Reflexión Post Olímpica
Han terminado los XXXII Juegos Olímpicos de Verano, en una Ciudad futurista que mostró al mundo su mejor rostro y el como sí se pueden hacer grandes eventos, a partir del orden, la disciplina y mucha imaginación. Japón ha pasado con creces la prueba y entregó la estafeta a París, la Ciudad Luz, la emblemática Francia que tendrá el enorme reto en 2024 de presentar un rostro incluyente, diverso, pero sobre todo multicultural en el corazón de una Europa que necesariamente deberá lucir vanguardista y superar de una vez por todas el lastre de la discriminación. En el caso de los atletas mexicanos, esta vez las medallas fueron pocas, de bronce todas, a ellos, a todos los atletas absolutamente nada que reporcharles, el acudir al certamen olímpico gracias a su esfuerzo personal, los convierte per se en ganadores, ganadores en un país donde el deporte y la cultura física no es una prioridad.
La reflexión post olímpica estimado lector, es y debe ser de reclamo, de indignación, dirigida no sólo a este gobierno federal, sino a todos los anteriores, porque a cualquier deportista de alto rendimiento que Usted le pregunte -conozco algunos- coincidirán en su respuesta respecto al poco apoyo gubernamental que reciben en y durante su preparación, sobre todo en aquellos deportes que no generan ingresos comerciales. La gran mayoría de nuestros medallistas olímpicos lo han logrado por un mérito propio, pagando entrenadores, fogueándose en el extranjero a su costa, ante la ausencia de apoyos serios para esos deportes.
Ahora que miles de niños mexicanos pudieron observar algunas de las disciplinas como: natación, canotaje, clavados, atletismo, equitación, esgrima, balonmano, gimnasia, tiro con arco, ¿cuántos de ellos quisieran emular a esos atletas? ¿dónde podrían practicar? ¿quién los podría entrenar? Niñas y niños mexicanos que en sus espacios educativos carecen de mucho, el soñar con unos Juegos Olímpicos se quedará en eso, en un sueño.
A México le urge una política pública de largo aliento incluso trasexenal en materia de cultura física y deporte, la corta visión de los gobiernos ha dado pocos resultados y legítimos reclamos; es indudable que en este maravilloso país hay talento, niños y jovenes con la ilusión de convertirse en atletas de alto rendimiento pero su esfuerzo necesita de ese apoyo del gobierno de su país, que no sólo se traduce en construir canchas (casi todas de basket) en las colonias, o tener una hora diaria de acondicionamiento físico en las escuelas públicas donde en casi todas sólo se ve a los niños correr sin ningún orden.
Aparejado al fracaso en el tema deportivo, hay otra grave consecuencia también en sanidad pública: el problema de la obesidad infantil generada precisamente por la pésima aplicación de una cultura física.
Así, el sueño de acudir a unos juegos olímpicos, -desde la óptica de los derechos- para quienes lo consiguen se convierte en un privilegio, en un país donde las oportunidades no alcanzan casi para nadie en ese aspecto y en otros varios, donde la prioridad de miles de niños que tienen ese sueño, su prioirdad esta mañana será el poder tan sólo desayunar, -por eso insisto-, urge diseñar e implementar una política pública nacional en materia de deporte, ¿conoce Usted la actual?, que vaya más allá de los colores de los gobiernos, los ejemplos y modelos exitosos estuvieron a la vista en estas olimpiadas, aprendamos de las naciones que lo han logrado, pero sobre todo impulsemos el sueño de esas niñas y niños en quienes luego de estas olimpiadas nació en ellos el sueño de representar a nuestro querido México.
Hasta el próximo lunes.



