Preguntas serias
En el año 63 antes de la era cristiana Marco Tulio Cicerón se dirigió al senado, denunciando la conspiración de Lucio Sergio Catilina en contra de la república romana. Estos discursos se conocen con el nombre de “Catilinarias”.
En el primero de estos discursos, Cicerón dijo: “¿Hasta cuándo, Catilina, continuarás poniendo a prueba nuestra paciencia? ¿Cuánto más esa locura tuya seguirá burlándose de nosotros? ¿A qué fin se arrojará tu irrefrenable osadía? ¿Acaso nada te ha inquietado el destacamento nocturno del Palatino, nada la guardia de la ciudad, nada el temor del pueblo, nada la concurrencia de todos los hombres de bien, nada esta fortificadísima plaza que es el Senado, nada los labios y los rostros de todos los presentes? ¿No comprendes que tus planes se derrumban, no ves que ya tu conjura ha sido sofocada por el hecho mismo de que todos la conocen? ¿Quién de entre nosotros piensas que no sabe lo que has puesto en práctica la noche pasada y la anterior, dónde has estado, a quiénes has reunido y qué suerte de planes has ideado? ¡Oh tiempos, oh costumbres! El Senado conoce estas cosas, el cónsul las ve: éste, sin embargo, vive”.
Es claro que en el México de hoy, algunas de las frases dichas por Cicerón encuentran un lamentable y triste eco: ¿Hasta cuándo López seguirá poniendo a prueba la paciencia del pueblo? ¿Hasta cuándo López seguirá, en su sinrazón burlándose de todo, de las leyes, de las instituciones y del mundo, en general? ¿A qué terrible destino nos llevará como país en su irrefrenable e irracional audacia?
¡Oh tiempos, oh costumbres! Está a la vista de todos, y sin embargo, aún hay quienes siguen creyendo en sus palabras, con las que pretende denigrar a sus adversarios, mentir descaradamente y seguir cosechando la fe ciega de sus seguidores que en la irracionalidad, siguen creyendo que es honesto un gobierno que encubre a sus hermanos que reciben sobres de dinero o primas que hacen contratos con PEMEX a la sombra del poder.
Siguen creyendo en quien depreda criminalmente una selva para jugar al trenecito o arrasa un aeropuerto en vías de construcción para borrarlo del mapa, a cambio de construir una central avionera a su más puro capricho. Y todo sin rendir cuentas de nada.
Siguen creyendo que es demócrata quien reparte candidaturas a cargos de elección popular con el dedo dictador de quien, otrora, reclamaba como justificación de su lucha cívica esos mismos vicios.
Siguen creyendo que la opacidad es símbolo de claridad, que la corrupción dejó de existir por milagro y que todo el pasado aún pesa sobre este pobre país que hoy saquean, a plena luz pero sin que la autoridad haga nada; medran y llenan sus bolsillos con el beneplácito del gobernante, vástago presidencial incluido.
Siguen creyendo que mostrar clemencia por asesinos y delincuentes lo hace humano y que malhaya esos ingratos padres de hijos que mueren de cáncer, por reclamar del gurú simplemente lo que la ley le obliga.
Siguen creyendo en quien denosta jueces que empuñan la Constitución en contra de las arbitrariedades del gobierno y protegen los derechos humanos, blanco preferido de las huestes transformistas que ven en el reconocimiento de ellos una herencia del pasado que debe ser erradicada, pues mientras el pastor lo diga, ¿qué importa lo demás?
Siguen creyendo que nuestro país es un lugar seguro, cuando los muertos se acumulan por decenas, ya por artero crimen o negligentes funcionarios que negaban la realidad mientras los deudos enterraban a las víctimas del COVID?
Por eso tengo algunas preguntas serias:
¿Es en serio que le creen? ¿Es en serio que la ceguera se ha apoderado de la razón de tal manera que haya quien escuche las mañaneras y se convenza de tantas mentiras? ¿Es en serio que México merece morir de esta forma lenta y ominosa en que López lo está matando?
La última: ¿cuándo los mexicanos dejaron de ser ciudadanos para ser simplemente feligreses?
@jchessal



