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Pequeñas acciones

Por Yolanda Camacho Zapata

Diciembre 12, 2023 03:00 a.m.

A

Se llama Eva y la acabo de conocer. Juanito, nuestro compa de la Uni nos invitó a apadrinar a un par de niños en una colecta navideña de juguetes. Cada miembro de esta familia puso una lana y fungimos de Santa. Luego, Juanito nos invitó a la entrega, en la comunidad de Coronado, en el municipio de Venado. No estoy muy segura cómo sucedió, pero acabaron invitándonos a dormir allá, y aceptamos. Al final, Juanito no pudo ir, así que acabamos con puro desconocido, en un lugar que no conocíamos. 

Bien saben ustedes que yo soy introvertida de clóset. Me cuesta un montón de trabajo iniciar charla con desconocidos, mucho más pasar todo un día y dormir entre gente que acabo de conocer, así que entenderán la dosis de ansiedad que el plan me causaba. Sin embargo, yo ya no estoy como para desperdiciar la oportunidad de hacer amigos nuevos o de enseñarles a los menores de edad que viven en nuestra casa a sentirse cómodos únicamente con quien ya conocen. Lo bueno es que a Marcos estas cosas no le causan ningún estrés, al contrario, el hombre se encuentra en su elemento, así que ahí nos fuimos bien tempranito el sábado hacia Venado. 

En una gasolinera de la carretera 49 conocimos a Eva, quien cargaba con dos hijas y dos perras, un buen número de juguetes y una energía desbordante. Así, llegamos a la casa de sus papás, que parecía zona de depósito del Polo Norte, por lo que bajo las instrucciones precisas, nos encargamos los ahí reunidos de localizar el número de folio de cada regalo y acomodarlo en orden ascendiente. Eran 300 paquetes, todos por toda la casa. Con la ayuda de las amigas de la anfitriona, que se sumaron al poco llegar nosotros y un montón de paciencia formamos los regalos. Cuando pensamos que ya había acabado todo, nos encontramos con unas diez bolsas enormes llenas de ropa y zapatos que habían sido donados.  Había ahora que complementar cada regalo con ropa adecuada a la edad del niño o niña. El pequeño ejército que éramos resultó bastante más eficiente que cualquier ventanilla de atención al público y vimos cómo se obraba el milagro de la multiplicación de las blusas y los suéteres, porque a todo mundo le alcanzó algo e incluso sobró ropa de adulto. 

Dada la hora, las comunidades se volcaron. Me enteré que esas trescientas piezas estaban destinadas para cada niño, niña, bebé y adolescente de seis comunidades cercanas. Uno a uno pasaron a recibir de manos de Santa Claus su regalo. Para esto, Marcos será muy animado y lo que quieran, pero al hombre le choca disfrazarse, sin embargo, no había manera de escapar: le tocó personificar al hombre de rojo y lo hizo con todo profesionalismo a pesar de la amenaza de golpe de calor que le provocaba el traje y la almohada que se puso en la panza las dos y cacho de horas que duró la entrega de regalos.  

Eva comenzó hace diez años con este ejercicio. Ella ha estado vinculada a Coronado desde la infancia y pensó en hacer algo pequeño. Ese primer año consiguió treinta personas que apoyaran con el mismo número de juguetes. Con el tiempo había más niños que atender y se dedicó a hacer formatos estándares de cartitas que los propios niños rellenaban, asignando folios y luego abriendo centros de acopio en los negocios de sus amigos, hasta después rentar camionetas que llevaran todo en varios viajes. De esta manera, el sábado vimos cómo cada persona que recibía un regalo era fotografiada de manera que quien donó el regalo no tuviera dudas de su destino final.

Todos los que estábamos ahí sabemos que este tipo de ejercicios no solucionan la pobreza o las condiciones desfavorables de cada una de esas personas; pero sí ayuda, por lo menos, a generar una especie de oasis esperanzador, un alivio entre la dureza de una realidad que no siempre es justa. Así, personas como Eva son necesarias en cualquier momento del año, sobre todo después de épocas como esta, donde los estragos económicos de la pandemia todavía se sienten y el dinero no alcanza para nada.  Pudo ser Eva la de Coronado o cualquier otra persona, pero hoy agradezco que me recordaran que pequeñas acciones sí hacen la diferencia de poner, por lo menos, una sonrisa en la cara de niños y niñas y en ocasiones, con eso basta. 

“Envío: para Eva, Adriana, Dora, Quique y Andrea.”