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Pura pantalla

Por Óscar G. Chávez

Diciembre 24, 2022 03:00 a.m.

A

No fue un suceso de gran magnitud y aunque causó algo de revuelo hace unos días, tampoco ocupó las primeras planas de los diarios impresos; fue mayor la difusión que se dio en redes sociales, que en portales informativos, al asunto de una pareja potosina varada durante un viaje de esparcimiento al Perú (como consecuencia de la crisis generada por la complicada situación de aquel país) que solicitaba apoyo a la Cancillería mexicana y al gobierno del estado, no sólo para poder regresar sino también para subsistir el tiempo que pudiera prolongarse su estadía forzada en la nación andina.

Poco podía esperarse de la Cancillería que centraba sus atenciones en gestionar la salida de la familia del expresidente Castillo, de ahí en fuera creo que ni el propio embajador mexicano les importaba. Por fortuna, solidario y fiel a su costumbre de atraer las cámaras, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona anunció con estrépito la rápida gestión de apoyo a la pareja de potosinos. 

Ayer, a través de este medio informativo nos enteramos que la inconmensurable generosidad del gobierno potosino se manifestó a través de $1,500.00 pesos. Ni en un concierto de Julión Álvarez se gasta tanto. 

Sucesos como el  anterior se convierten en instantáneas de este gobierno en el que la más persistente constante son las alharacas mediáticas de los anuncios del gobernador, quien lo mismo ventila con estruendo órdenes a su servidumbre, anuncios parroquiales, pleitos quintopatieros y de molino, o iniciativas para volver más mejor y más mayor cualquier concepto, que sus afanes de activista, diseñador, esteta, jurista, melómano, operador de espectáculos, experto en seguridad nacional, organizador de posadas y zar anticorrupción, para no llegar más allá del estruendo sin ofrecer solución alguna. 

Si los ejemplos se contabilizaran la cifra sería alta, podríamos comenzar por la Guardia Civil Estatal que se convertiría en una corporación desvinculada de cualquier acto de corrupción tan común en el pasado y que acabaría de tajo con la inseguridad. En los últimos días algunos de sus miembros están sujetos a investigaciones y a procesos por cometer diversos actos delincuenciales; de la erradicación de la inseguridad ni hablar, porque la vivimos en incremento cotidiano, mientras el secretario de Seguridad Pública menciona teresianamente la mística de la corporación.   

Otro más, ya que tampoco hay necesidad de abundar en la muestra cuando sabemos cuál es la constante.  Al inicio de la administración gallardista se declaró a los cuatro vientos una lucha sin tregua contra la corrupción y las viejas mañanas provenientes de pasadas administraciones; todo contra la herencia maldita y su permisividad, pero resulta que los actuales, es decir no las obscuras fuerzas del pasado sino las tenebrosas del presente han resultado mucho peores por las muy diversas formas en que han saqueado y dilapidan el erario.

Ahí está el contralor general del estado, quien debería estar investigando la falta de pago a los maestros (todavía no queda muy claro cómo se evaporó ese recurso) y reportando avances sobre las investigaciones de los desfalcos de la exsecretaria de Salud y a a los involucrados en la Red metro, pero resulta que no hay inhabilitaciones, ni sentenciados.  Muy a la ligera y con perversa irresponsabilidad podríamos pensar que ya se han arreglado ya por debajo de la mesa, pero quizá la gran ineficiencia de esta dependencia deriva de que la Dirección general de órganos internos de Control y Comisarías está en manos de una inexperta, Rocío Maricela Lozano Franco, quien es su cuñada. 

No es el único caso de ineficiencia en esta administración, tampoco de nepotismo (si no hay que esperarnos a ver a dónde llega la hermana de Guadalupe Torres), pero entonces, ¿dónde están los valores de integridad que cada mes pregonan?    

El problema quizá no sea la estridencia de sus declaraciones, ofrecimientos y promesas, sino la incontinencia de su diarrea verbal, ésa que al final del día nada le contiene. De ahí, posiblemente, la guerra contra los cubreboca. 

Gracias por la lectura. Pasen felices fiestas e inviten al recalentado; si no tienen voluntad de verme por la mala fama que algunos de mis malquerientes gratuitos me hacen, me mandan con algún propio un itacate.