Niños, cáncer y medicamentos
A tres años de distancia de aquella tarde de julio de 2018 cuando todas las tendencias preliminares daban un triunfo irreversible a quien hoy es Titular del Poder Ejecutivo Federal, el México que se avizoraba era de esperanza, pues ese y no otro, había sido el discurso de una campaña que entendió lo que el pueblo quería escuchar, no más excesos, no más casas blancas, no más privilegios, el hartazgo social traducido en sufragio a un partido incipiente, con un liderazgo persistente hasta la necedad, pero con un objetivo muy claro: la Presidencia de la República.
Hoy, a tres años de distancia de aquel verano de 2018, el saldo no es positivo, por más informes controlados al interior de un palacio, hay agravio al “pueblo bueno”, ese mismo que confió en la esperanza de un cambio de régimen, para mejorar lo bueno y terminar con lo malo; sin embargo mucho de lo bueno se destruyó y volvieron malas prácticas del México de antaño, ejemplos de temas sobran, homicidios dolosos al máximo, feminicidios disparados, la línea 12, la apuesta por las energías contaminantes, el peor momento para ejercer el periodismo en el país y un largo etcétera.
Pero hay un tema que es doloroso y a la vez cruel, observar ya desde poco más de un año a padres desesperados gritando con rabia el desabasto de medicamentos para sus pequeños hijos que padecen cáncer, niños que de no recibir a tiempo sus quimioterapias su ya mermada salud se verá deteriorada a extremos fatales, que ante esos legítimos reclamos el Subsecretario de Salud de apellido Gatell llamara “golpistas” a esos padres angustiados, es una infamia, una infamia que supera cualquier ofensa y todo lo que no nos podemos permitir como país, es la máxima expresión de una transformación fallida, palabras que agreden a toda una nación y a todos quienes somos padres, que daríamos la vida por nuestros hijos.
Ya en el manejo de la pandemia ese individuo de apellido Gatell, había dado muestras de quien es, ante la negativa del uso del cubre bocas, con aquella frase increíble de que, la fuerza del Presidente era moral y no de contagio, rasgos de servilismo puro; pero lo aseverado en días pasados respecto al reclamo por los medicamentos para niños con cáncer, supera todas y cada una de sus pifias enunciativas, es una artera agresión contra las manifestaciones de madres y padres que pugnan por salvar vidas, las vidas de sus pequeños, de esos niños que también son derechohabientes que requieren medicinas y tratamientos urgentes, niños que no están pensando si el gobierno anterior compraba medicamentos a sobreprecio o no, a ellos desde hace meses les urge un gobierno que resuelva y no que culpe, por supuesto que se debe investigar lo que se hizo indebidamente en el pasado, pero no a costa de la salud de los niños, ni mucho menos de sus vidas.
El Interés Superior de la Niñez es un eje rector de las políticas públicas del Estado Mexicano, correlacionado directamente con el derecho a la salud y la vida, si es que existe un ánimo transformador en el Gobierno de México, éste debe partir siempre de esos principios elementales, por lo tanto lo aseverado por el Subsecretario Gatell es, desde cualquier arista una bajeza, pues una madre o un padre con la angustia de ver sufrir a su hijo en lo último que está ahora es en asestar un golpe de Estado; pero si la vida de su hijo se pierde, pudiendo salvarse ante la negligencia u omisión de un Estado indolente, esa madre, ese padre se convertirán en el peor enemigo de ese Estado criminal.
Así, estimado lector, frente a tanta indolencia en uno de los temas más sensibles como lo es la salud de los niños, es bueno recordar lo que en los discursos setenteros y ochenteros -esos que gustan tanto ahora- se decía hasta el cansancio: “Nuestros Niños son el futuro de México”; pero si a esos niños no se les atiende de inmediato, México no tendrá más futuro.
Hasta la próxima.
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