Proyectos, no corcholatas

México debería ser un país de Instituciones, o al menos esa es la aspiración que se tuvo luego de la culminación no formal del proceso revolucionario, transitar de una nación de caudillos a un país de Instituciones, con atino lo aseveraba Elías Calles: "los hombres perecen, las Instituciones permancen."; aunque en los hechos él mismo no creyó en el contenido de esa frase, tan es así que influyó poderosamente y quiso permanecer en los gobiernos que sucedieron al suyo. 

Sin embargo, luego de la promulgación de la Carta de Querétaro en 1917, y muy a pesar del maximato callista, México ha intentado convertirse en una nación moderna donde se consoliden Instituciones que resistan incluso a quienes ostentan el poder político. En ese sentido, es poco grato escuchar en voz de quien no debería decirlo, el calificativo "corcholatas" -refiriéndose a quienes legitimamente aspiren a la candidatura presidencial en 2024-, pues además de ser un término peyorativo e irrespetuoso, resulta tener un trasfondo injerencista en una decisión que debería ser absolutamente libre de una militancia activa, pensante y decidente dentro de un partido político, aunque ese partido sea el mismísimo partido oficial. 

Y es que habría que preguntarnos con sentido crítico: ¿qué es una corcholata?, si acudimos al Diccionario encontraremos que la corcholata es, el tapón metálico con el que se cierran de manera hermética algunos envases que contienen líquidos y que se coloca a presión en el lugar de origen de los productos. Pero en sentido estrictamente político puede tratarse en realidad de esa figura denominada "El Tapado" a la que Jorge Castañeda se refiriera de un modo brillante en su libro "La Herencia", al analizar el ritual que precedía a la sucesión presidencial en tiempos del México con partido hegemónico. 

De ser así, la referencia corcholata, verdaderamente sería una clara alusión a esa figura de la vieja praxis política mexicana del tapado o la tapada, quien, llegado el momento -cual auténtica corcholata- es "destapada" por el poseedor del instrumento para hacer tan mexicana maniobra, la cual estuvo presente durante muchos sexenios en este país y que no es precisamente una de las prácticas más democráticas. 

Así, reducir a los aspirantes con ese calificativo, es restarles per se la posibilidad de existir fuera del dedo elector, por ello me parece que las y los aspirantes del oficialismo a la gran contienda federal de 2024, deberían, por salud política, no dejarse llamar corcholatas, pues ella y ellos son personas dignísimas con una gran trayectoria profesional y amplia capacidad para ser corcholatas de absolutamente nadie. 

De modo que, lo que el ciudadano quiere (queremos), no sólo en el oficialismo, sino también de la oposición que alguna vez fue gobierno y de la que no lo ha sido, proyectos de nación serios de los que se comience a hablar desde ahora, de los ques y de los comos, para que, llegado el momento de la gran decisión, de la cual nos separan casi 24 meses, podamos tomar la mejor respecto al rumbo que habrá de tomar este país y su gobierno, el cual por cierto, será el que habrá de conducirnos hasta el 2030, sí, a ese año para el que la humanidad se trazó 17 objetivos para su desarrollo sostenible y que lejos, muy lejos se ve su cumplimiento. 

Ojalá en los próximos meses veamos de los aspirantes de todas las expresiones políticas, convertirse en auténticos gigantes, presentando planes y proyectos de nación trazados a partir de estos Objetivos, con altura de miras, enfocados a la solución de los grandes temas nacionales, mucho más allá de la complacencia ideologica o del antagonismo del momento. 

Excelente inicio de semana. 

Los sigo leyendo en este correo: 

jorgeandres7826@hotmail.com.