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¿Qué haría Tommy Thompson?

Por Marco Iván Vargas Cuéllar

Octubre 13, 2022 03:00 a.m.

A

Falta muy poco tiempo para todo. Los partidos políticos en el Congreso de la Unión discuten el terreno político de los acuerdos que darían la pauta para el establecimiento de una eventual reforma a las reglas electorales que regularán a la contienda del 2024. Si Usted ha seguido este espacio editorial durante los últimos meses, recordará que hemos hablado de ello reiteradamente. 

No debemos perder de vista que una reforma general a nuestro sistema electoral ya afectaría a los procesos electorales que se desarrollan en el Estado de México y Coahuila quienes celebrarán elecciones ordinarias el siguiente año. Quienes están cercanos al cánon de la ortodoxia normativa, consideran que el tiempo disponible para hacer modificaciones sustantivas y secundarias al entramado normativo e institucional es muy reducido, lo que pondría en riesgo la certeza en la organización de estas elecciones. En el resto de las entidades federativas, se trabaja ya en los actos previos para la preparación de este proceso mientras se cumple con el resto de las facultades constitucionales ordinarias en tiempos no electorales.

Desde luego, esto no implica que no puedan realizarse estos cambios. Un factor determinante tiene que ver con el tiempo con el que se cuenta para implementar los mismos de manera adecuada y pertinente, sin poner en riesgo la organización de los comicios en donde los partidos tienen expectativas de victoria y que en última instancia pertenecen socialmente a la ciudadanía. Quienes verdaderamente saben y conocen sobre las implicaciones materiales de realizar modificaciones sustantivas al entramado institucional de las autoridades electorales -pensemos por ejemplo en modificar la estructura del Instituto Nacional Electoral, desaparecer a los tribunales locales y a los organismos públicos locales electorales- han mostrado un enorme escepticismo sobre la viabilidad cronológica y política de cara a los procesos en puerta. Hay personas que ya aspiran a un cargo público en 2024 y aún no existe una definición clara sobre la estructura y funcionamiento de la autoridad que sería responsable de la organización de esa elección. “Si algo funciona bien, no lo arregles”, sentencian.

¿De qué depende que algunas propuestas puedan prosperar y otras no?. Como lo hemos mencionado previamente, aquellas que implican cambios constitucionales, requieren de una cantidad de votos en mayoría calificada que demanda un acuerdo entre fuerzas políticas que no necesariamente comparten los mismos valores o intereses. Es terreno de diálogo o negociación. Otra posibilidad es que el marco de organización electoral que está plasmado en la Constitución se mantenga intacto, pero que sí se modifiquen disposiciones secundarias que requieren de mayorías simples -y por tanto de costos de acuerdo/negociación menores-. ¿Qué se puede hacer ante esta situación?.

Hay que recordar que el comportamiento de las fuerzas políticas en el terreno legislativo suele ser congruente con el conjunto de ideas, principios, valores -o intereses- que representan, sean declarados o no -no todas las agendas legislativas son visibles-. Esto es importante porque permite entender lo que quieren los partidos políticos, lo que buscan, lo que pueden intercambiar y lo que de ninguna manera pueden conceder. Es oficio político del que se aprende allá afuera.

Recordé una lección relatada por Robert McNamara sobre la crisis de los misiles en Cuba en 1962. Frente a la amenaza real de un ataque nuclear en terreno continental de Estados Unidos (proveniente de misiles de mediano alcance que se instalaron en Cuba), la diplomacia solo podía tener éxito a partir del conocimiento de los intereses de la contraparte. Un asesor de John F. Kennedy, de nombre Llewellyn E. “Tommy” Thompson recomendó una salida diplomática -opuesta a quienes opinaban que Estados Unidos debería aprovechar su superioridad militar en la zona- argumentando que el interés profundo de Nikita Jrushchov no tenía que ver con desencadenar un conflicto nuclear con Estados Unidos, sino más bien con lograr una victoria política que fuera percibida positivamente frente a la población rusa y cubana. Legitimarse ante su público.

Pienso que el centro de la negociación entre las fuerzas políticas puede tener como resultado un acuerdo -en este momento, teórico- en el que todas las fuerzas ganan algo -o no pierden todo-. Los partidos tienen que hablarle a su electorado y aceptarán aquellas cosas que les permitan ser consecuentes con ello. En pocos días sabremos el resultado de esto.

Twitter. @marcoivanvargas