No más adversarios

Mi cabeza gira alrededor de montones de cosas que afectan la vida colectiva: desde los daños por el temporal hasta las confrontaciones emitidas desde la Conferencia Matutina. En el inter, queda el Covid, sus contagios y vacunas. Queda el vocabulario implantado desde hace casi 3 años en donde chairos y fifís se perfilan como enemigos a muerte, como adversarios por antonomasia; sectores definidos diariamente como conservadores y liberales.

Me siento en un sueño que me lleva a un escenario en donde el blanco y negro de las pantallas de tele eran la moda. Un país "demodé" en pleno siglo XXI. Un país en donde la aspiración es regresar a la milpa a todos los habitantes, a las escuelas de la comuna. A la desaparición de la luz eléctrica y con ello, todo lo que ésta trajo con su aparición por allá de 1879, cuando Thomas Alva Edison y sus predecesores nos legaron la primera bombilla.

Qué les podemos decir a los futuros científicos nacidos en ente siglo, o a los pequeños que hoy imaginan ser campeones olímpicos o a quienes estudian la partícula de Dios, la vida en Marte, las vacunas... y un largo etcétera. ¿les vamos a decir que ya no se vale imaginar o desear ser alguno de estos personajes? Me pregunto qué modelos de ser humano les presentaremos a nuestros niños en las escuelas. 

No me cabe la menor duda que vivimos un cambio de paradigma y que usualmente hay una gran resistencia a ello. Mas lo que ahora sucede no es un rechazo a lo diferente o nuevo sino más bien una resistencia al retroceso. Tenemos edad suficiente para saber que no podemos regresar a los tiempos del arado y el azadón, a las velas o al telégrafo. La evolución es una parte natural en las especies y nosotros no somos la excepción. 

Somos las criaturas que son capaces de modelar su entorno y aunque no lo hemos hecho del todo bien, también sabemos que no podemos regresar a la aldea ni a la caza del jabalí con lanza en mano.

Nuestro tiempo es otro; somos hijos y herederos de nuestro propio espacio y ojalá podamos descifrar esa ecuación en la que nos interrelacionamos con las demás especies y entre la nuestra. Dejar de etiquetarnos por color de piel, ingreso o código postal. Poder resistir y no dejarnos llevar en la corriente de un vocabulario y un discurso que nos confronta y nos altera.

Es verdad que se requiere una transformación, pero no requerimos una involución.