esos mismos procesos lleguen a la Suprema Corte de Justicia de la Nación puesto que, al parecer, desconoce que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación la obligan a ser imparcial.
Dos mil veinticuatro es el año del Poder Judicial de la Federación, es el año de sus ministros, de sus jueces, de sus magistrados, de sus trabajadores.
Es el año de la salvación o de la caída definitiva de nuestro país y es el año de la esperanza en la Suprema Corte.
El próximo proceso electoral es el campo de batalla de la vida o muerte de México como Estado de Derecho. Los votos deben decidir nuestro futuro.
Para rescatar a nuestra patria, los votos fundamentales son los correspondientes al Poder Legislativo. Sin mayoría en Cámara de Diputados, la dictadura pierde el control del gasto y el presupuesto; sin mayoría en la Cámara de Senadores dejan de poder controlar las designaciones en organismos autónomos y, esencialmente, en la designación del ministro o ministra que deba sustituir a Luis María Aguilar en la Corte.
De conseguir ese cuarto ministro en favor de los transformistas, podemos despedirnos de la justicia, la legalidad y el derecho, para quedar en manos de la tragedia.
@jchessal




