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Modelar la oposición

Por Marco Iván Vargas Cuéllar

Julio 01, 2021 03:00 a.m.

A

Existe un calendario político que no es visible a todas las personas. No se trata de una agenda secreta que se encuentra sobre el escritorio -o en el teléfono celular- de quienes detentan o aspiran al poder, sino que consiste, esencialmente, en la consecución de actividades que son propias del ejercicio del poder público. Indudablemente este calendario está definido por las etapas y procesos establecidos por la ley, pero los actos visibles son consecuencia de semanas o meses de actividades de preparación -o de la ausencia de-.

Para ilustrar de forma breve, un ejemplo. Una vez que ha pasado la jornada electoral que ha arrojado candidaturas ganadoras, hay varias actividades que se tienen que estar realizando. Por una parte existen quienes han llevado a tribunales los resultados de la contienda electoral buscando conseguir determinados propósitos generales o específicos, sean de gran calado como buscar la nulidad de una elección o de menores implicaciones como asegurar ciertos porcentajes de votación o revertir la designación de un espacio de representación proporcional. Eso en el terreno jurisdiccional. Mientras eso ocurre, las candidaturas ganadoras realizan -o deberían de- actividades tendientes a consolidar la base de apoyos que les llevaron a la victoria, de tal manera que permitan tener una estructura para gobernar. Esta idea merece un análisis más detallado del que me ocuparé en una entrega posterior. La idea de gobierno se modela -o puede ser afectada- por las alianzas o compromisos que se manifiestan antes de que comience el día 1 del mandato constitucional, pero, insisto, de ello me ocuparé en una entrega posterior.

El otro trabajo que debería estarse haciendo es la definición de algo a lo que podríamos llamar la idea de oposición. Esta se manifiesta de manera más clara en la conformación de los órganos legislativos donde existe pluralidad en la representación de los partidos políticos. Vamos por partes. La oposición no se da por la mera existencia de personas o grupos que persiguen fines contrarios a aquellos que son definidos o buscados por el grupo que se reconoce como autoridad política, sino que adquiere un carácter sustantivo en la medida en que existe la unión. No se trata de la existencia de partidos A, B o C y que sean distintos al partido gobernante, lo que importa es la definición de su papel y la función que van a desempeñar en una relación política.

Modelar la idea de oposición implica definir cálculos, propósitos y estrategias. En 1966 Robert Dahl publicó un texto llamado “Political Oppositions in Western Democracies” donde presenta algunos elementos importantes que resultan útiles para hacer análisis comparados sobre modelos de oposición. Pongo a su consideración estos elementos para hacernos a la idea del trabajo al que están llamados quienes tendrán esta importante función política. Éstos son, entre otros: (1) Cohesión organizativa y concentración de los opositores, que implica que el peso político específico de la oposición es mayor en la medida en que se evita la pulverización de las fuerzas opositoras. (2) El carácter competitivo o cooperativo de la oposición, que supone entender la disposición y los incentivos que tendrán para “cooperar” o “competir” con los partidos de mayoría. (3) Los objetivos y (4) las estrategias que definirá la oposición para definir su línea de comportamiento político.

Los sistemas democráticos se benefician de las oposiciones fuertes, propositivas y funcionales. No solo en términos de que hacen efectivos los contrapesos necesarios en el ejercicio del poder público, sino que dan sentido al carácter plural por el que existen los espacios de representación. Tengo la sospecha de que es necesario discutir con mayor dedicación la importancia, función y noción de las oposiciones en nuestro sistema político. Comenzando por sus protagonistas. 

En sistemas pluripartidistas como el nuestro, la cohesión de la oposición es un reto complejo y formidable, porque implica algo que va más allá de una coalición electoral, sino que representa la construcción de una idea de oposición operativa, congruente y funcional. Insisto. Este trabajo tiene que realizarse desde ahora por parte de sus protagonistas.

Una idea final. Tengo la hipótesis de que un mejor entendimiento público del funcionamiento de la oposición en los espacios legislativos puede llenar de argumentos a quienes participen en la discusión sobre propuestas de reforma política que busquen la desaparición de las diputaciones de representación proporcional, las famosas plurinominales. Es falaz el argumento del costo de esas diputaciones, o de la crisis de representatividad que implicarían las mismas si no se pondera la función política que estas desempeñan en términos de la composición de oposiciones funcionales. Pero, de nuevo, esto comienza por el trabajo que tienen que realizar quienes ocuparán esos puestos públicos. Para luego es tarde.

Twitter. @marcoivanvargas