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¿QUIÉN LES ENTIENDE?

Por Juan José Rodríguez

Diciembre 21, 2023 03:00 a.m.

A

   Es verdad que entre nuestros políticos la coherencia, entendida como la relación y correspondencia lógicas entre lo que se dijo ayer y lo que se dice hoy, no es ni nunca ha sido una cualidad muy abundante que digamos, pero hay casos en que su escasez se vuelve inexistencia y eso ya es preocupante; sobre todo si los políticos de que hablamos tienen elevadas cuotas de poder, manejan chequera y garrote. Es decir, si los adalides de la incoherencia son gobernantes.

Los motivos de preocupación ciudadana emergen porque salvo que se trate de una forma muy sofisticada de hacer política -tanto que pocos la entienden- lo más probable es que se esté ante las manifestaciones de una mente desordenada, dispersa.

Juzgue usted. El pasado 21 de agosto, en respuesta a una pregunta sobre si ya tenía “gallos” o “pollos” para que compitieran en las próximas elecciones con las siglas de su partido, el PVEM, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona declaró a los medios que él tendría si acaso “huevitos”, “porque pollo ya hay”. Luego, en el tema de la presidencia municipal de la Capital, con la elegancia de lenguaje que le es característico, dijo que su secretario de Desarrollo Social y Regional, Ignacio Segura Morquecho “puede ser un huevo, ojalá y los tenga para salir, muchos blanquillos para salir 

a darle”.

Exquisiteces expresivas al margen, quedó claro que Gallardo dejaba en los destos de Nachito la determinación de participar o no en las próximas elecciones. O sea, que él decidiera si quería ser no su gallo ni su pollo -categorías ya ocupadas por ambos Gallardo, supongo yo- pero sí su “huevito” para buscar la alcaldía capitalina (no hubo ninguna precisión sobre si le tocaría ser el derecho o el izquierdo, que no es lo mismo pero es igual, dice Silvio Rodríguez).

Así quedaron las cosas, pero solamente unas semanas. El primero de noviembre, el mismo gobernador, de viva voz ante los numerosos medios de comunicación que se congregan para recoger sus declaraciones, dijo que ni su secretario general de Gobierno, Guadalupe Torres Sánchez, ni el de Desarrollo Social y Regional, Nacho Segura Morquecho tendrán su permiso para participar en las próximas elecciones. 

Fue explícito y categórico: “No pueden salir del gabinete, y si salen, van a salir por la puerta trasera, porque no los vamos a ocupar después en el gobierno si pierden. No creo que sea su momento”. ¡Zas! 

Y por si no fuera suficiente, agregó: “Morquecho tiene muchas cosas qué hacer, tiene muchas encomiendas por hacer. No se puede separar del gobierno, y si se quiere separar será definitivo”.

Hasta ahí las cosas, parecían una incoherencia más de esas a las que en estos últimos 27 meses nos hemos ido acostumbrado. Decidí convertir el tema en materia de esta columna porque poco después, el 21 de noviembre, el mismo Gallardo Cardona informó -cual dirigente partidista sin cargo oficial alguno- que Segura Morquecho estaba por registrarse como aspirante a la candidatura senatorial en el Verde, para hacer fórmula con la señora Ruth González Silva. 

Incluso entró en explicaciones. Dijo: “Estamos en tiempo y forma. Vamos casi a diciembre, entonces él (Segura Morquecho) tiene todavía estos días para desprenderse del puesto”. 

¿Y entonces? ¿Y el terrible anatema de 20 días antes afirmando en público con grabadoras, cámaras y micrófonos enfrente, de que Nachito no sería candidato a nada y que ni se le ocurriera jugar por su cuenta porque eso le costaría su expulsión del paraíso gallardista? ¿Quién le entiende?

Me he detenido en este caso en particular porque me parece el más ilustrativo para lo que me interesa señalar y subrayar: La preocupación de ¿quién nos gobierna?, pero a aquellos de nuestros lectores que les interese profundizar en el tema, bastará que se sumerjan unas horas en los archivos mediáticos y seguirle la pista al caso de Juan Carlos Valladares Eichelmann. 

Debo insistir en algo: para ninguna comunidad, del tamaño que sea, resulta saludable ser gobernada por alguien que hoy dice una cosa y mañana se contradice. Sobre todo, porque sabido es, en la historia universal consta, cómo líderes políticos con alguna deficiencia la pudieron remediar con los asesoramientos correctos. Pero si alguien que desayuna, come y cena incoherencias propias y además no las reconoce, es porque para empeorar todo está afectado de soberbia, de arrogancia. Ambas fallas de personalidad ciegan, extravían. 

Y todo esto referido a alguien con 65 mil millones de pesos de presupuesto a su disposición; con mando sobre miles de policías y ministerios públicos, con la adulación permanente de numerosos cortesanos y el tembloroso miedo de sus lacayos. No sé usted, pero yo creo que motivos de preocupación no nos faltan a los potosinos.

(Y conste que no se trató aquí nada de las irregularidades financieras y administrativas, de los caprichos personales tipo Arena Potosí, de los retrasos, sobrecostos y mala calidad de muchas obras; de las amenazas mal disfrazadas a alcaldes o legisladores de otros partidos; de las muertes por accidente sospechosas, etcétera, etcétera. Se necesitarían varias páginas).

