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Perfiles

Por Óscar G. Chávez

Mayo 29, 2021 03:00 a.m.

No pensé llegar a estar de acuerdo con algún dicho de la candidata de Morena a la gubernatura de San Luis Potosí, pero el día de ayer durante el debate de candidatos a la gubernatura, señaló lo irrebatible al mostrarse sorprendida de que todos los candidato decidan, como promesas de campaña y de llegar a la gubernatura políticas morenistas. Quizá hasta de ella se sorprendió, si no es que desde hace tiempo se ha desconocido; nunca pensamos la generalidad de los potosinos, verla y escucharla impulsar estas propuestas. 

De algunos años para acá, las campañas políticas han encontrado su punto de mayor atracción en los debates entre candidatos, que aunque distan mucho de ser auténticos debates, en los que más que discutirse puntos de convergencias y divergencias administrativas, ideológicas, políticas, y sociales, se han convertido en verdaderas confrontaciones quintopatieras, en las que lo único que falta es que se arrojen la cubeta con lejía o cloro a los ojos. No es necesario tener mucha imaginación para afirmar que si la tuvieran a la mano lo harían.

No es tampoco necesario imbuirse en observaciones minuciosas y análisis científicos, para percibir que el manejo del discurso de cada uno de los candidatos, es lo que puede definirlos como personas y presentarnos un boceto casi completo del futuro gobernante. Todos coinciden en algo, en ellos se encuentra presente un etnocentrismo absoluto y colonialista, un espíritu proteccionista propio de aquellos que han vivido –y quién no– dentro de un Estado benefactor; pero también se encuentran subyugados por un colonialismo cultural que evidentemente les resulta cautivador. Para qué ir tan lejos, mucho de esto lo confirman los personajes a los que dijeron admirar (aunque honestamente creo que algunos ni los conocen), o los libros que afirmaron  han marcado su vida (que también dudo que algunos los hayan leído, al grado de –como el ridículo José Luis Romero–confundir a Freud con Spota).           

Más que detenerme a analizar los comentarios vertidos por los candidatos en el evento, me voy a permitir transcribir algunos párrafos del ensayo de Samuel Ramos, “Psicoanálisis del mexicano”, incluido en El perfil del hombre y la cultura en México, (Austral, 1951), los cuales se adecúan a la perfección, al boceto autodelineado y confirmado por los propios participantes. No hay mucho qué agregar, todos pueden incluirse dentro del apartado que el autor denominó El burgués mexicano; sus comentarios los definen; sugiero, para facilitar la comprensión, donde el autor escribió mexicano, sustituirlo por candidato.

“El mexicano burgués posee más dotes y recursos intelectuales que el proletario para consumar de un modo perfecto la obra de simulación que debe ocultarle su sentimiento de inferioridad. Esto equivale a decir que el  “yo” ficticio construido por cada individuo es una obra tan acabada y con tal apariencia de realidad, que es casi imposible distinguir la del “yo” verdadero. Ocupémonos, desde luego, en definir con qué elementos realiza el mexicano su obra de ficción; o, en otras palabras que reacciones suscita su sentimiento de inferioridad. La operación consiste, en su forma más simple, en suponer a lo que se es la imagen de lo que se quisiera ser, y dejar este deseo por un hecho. Unas veces, su deseo se limita evitar el desprecio la humillación, y después, en escala ascendente, encontraríamos el deseo de valer tanto como los demás, el de predominar entre ellos, y por último, la voluntad del poderío. La empresa de construir la propia imagen conforme a un deseo de superioridad, demanda una atención y un cuidado constante de uno mismo […] Considera los hombres y las cosas como espejos, pero sólo toma en cuenta aquellos que le hacen ver la imagen que a él le gusta que reflejen. Es indispensable que otros hombres crean en esta imagen, para robustecer el su propia fe en ella. Así que su obra de fantasía se realiza con la complicidad social” [...] El mexicano ignora que vive una mentira, porque hay fuerzas inconscientes que lo han empujado a ello, y tal vez, si se diera cuenta del engaño, dejaría de vivir así.”

“Como el autoengaño consiste en creer que ya se es lo que se quisiera hacer, en cuanto el mexicano queda satisfecho de su imagen, abandone el esfuerzo en pro de su mejoramiento efectivo. Es, pues, un hombre que pasa a través de los años sin experimentar ningún cambio [...] Podemos representarnos al mexicano como un hombre que huye de cinismo para refugiarse en un mundo ficticio. Pero así no liquida su drama psicológico. En el subterráneo de su alma, poco accesible a su propia mirada, late la incertidumbre de su posición, y, reconociendo oscura mente la inconsistencia de Personalidad, qué puede desvanecerse al menor soplo, se protege, como los erizos, con un revestimiento de espinas. Nadie puede tocarlo sin herirse. Tiene una susceptibilidad extraordinaria a la crítica, y la mantiene a raya anticipándose a esgrimir la maledicencia contra el prójimo. Por la misma razón, la autocrítica queda paralizada. Necesita convencerse de que los otros sean inferiores a él. No admite, por lo tanto, superioridad ninguna y no conoce la veneración, el respeto Y la disciplina. Es ingenioso para desvalorar al prójimo hasta el aniquilamiento. Practica la maledicencia con una crueldad de antropófago [...] Cada individuo vive encerrado dentro de sí mismo, como una ostra en su concha, en la actitud de desconfianza hacia los demás, rezumando malignidad, para que nadie se acerque. Es indiferente a los intereses de la colectividad y su acción siempre de sentido individualista.”

No es necesario agregar nombres, en ese afán de motivar a la reflexión el lector podrá ubicar a cada uno de los candidatos dentro de los parámetros del texto anterior. Por ellos van a votar.   

Estamos a una semana de las elecciones; mediten cuidadosamente su voto, no sea que aparezca en palacio un Ganelón, y consiga que Marsilio se meriende a Carlomagno.