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Reino Unido y Estados Unidos a través del espejo

Por Arturo Sarukhán

Agosto 03, 2022 03:00 a.m.

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Este verano en Gran Bretaña me tocó escuchar incesantes comparaciones entre la caída de Boris Johnson, que ocurrió durante los días en los que me encontraba en Londres, y las audiencias en curso en el Congreso de Estados Unidos acerca de los actos sediciosos de su alma gemela en Washington. Y sin duda el paralelismo con la tragicomedia y las baladronadas de su ex homólogo al otro lado del Atlántico, Donald Trump, y entre dos países con vasos comunicantes que siempre se ven de reojo en el espejo, se cuenta solo. Las similitudes son numerosas. Con una tendencia a la prevaricación, mal cabello, una buena barriga y la sordidez, ambos abrevaron del mismo caldero de la demagogia, apoyados por chovinistas y nacionalistas, y cuya llegada al poder fue vista como funcional para los intereses del Kremlin. Al igual que la debacle de la gestión incendiaria de Trump, los tres años de Johnson en el cargo difícilmente podrían caracterizarse como un éxito. Y del mismo modo que ocurrió con Joe Biden en 2021, quien quiera que suceda a Johnson este septiembre heredará un país más dividido y polarizado, más ensimismado ante el mundo y más débil, especialmente en lo económico, con una potencial recesión en puerta y elevadísimas tasas de inflación.

Sin embargo, si bien en décadas recientes hay patrones y movimientos políticos e ideológicos que se replican (Reagan y Thatcher, Clinton y Blair, Trump y Johnson) a ambos lados del espejo ante el cual se posan las dos naciones, también existen factores —además del idioma, como apuntó con ironía George Bernard Shaw— que separan a británicos y estadounidenses.

Abordo aquí solo uno de ellos. Cada vez que el Reino Unido emerge de un periodo de turbulencia política, surgen llamados para que el país codifique una constitución en un documento único e inteligible como el que posee Estados Unidos. Pero aquí radica quizá un secreto, y una gran diferencia entre ambas naciones: los británicos no escapan a sus diversas crisis políticas a pesar de no poseer una codificación única de reglas y leyes; escapan a estas crisis gracias a ello. Gran Bretaña no necesitaba un conjunto de leyes escritas para deshacerse de Johnson. Aunque obtuvo el poder con la mayoría conservadora más abultada desde 1987, perdió el poder en tres años porque la mayor parte del parlamento decidió que ya no era apto para el cargo. La constitución escrita de Estados Unidos no logró deshacerse de Trump a pesar de que éste enfrentó dos juicios políticos consecutivos porque trató de chantajear de manera facciosa a Ucrania y luego incitó una intentona de insurrección y golpe de Estado. ¿Qué sistema ha demostrado realmente ser más adaptable: el británico o el estadounidense? Hoy en día, la Constitución de EU es venerada casi como un texto sagrado y momificado. Fue necesaria una guerra civil para introducir la Decimotercera Enmienda, que prohibió la esclavitud. Hoy, a pesar de otra ola de violentos ataques con armas de asalto, su Segunda Enmienda parece irreformable, y un sistema electoral concebido en el siglo XVIII hoy plasma, a través del Colegio Electoral, el poder la minoría de la población del país. Y en cuanto a Trump y a los Republicanos se refiere, la gran pregunta que la defenestración de Johnson abrió aquí es si ahora del lado estadounidense del espejo toca que se replique el rechazo por buena parte de la derecha del país a la demagogia, bufonería y patanería.

(Consultor internacional)