¿PERO QUÉ NECESIDAD?
El Gobierno del Estado y la Universidad Autónoma potosina se encaminan a un conflicto de alcances impredecibles, del que, como siempre sucede, será posible saber cuándo y cómo comienza, pero ni idea de cómo y cuándo podría terminar. Si la racionalidad hace acto de presencia, semejante riesgo se puede desvanecer en minutos y ahorrarnos a los potosinos muchas preocupaciones.
Como ya se ha hecho público en semanas anteriores, la Secretaría de Finanzas estatal a lo largo del año recibió del gobierno federal 130 millones de pesos que debieron ser entregados de inmediato a la UASLP, por efecto de un convenio suscrito también por la Secretaría de Educación Pública. Se trata de dinero doblemente etiquetado: primero, se entrega al gobierno estatal para que sin ningún obstáculo lo transfiera a nuestra máxima casa de estudios, y segundo, para que ésta lo aplique en gastos de nómina y prestaciones laborales de diversos tipos.
El 4 de octubre pasado, habiendo trascendido el retraso en la transferencia de esos recursos, abordado por los medios el gobernador Ricardo Gallardo Cardona declaró que él apoyaría en todo lo posible a la Universidad y que iba a ver de inmediato el asunto, pero sorpresivamente añadió aquello de que la UASLP no debería “reciclar a personajes oscuros” y dejar de ser “casa de desobligados”.
No obstante su claro tono injerencista, indiferente al concepto de autonomía, la institución educativa ignoró los dichos gallardistas, guardó prudente silencio y esperó unos días a que las aguas se calmaran antes de reiniciar sus gestiones en la Secretaría de Finanzas para conseguir la entrega del dinero. Al día de ayer, miércoles 15 de noviembre, tal cosa no había ocurrido. Se hacen promesas de cumplimiento inminente que nunca se han cumplido.
El problema está a punto de convertirse en conflicto y entrar en crisis, porque si la Universidad no recibe esos más de 130 millones a más tardar en las próximas dos semanas, ya no podrá ejercerlos. Es decir, si finalmente la administración de Gallardo Cardona paga entrado diciembre, la UASLP ya no alcanzará a erogar debidamente esos recursos por la complicada tramitología y dispersión que debe cumplir.
En el otro escenario, que concluya el año y el gobierno se quede con el dinero, deberá devolverlo íntegro más rendimientos financieros a la federación, y en los recursos que le sean asignados para 2023 sufrirá un recorte por cantidad similar, a manera de sanción por no ejercicio presupuestal.
El problema para la Universidad es que no hay una manera fácil de recuperar esos millones aunque la federación los haya obtenido de vuelta del gobierno estatal.
Como los casi 4 mil 500 trabajadores de la UASLP, entre docentes y administrativos, no pueden dejar de cobrar a mediados de diciembre las dos quincenas y el aguinaldo correspondientes, la institución ha comenzado a tomar previsiones que eventualmente permitirán solventar esos compromisos, pero a costa de sacrificar otras inversiones muy necesarias, entre ellas la reparación del edificio mal hecho de la facultad de Ciencias que cuesta casi 20 millones. También, habría que abandonar otras obras, equipamientos de laboratorios y varios rubros más.
Es decir, la Universidad tendría que sacrificar proyectos encaminados a mejorar las condiciones de enseñanza y aprendizaje para tapar el hueco que le deja la arbitrariedad del gobernador Gallardo Cardona.
Es altamente probable que el fondo no político sino puramente financiero de la cuestión sea que el gobierno gallardista no tiene disponible el dinero -o sea que aunque lo recibió para entregarlo al Alma Mater se lo gastó en otras cosas-, pero si con una mano en la cintura hace un año fue y pidió un crédito de mil 500 millones de pesos, qué le cuesta utilizar esa vía para resolver su pendiente. Salvo que sea capricho.
EN LA CUERDA FLOJA
La comunidad universitaria potosina está compuesta por casi 40 mil personas: 34 mil 500 alumnos, incluidos los de postgrado; 2 mil 600 académicos, entre maestros e investigadores, y poco más de mil 800 empleados administrativos. Si se le suman los padres de familia, rondarán las 100 mil.
Es una comunidad que desde hace más de 30 años dejó atrás la violencia intra y extramuros; las riñas entre estudiantes, los secuestros e incendios de autobuses urbanos y los asaltos cotidianos de establecimientos comerciales. La clave de esto fue la desincorporación de las escuelas preparatorias, ejecutada a fines de los 80s por el entonces rector Alfonso Lastras con el apoyo del gobernador Leopoldino Ortiz Santos. También, el acotamiento de los grupos estudiantiles que alentaban los malos comportamientos. Lastras y Ortiz Santos sabían muy bien que cuando la Universidad se agita, toda la ciudad se inquieta.
Nadie que conozcamos sabe bien a bien si el impago del gobierno gallardista a la UASLP es simple falta de dinero por haberlo gastado en otras cosas, o si en efecto es una demencial forma de presión para que la institución se deshaga de tales o cuales funcionarios por la simple y sencilla razón de que le caen mal a Ricardo Gallardo Cardona. Demencial, reitero. Es decir, de locos.
Aunque al día de hoy todavía hay condiciones para que el riesgo no se vuelva crisis, una arista preocupante es que nadie en el gobierno, comenzando por su titular del Ejecutivo, parece tener la menor idea del tamaño del cataclismo que se puede provocar, cuyo costo mayor lo pagaría él mismo.
