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Personas orquídea

Por Yolanda Camacho Zapata

Octubre 03, 2023 03:00 a.m.

A

Hay personas que no sé cómo consiguen ponerse en pie todas las mañanas. Leía el testimonio de Ximena Céspedes, madre de Ana María Serrano Céspedes, quien fue víctima de feminicidio hace poco menos de dos semanas. La chica fue ultimada, aparentemente, por su exnovio, que ya se encuentra detenido. La madre, que se dedica profesionalmente al manejo de crisis, jamás pensó que tuviera que enfrentar su propio caos. Ha escrito dos textos, uno publicado a manera de columna en El Universal, y el otro desde su cuenta de X (antes Twitter). El primero es un documento práctico que enlista lo que ella aprendió de su propia crisis: la importancia de tener una red de apoyo, gente que piense en esos momentos con la cabeza fría, que tome decisiones rápidas y eficientes. El segundo documento es una carta para los amigos y amigas de su hija donde les pide no quedarse en ese lugar oscuro al cual fueron arrojados al saber que el presunto asesino era uno como ellos, uno más de un grupo de jóvenes normales, con una familia ordinaria, un joven querido. Ahí, les dice, se dieron cuenta de que la maldad existe y eso va a cambiarles para siempre. Les pide, sin embargo, que sigan creyendo en el amor, que se aferren a la esperanza, que no se culpen por no haber visto señal alguna que previera lo que luego pasaría, que sigan con sus vidas y que sean felices. No sé cómo le hizo para articular dos palabras juntas, pero queda claro que el dolor se conjura de maneras distintas y Ximena ha decidido aliviar su pena con letras.

Me gustan las orquídeas. Es la única planta que ha tenido la decencia de sobrevivir bajo mis cuidados. Hace ya varios años Marcos me regaló una orquídea pequeña que florece con tonos magenta. Tenía que cuidarla no nada más por ser un ente vivo, sino porque es la única planta que Marcos me ha regalado a sabiendas que lo mío más bien, es secar cactus -no es broma, es anécdota-. Así, sentí la responsabilidad de hacer que aquella planta sobreviviera y que además de sana, luciera bonita. Comencé a estudiar la especie y de entrada me enteré de que no es una planta ordinaria que se siembre en tierra. Las orquídeas son una especie generalmente epífita, es decir, una planta que crece sobre otra planta, pero que no es parásito de ella, sino que se alimenta independientemente. Así, las orquídeas crecen pegadas a troncos de árboles, con las raíces expuestas. Su fuente de vida queda al aire, sin la protección que otras plantas necesitan. Las orquídeas en general, viven con poca agua. No les gusta el sol directo, pero sí una variación más o menos de diez grados entre día y noche para que floreen. Crecen con el estrés del clima cambiante. Cuando sus flores caen, la rama seguirá verde un buen tiempo porque la orquídea le seguirá enviando nutrientes, por eso se recomienda cortar la vara que ya no tenga flores, así la planta concentrará su energía en una nueva vara que luego hará florecer. La creencia popular es que las orquídeas son delicadas, cuando en realidad es una especie brutalmente resistente. 

Por eso, al leer los textos de Ximena Céspedes y de tantos otros padres y madres a los cuales la vida de sus hijos les fue arrebatada, pensé en las orquídeas, creciendo con la raíz por fuera para seguir viviendo, encontrando maneras de respirar cortando aquello que ya no es importante, apoyándose en lo que haya, sin quitar nutrientes, pero siempre buscando sustento. Esos padres y madres son como las orquídeas: bellos y resistentes más de lo que nadie pudiera imaginar. 

No se puede glorificar la belleza que viene del dolor, ni romantizarla, sino más bien, hacer notar la hermosa entereza que surge de un sufrimiento punzante, constante y profundo. Nadie se merece que le maten a sus hijos e hijas, nadie debería pasar por lo que ni nombre tiene. Y sin embargo, ahí están ellos, los padres y madres orquídea, floreando para esperar que nadie pase por la pesadilla que ellos ya vivieron.