HISTORIAS EXTRAÑAS

Muchos de los errores que cometemos los seres humanos ocurren cuando dejamos de reconocernos a nosotros mismos; cuando de repente nos olvidamos de quiénes somos. Se nos borra de la memoria qué hemos hecho y qué hemos dejado de hacer, de dónde venimos y por dónde hemos pasado; puede que nos acordemos de quién nos debe, pero no de a quién le debemos. 

Sospecho que algo así le ocurrió recién a Alejandro Caco Leal Tovías. Ignoro los motivos precisos que lo llevaron a hacer público su distanciamiento, desacuerdo, enfrentamiento o ruptura con el alcalde Enrique Galindo, pero en su lance el ex secretario general del gobierno carrerista parece haberse olvidado de toda su historia de vida, la remota y la reciente.

Desde su arribo a la gubernatura, un día sí y otra también el gobernador Gallardo Cardona le ha tundido inmisericordemente a la administración de Juan Manuel Carreras. El apelativo La Herencia Maldita ha servido bien para hacerla responsable de todos los males públicos habidos y por haber en estas tierras. Quién fuera el segundo al mando en esa gestión, Caco, al respecto ha guardado un estruendoso silencio.

Frente a proyectos disparatados remitidos por el Ejecutivo al Congreso, el diputado priista Leal Tovías -que no es mal abogado- ha volteado para otro lado e incluso en no pocos casos los ha convalidado con su voto.

Con estos y otros elementos contextuales que sería demasiado prolijo detallar, resulta difícil de entender que alguien como Caco, que no es neófito en el tema, venga a hacer públicas posturas que pocos descifran en sus razones profundas y sus objetivos reales. Y digo que es difícil de comprender porque el protagonista de esta historia no es ningún tonto o despistado.

Por esa cualidad de no ser tonto, a estas alturas debe estar consciente de que, en ausencia de una clarificación creíble de causas, motivos, propósitos y objetivos, hay quienes lo ubican como peón de Gallardo para perjudicar a la oposición PAN-PRI-PRD, o peor aún, como aliado de Sara Rocha para debilitar la resistencia al interior del tricolor que representa Galindo. Ojalá y pronto sepamos realmente de qué se trata todo esto, pues al día de hoy me resulta imposible creer que Leal Tovías haya decidido, ya en el séptimo piso de su vida y sin apuros económicos de ninguna clase, recorrer los senderos de la ignominia.

Por ahora, para enturbiar más el agua, salió Caco a declarar que su anuncio espectacular descalificando a Galindo no tenía ese propósito ni era producto de alguna desavenencia. Un verdadero galimatías.

Desde otra perspectiva, este episodio de alguna manera viene a confirmar que en vísperas de que se definan todo tipo de candidaturas, alianzas y arreglos sub mecatum, lo más intenso de la política potosina está ocurriendo al interior de los partidos y de los bloques que han formado. Nomás hay que ver el jaloneo que se traen morenos de un lado y verdes del otro.

COMPRIMIDOS

El estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) referido a esta capital, publicado por Pulso el viernes pasado, incluyó dos auténticos pedradones; uno para la autoridad estatal y otro para la municipal. La primera es que el 86.2 de los potosinos mayores de 18 años (o sea, casi nueve de cada diez mayores de edad), “considera que las prácticas corruptas en el gobierno del estado son frecuentes”. Por lo que al Ayuntamiento se refiere, el dato es igualmente preocupante: San Luis ocupa el lugar número 61 entre las 66 ciudades evaluadas en lo que a incidencia delictiva se refiere. Que no se hagan los desentendidos.

Respondo a la pregunta de un amable lector, en el sentido de por qué llamo “terreno resbaladizo” al nepotismo. Lo califico de esa manera por dos razones principales: no es muy del agrado del respetable, que de inmediato encuentra motivos de sospecha, y sus eventuales derrotas son de doble costo: pierde el pariente y también el promotor, aunque no haya estado en la boleta. Los fracasos hijos del nepotismo duelen horrible y saben peor.

La liberación del abusivo sujeto conocido como “El Tiburón” que golpeó salvajemente a un jovencito que nada le había hecho, puede estar ajustada a la legalidad, pero qué mal sabor de boca deja entre la gente. Es uno de esos casos justificados teóricamente en el interés de la víctima, con la tesis simplificada de que quienes han sufrido el daño nada ganan con que el victimario permanezca en la cárcel, mientras que con un acuerdo reparatorio obtienen dinero en montos que los satisfagan. La pregunta sin respuesta es si nuestra ciudad es hoy más segura con este bestial sujeto en sus calles que los escasos meses que estuvo en prisión.

Nuestros diputados que llevan meses “analizando” la iniciativa para dotar de autonomía presupuestal a las instituciones potosinas de educación superior, incluida la UASLP, harían bien en revisar el acuerdo alcanzado entre el gobierno del estado de Jalisco y la Universidad de Guadalajara para dotar a ésta de un subsidio fijo como porcentaje del presupuesto público general. Ricardo Gallardo tiene con el caso local la oportunidad de ofrecer su primer gesto de estadista. Ya lo vimos de ponedor de huevitos, de gastalón, de organizador de espectáculos, de modelo de trajes charros carísimos; de seductor de alcaldes, legisladores y vagos opositores, de amenazador permanente de sus antecesores y de hablante de gran velocidad/pensante lento. ¿Qué le cuesta?

Ahora sí por asueto, estaremos ausentes un par de semanas. A todos, nuestros mejores deseos en estas gélidas fiestas decembrinas.