Conforme han ido pasando los días sin que la administración gallardista cumpla su compromiso ni dé muestras de estar por cumplirlo, las diversas instancias decisorias de la Universidad han comenzado a reflexionar sobre cómo enfrentar y solventar dos cuestiones esenciales: una, la puramente financiera, que como ya explicamos se basaría en sacrificar otros proyectos, y dos, qué hacer si se hace evidente que todo es una embestida del gobierno de RGC cualesquiera que sean sus causas.
Decidí escribir esta columna luego de que el pasado fin de semana me enteré por fuentes confiables del tipo de alternativas que han sido ponderadas para frenar y responder cualquier agresión de esa naturaleza. Una en particular llamó mi atención -por su simpleza y contundencia- y creo que conviene hacerla pública.
La UASLP cuenta con unidades académicas en Ciudad Valles, 2 mil 400 alumnos, 200 maestros y 100 administrativos; Rioverde, con mil 380, 110 y 30, en el mismo orden; Matehuala (incluida la preparatoria), 2 mil 200, 140 y 65; Tamazunchale, 650, 105 y 25, y Salinas, 205, 33 y 13, respectivamente. Totalizan casi 7 mil estudiantes, 580 docentes y 233 administrativos.
“Más que suficientes para estrangular durante unas horas las principales carreteras que confluyen en las diferentes regiones del estado. Para las que llegan y salen en esta capital, hay casi 35 mil alumnos disponibles”, me dijo un estratega de nuestra máxima casa de estudios que, por lo visto, han estado haciendo planes desde hace rato.
Detengámonos un poco en esto: con su alumnado, incluso con una fracción de éste, local y foráneo, la UASLP puede interrumpir el tráfico entre Valles y Tamazunchale; entre la Huasteca Sur e Hidalgo y la Ciudad de México; entre la Huasteca Norte y Tamaulipas y la frontera con Estados Unidos. Puede cortar la circulación en la supercarretera a Rioverde y hacia Matehuala y de ahí a Saltillo y Monterrey. También, las vías desde y hacia Guanajuato, Jalisco, Aguascalientes y Zacatecas. Y qué decir de la 57 hacia y desde Querétaro.
Es decir, con una sola reacción defensiva, no agresiva, nuestra casa de estudios puede paralizar el centro del país. Y no durante días, porque el lío llegaría hasta Vancouver, sino unas horas o unos minutos. Más que suficientes para llamar la atención de cuanta autoridad existe para decirles “nosotros no queríamos, pero nos tenemos que defender; nos esfuman nuestro dinero y nos quieren deponer e imponer funcionarios”.
Una situación así, presentada en los viejos tiempos de los secretarios de Gobernación poderosos y los presidentes poco complacientes, puedo imaginar la breve llamada desde Bucareli: “Señor gobernador, si no puede resolver problemas, por favor no los provoque”.
Desde otra perspectiva, me parece que en su origen más profundo este grave riesgo de conflicto es hijo de un hecho sencillo y fácil de comprender: Ricardo Gallardo Cardona no ha podido entender que su poder, que es un gran poder, tiene límites; que no es omnipotente.
COMPRIMIDOS
Luego de lo mucho que ya se ha dicho a propósito de la marcha del domingo pasado, en su dimensión local me quedo con una incógnita que no sé si algún día logre resolver: ¿por qué si marchas de meses atrás convocadas para protestar por la inseguridad apenas reunieron uno o dos centenares de manifestantes, ésta en defensa del INE congregó aquí cinco o seis mil personas?
A propósito del tema principal de nuestra columna anterior, en la que hablamos de que dinero desviado de Seduvop habría ido a parar a las cuentas de varios diputados, el fiscal general del Estado, José Luis el honestísimo Ruiz Contreras, hizo unas declaraciones fraseadas con extremo cuidado. A los medios que le preguntaron, dijo que en ese tema no hay ninguna “investigación directa”. ¿Indirecta sí? Y agregó el socorrido “por ahora”.
¿Mañana sí?
El camino a Palma de la Cruz integralmente rehabilitado por la administración de Ricardo Gallardo Cardona, cuyas obras fueron inauguradas hace unos días, además del poblado mencionado benefician a la facultad de Agronomía. Que de paso le quede el rancho propiedad de Ricardo Gallardo Juárez -cuya inmediata plusvalía debería causar impuestos- es pura casualidad.
La reciente visita del Corcholata Marcelo Ebrard se recortó en tiempo y eventos porque traía prisa, pero cumplió con lo que sin duda era su motivo principal: reunirse con los principales empresarios potosinos, que si bien no puede decirse que sean “su base”, sí que pueden ser sus apoyos, sobre todo por si el dedo divino lo favorece y hay que enfrentar los elevados costos de las campañas presidenciales. Nomás que son más duros que el granito.
Y a propósito de esa visita, amigos que le entienden a estas cosas mucho más que yo me hicieron notar algo peculiar: una vez concluida, Gallardo Cardona subió a sus redes sociales numerosas fotos en todas las cuales aparece saludando a Ebrard, acompañándolo, escoltándolo, en tanto que el Canciller subió a las suyas únicamente tres: la primera con una señora de la tercera edad que lo saluda muy afectuosa, otra con un ejecutivo de la BMW y la última con una trabajadora embarazada de esa planta. ¿Y su anfitrión RGC? Ni sus luces.
Me resulta inexplicable.
Hasta el próximo jueves.



