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Placer o penitencia

Por Marta Ocaña

Agosto 11, 2021 03:00 a.m.

A

Podría quedarme tardes enteras en el carrusel de vídeos del Museo del Prado o escuchando las conferencias de la Fundación Juan March sobre diversos tópicos o de arte en general. Mis horas de navegación podrían monopolizarse por largos espacios de tiempo solo en esos dos sitios virtuales, si la vida diera para eso. 

Entraría por la puerta que abre la plataforma de Facebook, Instagram, en youtube o los sitios oficiales, evadiendo la multitud de distractores como los recordatorios de cumpleaños, las fotos de portadas recientemente modificadas, los últimos viajes, el mejor platillo, los lugares más exóticos y las redes dedicadas a la grilla, o bien los nenes más hermosos en brazos de sus padres, para alcanzar la orilla en donde se localizan esas cápsulas, en donde es posible conocer la historia de los virtuosos del pincel, de la fotografía, de la escultura así como la forma en que, tras bambalinas, trabaja y -realiza en este caso- el museo mencionado.

No los busco para saber más o para presumir en cotilleos, o para salir del paso con comentarios inteligentes. Los busco porque me dan paz y porque dan inspiración. Y porque conocer el proceso de vida a través del cual llegaron a ser recordados siglos después de su contribución al mundo del arte, no deja de asombrarme. Y si bien la red da para quedarse atrapada en ella, lo cierto es que estos placeres efímeros aún cuando es posible repetirlos gracias a la tecnología infinidad de veces, la vida nos reclama en otros sitios y en otros menesteres.

De tal forma que también mañaneramente, nos vemos remolcados en el remolino que se suscita día a día tras las más recientes declaraciones, opiniones, juicios de valor, críticas y ocurrencias que desde temprano se emiten por todos estos medios que nos rodean sin misericordia alguna. Ya podemos leer sobre las aventuras que viven los magistrados en el tribunal, sus golpes de estado -o de suerte-, sus cambios, el escalamiento de las variantes del virus que no parece estar resolviéndose, el cese a J.F. Hdz o las “estrategias” para evitar los contagios por covid 19-20-21 de la gentil voz del canciller...hasta el infinito.

Y entre las alertas por el irreversible daño al ecosistema terrestre y los desastrosos efectos en el cambio y por el cambio climático, los seres humanos buscamos refugios que nos den esas pequeñas dosis de placer y mitiguen el marisma social y atmosférico que nos envuelve local y planetariamente. Leer, ver cine en la red -a falta de la sala con la gran pantalla-, sumergirse en las tramas de series como Hit & Run, leer a Murakami en la Muerte del Comendador, o dormitar mientras en los audífonos Laura Freixas me platica la vida de Virginia Wolf, son parte de mis placeres frívolos y banales. Eso que me hace pensar o sentir que la vida puede ser vista tanto como un placer o una penitencia; en esa relatividad de que quien habla, cuenta según como le va en la feria.